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| Regiones indígenas de México |
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| Domingo, 08 de Febrero de 2009 18:00 | |||||||||||
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Definición de las regiones indígenas de México. Apuntes Metodológicos. La definición de los límites —al menos probables— de lo que hoy en día constituyen las regiones indígenas de México no es tarea fácil debido a la compleja e intensa dinámica que caracteriza a los propios pueblos indígenas, la diversidad de grupos etnolingüísticos y sus variantes lingüísticas, sus volúmenes de población, patrones de asentamiento, modos de vida y formas de relación —la mayoría de las veces subordinada y discriminatoria— con el resto de la sociedad nacional. Este último factor, asociado a la apropiación de sus territorios por los grupos sociales dominantes, al mestizaje y al paulatino proceso de abandono de sus lenguas y, en cierta medida, de sus identidades y culturas desde el siglo XVI, ha tenido como resultado una extensa y compleja gama de dinámicas que dificultan la definición precisa de los territorios indígenas.
El término región hace referencia al espacio en el que se integran aquellos elementos que pertenecen a un nivel más pequeño —municipios o localidades—, que se encuentran dentro de una entidad mayor a través de la red de relaciones diversas que se establecen entre ellas. Ésta, a su vez, se distingue, al menos hipotéticamente, de otras unidades regionales con las que puede o no mantener determinadas formas de contacto. En general, existen dos grandes conglomerados de trabajos que aluden al concepto y a la definición de las regiones: por un lado, los de tipo académico y, por otro, los dirigidos a la planeación del desarrollo. El primero reconoce la existencia de la región por sí misma, identifica límites, composición y todos aquellos elementos específicos sobre la temática tratada, y en su delimitación no se consideran los límites municipales. El segundo grupo de trabajos orientados a la planeación del desarrollo, se refiere a la región como una unidad de acción de políticas y programas de gobierno, y tradicionalmente se define por un conjunto de municipios. Por otra parte, los principales elementos que se toman en cuenta para la configuración de una región también son dos: el de la población o demográfico y el espacial o territorial. Los criterios asumidos como prioritarios para definir los límites regionales se derivan de la participación de la población en los procesos económicos, para lo cual normalmente se deben identificar los diferentes tipos de actividades que desarrollan los seres humanos para subsistir —producción, intercambio y consumo—, así como los geográficos y ecológicos. Cabe señalar que la integración de una región no depende sólo de la distribución, el tipo y la intensidad de las actividades productivas, en términos del peso de los fenómenos y dinámicas demográficas en su configuración, sino de la relación entre la dispersión y la concentración de los asentamientos humanos; fenómenos comúnmente asociados a aspectos económicos, culturales y sociales. En este sentido, los patrones de asentamiento de la población indígena no sólo responden a procesos económicos, sino también a otros de carácter histórico, geográfico y cultural, lo que explica la dispersión de sus localidades, cuyo análisis a través de los cortes generalmente usados para distinguir lo rural y lo urbano son a todas luces insuficientes. Baste mencionar que entre los pueblos indígenas que habitan en el Gran Nayar y en la Sierra Tarahumara, predominan patrones de asentamiento de enorme dispersión, vinculados a sus particulares sistemas cosmológicos y de creencias, aunadas a las condiciones de carácter geográfico imperante, por lo que la mayoría de su población habita en localidades menores a 100 habitantes. La población se convierte entonces en uno de los elementos imprescindibles en el análisis regional, según las tendencias de sus fenómenos, como serían la fecundidad, la mortalidad y la migración. La interrelación de estos fenómenos con los factores económicos, sociales y culturales, entre otros, son los que dan lugar a la dinámica de una región.
Además, es importante anotar que en toda regionalización su construcción requiere partir del supuesto de la presencia de ciertos elementos de carácter homogéneo que le otorgan continuidad, y de ninguna manera constituye una entidad total, cerrada y uniforme. Por el contrario, es necesario reconocer que, independientemente de las motivaciones y objetivos presentes en la definición de las regiones indígenas revisadas, y en la medida en que lo que se busca es identificar y establecer parámetros de fenómenos y características que prevalecen a través de redes de relaciones, éstas son heterogéneas a su interior. Y es precisamente esta heterogeneidad la que permite que tanto en el espacio como en el tiempo, pero sobre todo entre los grupos sociales y las personas que en ellas viven o llevan a cabo sus actividades, sea posible la permanencia de ciertas formas de vida, intercambios, culturas y economías, cuyas relaciones dan lugar a la dinámica que les otorgan el carácter de región. En el caso de Regiones indígenas de México es importante señalar que teóricamente se partió del concepto de “región cultural”, con la finalidad de identificar aquellos elementos y procesos hasta cierto punto comunes o paralelos entre las diferentes regiones indígenas de México, lo cual se ha tratado de aprehender a través de la caracterización de la diversidad etnolingüística y la distribución de los pueblos indígenas en el territorio nacional. Por ello, es necesario ubicar dichos territorios donde las comunidades indígenas, en su mayoría vinculadas con población mestiza, realizan los procesos que permiten su reproducción, generando una dinámica económica, social y cultural que resulta particular. En general se reconoce la existencia de las regiones indígenas, ligado a la distribución espacial de los pueblos indígenas identificados por las lenguas y el reconocimiento generalizado de los diferentes pueblos con elementos distintivos, como son Los Altos de Chiapas, la Sierra Tarahumara, las Mixtecas, el Gran Nayar o las Huastecas, entre otras. Es por ello que la mayor parte de las propuestas de delimitación de estas regiones se hayan basado en la distribución espacial de la población indígena, y las diferencias que presentan entre sí se deben a las dificultades de aplicar el criterio de hablantes de lenguas indígenas casi de manera exclusiva para determinar el carácter indígena. En este sentido, existen acuerdos sobre la importancia de incluir, además del criterio lingüístico, otros elementos como son las formas de organización social, la pertenencia a una comunidad indígena, el origen y la historia, así como las identidades que se asumen de forma individual o colectiva. Sin embargo, uno de los problemas que se presentan al tratar de incorporar consideraciones como las anteriores, es la falta de información precisa para establecer criterios generales, debido, entre muchas otras razones, a las dificultades implícitas en las posibilidades de traducir muchos de los conceptos de carácter identitario, histórico o cultural en indicadores mesurables que, además, permitan la construcción de perspectivas comparativas entre las diferentes regiones indígenas de México.
Cabe aclarar que estas alternativas también deben ser utilizadas con cuidado, ya que en ocasiones pueden provocar problemas de comparación entre diferentes fuentes de información, así como inconsistencias y falta de precisión en el manejo de la información a los distintos niveles de desagregación disponibles. En conclusión, la complejidad teórica y metodológica presente en las discusiones y los resultados de las diversas regionalizaciones propuestas hasta ahora, resulta aún más difícil de reflejar en términos de los universos empíricos disponibles y que es posible utilizar, sobre todo en la medida en que, al menos para este caso, es imprescindible considerar la diversidad étnica representada por los distintos grupos etnolingüísticos que viven en el país. Por este motivo, y en función de los objetivos particulares que se mencionan más adelante, esta propuesta se sustenta en las unidades de análisis más generales, pero a la vez de mayor complejidad: la población, sus identidades étnicas y culturales y los territorios en que han habitado, que en conjunto significan su supervivencia como pueblos con historias comunes, paralelas, distintas o confrontadas entre sí. Por ello, este primer ejercicio, más que una regionalización definitiva y estática, constituye un primer paso con una finalidad concreta, el cual requerirá identificar líneas de investigación específicas para cada una de las regiones consideradas en este trabajo.
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| Última actualización el Miércoles, 18 de Febrero de 2009 12:28 | |||||||||||