CDI. Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. México
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Los hogares y la población indígena Imprimir E-mail
Lunes, 12 de Enero de 2009 18:00
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Las familias y los hogares son las instituciones socioeconómicas fundamentales de la sociedad. La principal función social de la familia es la reproducción, el cuidado y la socialización básica de los niños, y es principalmente a través de la ella que se apoya a los enfermos y a los ancianos. En este entorno se reproduce el sistema social en su conjunto. El papel del hogar es también central dentro del sistema económico, ya que estas unidades son generalmente el lugar donde se toman las decisiones acerca del consumo, producción, participación en la fuerza de trabajo, ahorros y formación del capital. La familia, de hecho, es la entidad mediadora en los procesos reproductivos para las sociedades humanas.[12] 

Así como la lengua permite que las personas participen de una cultura y de toda la gama de significados expresados mediante el idioma común, de igual forma a través del hogar se comparte un espacio de vida y se trasmiten de una generación a otra todos los significados y símbolos asociados con la indumentaria, la alimentación, los valores y las normas de comportamiento, las costumbres y hasta una lógica económica que forma parte del modo de vida. La residencia común entre los indígenas se establece, como en muchas otras sociedades, a partir de los lazos de parentesco, y es en la vida cotidiana donde surgen y se desarrollan sentimientos de afectividad y los complejos sistemas de identidades individuales y colectivas.

La conjunción de las experiencias cotidianas y las afectividades (positivas y negativas compartidas) permite suponer que dentro de un hogar donde las generaciones encargadas de establecer y trasmitir ciertos valores, normas y costumbres (padres y abuelos presentes en el hogar) son personas indígenas o una de ellas es indígena, las generaciones más jóvenes comparten y asumen como propias ciertas características de la cultura indígena. Si bien no todas las características sociales y culturales de las generaciones precedentes se trasmiten a los descendientes, es de esperarse que existan ciertos códigos simbólicos (lingüísticos o no), prácticas, costumbres, valores e identidades “heredadas”. Es precisamente a partir de estas consideraciones que se puede definir un hogar como indígena y extender las características captadas por el censo para individuos a todos los integrantes de un hogar.

Con base en estas reflexiones y aun a pesar de las restricciones previstas, se definió como indígenas solo a los miembros de los hogares donde las personas con características indígenas tienen un lazo de parentesco determinante en la decisión del estilo de vida y la transmisión intergeneracional de la socialización, es decir el jefe, el cónyuge y los padres de éstos. Así, los hogares indígenas se restringen a aquellos donde el jefe y/o el cónyuge y/o padre o madre del jefe y/o suegro o suegra del jefe [13]  hablan lengua indígena, y también a aquellos que declararon pertenecer a un grupo indígena: estos hogares están habitados por 11 798 290 personas. Cabe mencionar que en esta estimación todos los miembros de estos hogares, sean hablantes o no, pertenecientes o no, se consideran indígenas. Así, la estimación de la población indígena para todo el país y aun por entidad federativa se ha realizado tomando en consideración tanto el habla de lengua como la pertenencia indígena.

Para las estimaciones con desagregación municipal y por localidad nos limitaremos a las respuestas sobre el habla de lengua indígena.

En síntesis se dispone de dos estimaciones para la población indígena. La primera se refiere a la estimación de la población indígena nacional y para cada una de las 32 entidades federativas, construida mediante la pregunta de lengua hablada incluida en el cuestionario básico y de la pregunta de pertenencia a un grupo indígena incluida en el cuestionario de la muestra de viviendas del propio censo. La segunda estimación incluye únicamente a la población en hogares indígenas, a partir de la pregunta tradicional sobre la condición de habla de alguna lengua indígena y el tipo de lengua.

Entre los sesgos que afectan la captación de la población que habla lengua indígena se destacan tres aspectos principales:

a) La inhibición de los informantes para declarar el habla de lengua indígena, sobre todo en ámbitos no indígenas, donde el serlo puede considerarse un estigma debido a los graves problemas de discriminación que prevalecen en el país;

b) La “iniciativa” de los entrevistadores para no preguntar sobre el habla de lengua indígena, cuando a su juicio no se imaginan que en la localidad o la vivienda censada pueda residir un indígena, o que la persona entrevistada no tiene “aspecto indígena”, situaciones que se presentan sobre todo en ámbitos urbanos;

c) Adicionalmente, la pregunta no capta las sutilezas entre hablar, dominar o solamente entender una lengua. Esto podría conducir a una subestimación de la población indígena reconstruida por medio de la lengua, ya que entre las generaciones más recientes hay una continua pérdida de la misma aun cuando es muy probable que entiendan muchas de las palabras y, sobre todo, la red de significaciones que constituye su cultura.

A estos sesgos hay que añadir la omisión y no inclusión de muchas localidades indígenas, debidas a los problemas de accesibilidad. Como sabemos, existe una enorme dispersión de localidades y población indígenas, por lo que una buena proporción de ellas carece de caminos, puentes y carreteras, amén de escuelas, clínicas y otros servicios. También hay que tomar en cuenta las omisiones debido al momento del año en que se realiza el levantamiento censal. Muchos indígenas migran periódicamente en busca de trabajo a las ciudades, a los campos agrícolas e incluso a Estados Unidos de América y Canadá. Además algunos grupos, sobre todo los del norte del país, mantienen una condición binacional, por lo que es muy probable que estén del otro lado de la frontera en la época en que se levanta el censo. A pesar de estos inconvenientes es importante reconocer que la información arrojada por los censos es un reflejo bastante cercano a la realidad en términos macro, así como que se requiere impulsar un mayor y mejor uso de sus resultados y, en general, del desarrollo de una verdadera cultura de la información.

A esto responde que el INI, en colaboración con el Conapo, procesara una base de datos proporcionada por INEGI con la información de más de 12 millones de registros a nivel municipal, de la población en hogares con al menos un hablante de lengua indígena y la población indígena en otro tipo de hogares. El resultado de este proceso arrojó un total de 10 253 627 personas, de las cuales 4 209 080 no hablan la lengua pero viven y guardan alguna relación de parentesco con el jefe, el cónyuge o algún ancestro indígenas, mientras que 6 040 547 personas hablan alguna lengua indígena, aunque no todas habitan en hogares indígenas ya que son hablantes (HLI) que viven fuera de hogares indígenas o en viviendas colectivas.

Es importante aclarar que es para este universo que se construyeron los indicadores que a continuación se presentan; aunque falta un importante número de indígenas que forman parte del cálculo global del Conapo la información presentada permite, por primera vez, construir indicadores socioeconómicos específicos y concretos sobre la población indígena en su conjunto y analizar sus características en función de diferentes aproximaciones: tipo de municipios según condición étnica, tamaño de las localidades, lenguas indígenas o grupo etnolingüístico. Así, este universo compuesto por personas que forman parte de un hogar en donde alguno de los miembros de las generaciones de origen habla alguna lengua indígena, pueden hablarla o no ellos mismos. De allí que el objetivo primero sea conocer las características socioeconómicas y demográficas de la población indígena, lo cual no es posible por otras aproximaciones y cálculos, más que contar con una estimación demográfica.

Precisamente una de las virtudes del criterio de hogares es que incorpora a aquella población que comparte normas, valores y costumbres comunitarias que definen a la población como indígena, a pesar de haber dejado de usar o no haber aprendido la lengua de sus ancestros. Así logramos entender la etnicidad y sus relaciones con las identidades desde una perspectiva dinámica. El volumen y estructura de la población indígena, reconstruida a partir de individuos que hablan lengua indígena, no se puede entender atendiendo sólo a variaciones en los fenómenos demográficos o a cambios en los instrumentos de captación; es necesario tomar en cuenta las variaciones en la identidad étnica de la población y ésta tiene lugar precisamente en el ámbito doméstico.[14]  Como muchos otros criterios analíticos, el “habla de lengua indígena” puede variar en el tiempo, aun respecto a un mismo individuo; una misma persona puede declararse como hablante de lengua indígena en un censo y como no hablante en el siguiente, e incluso un nieto de indígenas puede siendo ya adulto, aprender la lengua de sus abuelos.

A nivel nacional 41% de la población cuyo padre, madre o abuelos hablan alguna lengua indígena, no aprendió dicha lengua, no la usa o declaró no hablarla; cabe mencionar que esta proporción cambia sustantivamente entre las diferentes entidades federativas y municipios, sobre todo de acuerdo con las características de los lugares donde viven, como los tamaños de las localidades y los centros urbanos. Además, se observan diferencias muy importantes entre los distintos grupos de hablantes, diferencias que dan cuenta del desuso y la pérdida de las lenguas indígenas.

Por otro lado, más que buscar definir una estimación de la población indígena como un volumen, el interés es analizar su distribución en el territorio nacional para acercarnos un poco a la identificación de algunos límites de las regiones indígenas. La manera en que éstas han sido definidas hasta antes de la estimación que nos ocupa constituye un problema porque no hace visibles a “todos” los indígenas. La definición de las regiones indígenas más usada por investigadores y también instituciones como la Secretaría de Salud, Conapo o Sedesol, entre otras, califica como municipio indígena a todo aquel con una proporción de hablantes mayor al 40%, aun cuando en estos municipios viva sólo el 60.4% de la población hablante de lengua indígena (HLI), y el 28% de sus habitantes no sean HLI (cuadro 1).

Distribución de la población de cinco años y más que habla lengua indígena
Cuadro 1. Distribución de la población de cinco años y más que habla lengua indígena (HLI), las localidades y la población en localidades con más del 30% de HLI, según la proporción de hablantes a nivel municipal, México, 2000

Esta clasificación implica no considerar a casi el 40% de la población indígena que vive en municipios en donde su representación en términos demográficos es proporcionalmente minoritaria, lo cual dificulta la definición de los lugares en donde se encuentran y la forma en que se les puede ofrecer atención, respetando el derecho a la diversidad de casi 2.4 millones de HLI. Esto sin considerar a aquellos grupos que son indígenas pero que ya no hablan ninguna lengua de origen prehispánico. Cabe mencionar que si el criterio de clasificación disminuye la exigencia de la proporcionalidad para elegir a aquellos municipios con 30% o más de HLI el problema no se resuelve, ya que los municipios que se agregan incorporan 347 mil hablantes que representan solo el 6% del total de HLI a nivel nacional, y aún restan 2.05 millones de indígenas que viven en municipios en donde proporcionalmente son minoría.

Una solución que de manera operativa realizó el INI para efecto de las necesidades del trabajo institucional, ha sido definir a las localidades con más del 30% de HLI como universo de interés. Este criterio permite centrar la atención en un universo que ha sido más específico pero exige nuevas estrategias, dada la dispersión de estas localidades en las que viven 4.4 millones de hablantes; casi 4 000 de ellas se encuentran en municipios con menos del 30% de HLI, y en ellas viven poco menos de 649 mil HLI. En esos mismos municipios, pero en localidades con menos del 30% de HLI, viven más de millón y medio de indígenas, población que, bajo estos criterios, no es considerada.


12 Hugo Zémelman, “Problemas en la explicación del comportamiento reproductivo (sobre las mediaciones)”, en W. Mertens, A. Przeworky y H. Zémelman. Reflexiones teórico-metodológicas sobre investigación en población, El Colegio de México, México, 1982, pp.103-150; Mario Millones y Enrique Serrano, “Population studies, reproductive behavior and family composition. Some theoretical considerations”, en International Journal of anthropology, vol. 11, april-december 1996, N. 2-4.
13 En adelante denominados como “jefe/cónyuge/ascendentes”, para facilitar el texto.
14 El análisis de la propuesta de hogares forma parte de los trabajos para la elaboración de la tesis de doctorado de Patricia Fernández Ham.

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Última actualización el Martes, 13 de Enero de 2009 07:55
 
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