CDI. Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. México
Facebook Twitter YouTube RSS
 
INICIO INDICADORES Y ESTADÍSTICAS Los Indicadores - Indicadores socioeconómicos.
Los Indicadores - Indicadores socioeconómicos. Imprimir E-mail
Lunes, 12 de Enero de 2009 18:00
AddThis Social Bookmark Button

... ningún hecho es ya histórico por ser causa. Llegará a serlo póstumamente
a través de datos que muy bien pueden estar separados de él por milenios.

Walter Benjamin, Tesis de la filosofía de la historia

Al inicio de este milenio nuestro país tiene múltiples retos y entre los más agudos se encuentran los compromisos que como nación tiene con sus habitantes, independientemente de su edad, sexo, origen y pertenencia cultural o étnica. Sin duda el reconocimiento a nivel constitucional del carácter pluricultural de la nación mexicana fue, hacia el final del siglo pasado, uno de los más importantes avances. Entre otros, dio cuerpo y significado pleno a la presencia viva de la población indígena como heredera de las civilizaciones prehispánicas que tanto han enorgullecido al país y que había sido relegada.

No obstante aún existen interrogantes de diversa índole respecto a los pueblos indígenas de México, incluso en términos del número de grupos y lenguas que subsisten, del tamaño de la población de cada uno de ellos, así como del tipo y número de municipios y localidades en que se distribuyen a lo largo del territorio nacional. Así, esta dinámica involucra no sólo a los indígenas que viven en las regiones tradicionales, sino también a todos aquellos que viven en asentamientos donde representan una minoría y que son resultado de la intensa dinámica migratoria y de cambio social que ha tenido lugar en los últimos años. Para algunos periodos históricos el problema del tamaño de la población indígena es de muy difícil solución y los valiosos trabajos realizados han logrado aportar solo valores globales con márgenes de error, como es el caso de aquellas del siglo xvi y horizontes más tempranos. Nunca sabremos con certeza el tamaño de la población en la cuenca de México, en lo que hoy es el territorio nacional o para el continente americano en el momento de la llegada de los conquistadores. Además es muy difícil establecer con claridad las distinciones étnicas existentes en aquél entonces entre las diferentes unidades políticas y territoriales, como eran los señoríos y reinos, debido a que no necesariamente los conceptos a través de los cuales hoy se identifica la diversidad étnica en México —grupos étnicos, grupos etnolingüísticos, pueblos indígenas, etcétera— corresponden con las realidades de los sistemas de organización política, social, cultural o económica de los pueblos del México prehispánico. Estos conceptos se ajustan con dificultad a la diversidad étnica actualmente observada, la cual rebasa a los descendientes de los pueblos amerindios para incluir a otros grupos con diferentes orígenes étnicos, como son afroamericanos, orientales, judíos, menonitas, árabes y otros más, producto de migraciones recientes.

Sin embargo hoy deben ofrecerse algunas respuestas a estas preguntas que son un reto ineludible, por lo que nuestros esfuerzos deben dirigirse a abordarlas y resolverlas conjuntamente tanto en términos académicos como institucionales. Para ello se requiere que quienes participen en esta tarea se comprometan y dispongan a escuchar y aprender nuevas perspectivas, conceptos y experiencias aportadas tanto por las diferentes disciplinas científicas involucradas —demografía, antropología, etnología, lingüística, entre otras—, como por parte de los responsables de la planeación gubernamental y de la operación de programas.

Así, la pregunta sobre el tamaño de la población indígena en el país necesariamente debe partir de establecer mayor claridad conceptual sobre, al menos, dos líneas generales, a saber: quiénes son aquellos a los que se llama indígenas, por un lado y, por otro, la manera en que pueden reconocerse las diferencias entre los propios indígenas referidas a las distinciones de carácter étnico, lingüístico y regional. Estas diferencias entre los distintos grupos etnolingüísticos comprenden la lengua y sus variantes dialectales, pero además, muchos otros elementos que pertenecen al ámbito de los símbolos de las civilizaciones prehispánicas y sus variaciones étnicas, culturales o lingüísticas. Diferencias que son el resultado de las heterogéneas condiciones que han enfrentado los diversos pueblos y regiones indígenas en el país en el curso de la historia, la suya propia, la de sus regiones y la de México en su conjunto.

De esta forma las preguntas sobre los territorios en donde vive la población indígena, su tamaño, sus características demográficas, étnicas y culturales, sus condiciones de vida y los niveles que prevalecen entre los principales indicadores socioeconómicos, deben partir de una definición conceptualmente sólida que incorpore al conjunto de la diversidad indígena en México. A la vez deben permitir su concreción empírica para cubrir las necesidades operativas y prácticas que requieren las acciones institucionales. Basta mencionar que el desarrollo de un adecuado marco conceptual para la definición de los indígenas es necesario no sólo para la investigación cualitativa o cuantitativa, sino de manera muy importante para la definición de aquellos que son sujetos de derecho en las legislaciones locales, estatales, nacionales e incluso internacionales sobre asuntos vinculados con las etnicidades.

Cobra importancia la pregunta sobre quiénes son los indígenas en la medida en que sus antepasados fueron los responsables y creadores de muchos de los valores materiales y simbólicos que tanto nos enorgullecen y que han servido para conformar buena parte de nuestra identidad como nación. Su definición debe permitir asignarles el lugar que les corresponde como parte de la nación mexicana, respetando su derecho a conservar culturas, lenguas y costumbres distintas, sin menoscabo de los derechos humanos e individuales, entre los cuales se encuentran los beneficios del bienestar y del desarrollo. Así, la cuestión sobre la cuantificación de la población que pertenece a los distintos pueblos indígenas es de vital importancia, por lo que debemos avanzar con todo nuestro esfuerzo, si no en la solución, sí en otorgar su justa dimensión al problema de su volumen y su distribución. Solo así estaremos en condiciones de conocer con mayor precisión muchos de los indicadores sociodemográficos que la definición de políticas sociales y la planeación del desarrollo exige.

No obstante, antes de entrar de lleno en el tema del tamaño y distribución de la población indígena es importante comentar que la definición precisa de quiénes son los indígenas no es nada sencilla. Ello se debe a que como descendientes de pueblos conquistados no solo fueron sometidos a una reorganización étnica y social; también participaron en el proceso de mestizaje cultural y biológico iniciado desde el siglo xvi. Lo indígena, con toda la fuerza de su diversidad, forma un gradiente continuo entre la población mexicana que involucra, en diferentes niveles, aspectos biológicos, lingüísticos, culturales y étnicos a partir de situaciones históricas concretas. A ello responde el que casi el 60% de la población de Yucatán sea indígena; o en contraste, la casi desaparición de poblaciones originarias o al menos de hablantes indígenas en estados como Colima o Zacatecas; las poblaciones indígenas casi extintas en algunos estados, como los kikapúes de Coahuila, los cucapá, kumiai, cochimí o paipai de Baja California, los seris de Sonora o los mexicaneros de Jalisco, de los que quedan apenas unas decenas de hablantes o para quienes la lengua ha dejado de jugar un papel predominante. En todos estos casos se ha observado un proceso de desuso de las lenguas entre la población indígena estimada por el Instituto Nacional Indigenista y el Consejo Nacional de Población y que de hecho constituye una de las bases de este trabajo, como veremos más adelante. No obstante, la presencia de más de 62 lenguas y sus variantes da cuenta de la vigencia que lo indígena tiene en la vida nacional.

Los indígenas en los censos: el criterio lingüístico

Desde el inicio de los censos formales en el país en 1895 la lengua ha sido el principal criterio utilizado para identificar a la población indígena. Si bien el criterio lingüístico como marcador de la etnicidad puede ser insuficiente, la lengua es uno de los elementos de la identidad indígena que permiten una adscripción un poco más precisa. Otros elementos o rasgos culturales o bien son demasiado subjetivos y es difícil delimitar y cuantificar la pertenencia etnolingüística de las personas, o están sujetos a una dinámica de cambio social cotidiano que difícilmente refleja el sentido de pertenencia e identidad.

Es importante que mediante el idioma comparten una particular manera de aprehender y nombrar al mundo y a ellos mismos, por lo que es un componente básico de la identidad de los pueblos y de las personas.[1]  Por otro lado, el resultado de este criterio, ya sea en censos o encuestas, debe ser considerado en su justa dimensión, en la medida en que a partir de él es posible construir indicadores sobre la diversidad étnica de México. Es importante mantener en todo momento la debida claridad sobre sus alcances y limitaciones, tanto a partir de los instrumentos desde los que se genera la información, como de su papel en tanto indicador de las etnicidades.

En este sentido, una de las virtudes de los datos construidos a partir de los hablantes de lenguas indígenas es que, además de contar con más de cien años de registros censales, mantienen una regularidad que permite reconstruir perspectivas tanto nacionales y estatales como municipales y locales medianamente uniformes. Sin embargo también presenta las limitaciones de todo ejercicio transversal, ya que por su magnitud requiere precisión del instrumento del que proviene, sean censos o encuestas. Es esta precisión la que debe ser evaluada a efecto de contar con una aproximación más real sobre los posibles márgenes de error en los ejercicios censales o en las encuestas. Dado su diseño muestral y su representatividad en los niveles nacional, estatal, regional y, sobre todo municipal, las encuestas nacionales que han considerado a la población indígena solo permiten analizar los resultados en función de las diferencias entre indígenas y no indígenas; la única manera de aproximarse es mediante cortes sobre los municipios con determinado porcentaje de población indígena.[2] 

Parte de la importancia de la información que se presenta en este trabajo es que puede ser tratada tanto por la vía estatal, regional y municipal, e incluso a través del ámbito de la localidad, como por las diferentes lenguas registradas por el Censo. Permite además realizar una cierta evaluación de la información censal y construir hipótesis de trabajo que pueden ser corroboradas o refutadas a partir de la búsqueda de fenómenos explicativos, pero también de investigación de campo.[3]

Al final de cuentas ha sido con base en los resultados censales, construidos por medio de la lengua, que se han podido generar indicadores para construir estimaciones más precisas sobre la población indígena, las cuales a su vez facilitan la realización de un análisis detallado de su distribución territorial. A partir de estas fuentes de información han elaborado indicadores diversas instituciones e investigadores, antecedentes inmediatos de este trabajo; en ellos se ofrece un panorama general sobre la población indígena, sus características generales y sus condiciones de vida. Tal es el caso de los indicadores de marginación elaborados por el Conapo para 1980, 1990, 1995 y 2000, o la población indígena estimada y

los indicadores socioeconómicos de los pueblos indígenas de México que realizó el INI en 1993, así como el proyecto Estado del Desarrollo Económico y Social de los Pueblos Indígenas de México que se llevó a cabo entre el INI y el PNUD del cual es continuación el proyecto que, con el apoyo de ambas instituciones, permitió la elaboración de este trabajo.

Las estimaciones de la población indígena

Como se comentó antes, difícilmente podremos saber con certeza el tamaño de las poblaciones americanas a principios del siglo xvi, debido a la falta de recuentos demográficos previos al siglo xvii y, por tanto, de bases sólidas que documenten las cifras. Pero otra razón que no puede desdeñarse es que en los datos ofrecidos se involucran aspectos ideológicos y pasionales que buscan culpables y víctimas. Seguramente la guerra de conquista fue una de las causas principales de la mortandad durante el primer siglo de la Colonia, pero cada vez se acepta más el papel que desempeñaron enfermedades como la viruela, para las cuales las poblaciones amerindias no tenían defensas. Y si bien no sabemos a ciencia cierta la magnitud de esta catástrofe demográfica, existen suficientes evidencias para afirmar que durante el primer siglo de conquista y colonización murió alrededor del 90% de la población indígena [4]  por el esclavismo y exceso de trabajo, pero principalmente por enfermedades.

Durante los tres siglos que duró la Colonia y en forma más intensa durante el siglo xx, tuvo lugar un crecimiento de otros grupos sociales y poblacionales que hoy día constituyen la mayoría nacional. El proceso de “desindianización” —iniciado inmediatamente después de la conquista, pero intensificado a partir de la Independencia, la Reforma, la intervención francesa, el porfiriato y la Revolución—, llevó a muchos indígenas al abandono de sus comunidades de origen, propiciando una eminente pérdida de sus lenguas y de sus identidades étnicas. El mestizaje racial iniciado aun antes de la guerra de conquista, se acentuó tras ésta con la inclusión de nuevos fenotipos, como los aportados por las poblaciones caucásicas, las negras y mongoloides, de donde se derivaron las llamadas castas, las cuales poco a poco se consolidaron hasta convertirse en uno de los grupos mayoritarios a finales del siglo xix. No obstante, a pesar de ese ya largo proceso de “desindianización”, en aquel momento cerca de la mitad de la población continuaba perteneciendo a alguna de las comunidades indígenas. Además, como aún hoy día puede apreciarse, existían enormes diferencias en la composición de la población entre las diferentes regiones del país, principalmente en el centro y el sur, donde los indígenas representaban una franca mayoría.[5] 

En fechas recientes, en especial a partir de los años ochenta, resurgió la necesidad de disponer de cifras confiables sobre el tamaño de la población indígena. A partir de esta inquietud, los indicadores socioeconómicos de los pueblos indígenas de México publicados por el INI en 1993 [6]  proponen una estimación de la población indígena que alcanza una cifra de 8.7 millones de personas a partir de información del censo de 1990, tanto a nivel de localidad como municipal, lo cual permitió una aproximación más real a la población indígena y su distribución a lo largo del territorio nacional.[7]  Sin embargo, un problema clave de ésta y de la mayoría de las estimaciones realizadas, es la dificultad, e incluso la imposibilidad, para desagregarla entre las diferentes lenguas o grupos de hablantes. Solamente permiten distinguir los territorios indígenas de los no indígenas, pero no la identificación de las enormes diferencias demográficas y culturales que existen entre los diversos grupos etnolingüísticos.

Cabe mencionar que poco después de publicados los resultados de las primeras estimaciones del INI sobre la población indígena, el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) dio a conocer la información sobre la población en viviendas en donde el jefe y/o el cónyuge declaró hablar alguna lengua indígena a partir del Censo de 1990, cifra muy cercana a la población indígena estimada (PIE), de 8.4 millones de personas,[8]  confirmada en el Conteo de 1995, cuyo resultado fue de 9.1 millones. [9] 

A partir de este momento cobró más fuerza la posibilidad de realizar estimaciones confiables y más cercanas a la realidad utilizando el ámbito doméstico. Además, a este nivel de análisis pertenece la población menor de cinco años, la cual por convención internacional es omitida al reportar a los hablantes de lenguas indígenas. Un error que se ha cometido frecuentemente, por no tomar en cuenta los diferentes niveles de análisis a partir de los cuales se construye la información, consiste en adicionar a los niños de cero a cuatro años que residen en viviendas donde el jefe o el cónyuge es hablante, al total de la población mayor de cinco años que habla alguna lengua indígena, cuando ambos corresponden a universos diferentes; éstos a individuos, y los primeros a viviendas u hogares.

Durante las reuniones preparatorias para el levantamiento censal organizadas por el INEGI previas al año 2000, el grupo de trabajo del seminario sobre población indígena, integrado por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (ciesas), la Sociedad Mexicana de Demografía (Somede), Conapo, INI , el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales (CEAS), entre otras instituciones, fueron presentadas varias propuestas alternativas para el registro de las diferencias étnicas en el censo. Éstas incluían la consideración genealógica en el uso de la lengua, que suponía anexar dos preguntas al jefe y/o el cónyuge sobre la lengua hablada por sus padres, una más sobre el uso de la lengua en ámbitos domésticos, comunitarios, religiosos, laborales y urbanos a los mayores de cinco años, así como la autoadscripción étnica. No obstante, a excepción de esta última, las demás propuestas fueron desechadas por criterios de representatividad estadística durante los ensayos censales y el censo piloto levantado a principios de 1999. Cabe mencionar que las dos preguntas sobre la lengua de los ancestros y su uso en diferentes ámbitos pretendían reforzar el criterio lingüístico para determinar la pertenencia étnica, al reconocer la lengua como uno de los marcadores de ascendencia compartida y evaluar su vitalidad a través de los ámbitos de competencia en las relaciones sociales.

Respecto a la autoasignación o pertenencia étnica, las preguntas ensayadas en los cuestionarios censales de 2000 fueron formuladas como: ¿es (nombre) indígena?; ¿(nombre) pertenece a un pueblo indígena? o ¿(nombre) pertenece a un grupo indígena? Las pruebas censales mostraron que la palabra “indio” o “indígena” causaba incomodidad y molestia entre la población, y de forma similar, la palabra “pertenencia” se asumía como algún tipo de afiliación a alguna organización social o corporación. Finalmente, a partir de los ensayos censales para el cuestionario ampliado, también se inquirió sobre si cada uno de los residentes del hogar “eran” o no de un grupo indígena, elaborando la pregunta de la siguiente forma:

Las estimaciones de la población indígena

Esta pregunta, a pesar de que fue la que se encontró más operativa, presenta algunas desventajas que es necesario considerar durante el análisis de sus resultados, entre ellas:

a) El empleo de la palabra “grupo indígena” parece interpretarse en algunos casos como una especie de sociedad constituida o comunidad delimitada residencialmente;
b) La identidad de un importante sector de la población que ya no habla lengua indígena no se vincula mediante la lengua; por ejemplo, en algunos casos se establece a través de la región de nacimiento, la residencia o la “comunidad”;
c) La “pertenencia” o “identidad” de cada persona es una característica subjetiva y no tan “objetiva” como puede ser el hablar o no una lengua, lo cual es difícil de captar en el operativo censal ya que casi siempre las respuestas son proporcionadas por una sola persona del hogar.

Por la naturaleza de la batería de preguntas sobre lengua indígena dirigidas a toda la población residente en México de cinco años y más, las estimaciones de población indígena que se realizan a partir de la condición de habla de lengua indígena son válidas por entidad federativa, municipalmente, por localidad y aun por ámbitos geográficos más desagregados. Esta ventaja no se extiende a la pertenencia indígena, ya

que la pregunta sólo fue realizada a una muestra de la población del país y, por tanto, tiene restricciones de representatividad, principalmente cuando se pretende referirla a municipio y localidad.

La estimación de la población indígena para el año 2000: hablantes de lenguas y pertenecientes a grupos indígenas

Con las respuestas a las preguntas sobre la lengua hablada y la pertenencia a algún grupo indígena de al menos un individuo del hogar, Conapo estimó el tamaño de la población indígena en 12.7 millones de personas para el año 2000.[10] Esta estimación constituye una aproximación bastante cercana a la realidad, en la medida en que toma en cuenta diferentes componentes sociales, culturales y demográficos sobre los pueblos indígenas y ofrece así un volumen máximo de su tamaño para el conjunto de la población indígena del país. En el caso de los indicadores inicialmente pretendíamos retomar íntegramente la propuesta elaborada por el Conapo en 2001 con base en los resultados de la encuesta censal y de una muestra del censo, incluyendo los resultados de la pregunta sobre pertenencia a los miembros de los hogares indígenas. Sin embargo, durante los ejercicios y evaluaciones de la información observamos que la incorporación de una estimación sobre los pertenecientes a nivel de municipio nos llevaría a supuestos demasiado aventurados, por lo que se optó elaborar los indicadores sociodemográficos, a partir de un universo mucho más específico, que permitiera desagregar las principales características de este universo particular que, si bien no incorpora a la totalidad de la población indígena, si da cuenta de las condiciones de vida que prevalecen para su mayoría.

A partir de las preguntas de la lengua hablada y la pertenencia para cada una de las personas que forman parte de los hogares, en este documento se propone la identificación de las características individuales de la población indígena como base para la construcción de los indicadores sociodemográficos. Desde ellas es posible inferir los lazos de parentesco entre los miembros de los hogares y la ubicación de la residencia habitual, insumos básicos para la reconstrucción de las posibles fronteras étnicas en relación con las prácticas de la vida cotidiana en el ámbito doméstico, en el hogar, así como las interacciones étnicas y las prácticas de diferenciación frente a “los otros” (localidad y municipio), que son muchas veces la base del carácter colectivo de los pueblos indígenas.

Para calificar y cuantificar la población indígena en cada uno de estos agregados (hogares, localidades, municipios) se requieren diferentes supuestos adicionales. Para identificar a un individuo como indígena o no, pueden considerarse tanto las condiciones sobre el habla como sobre la pertenencia. El hogar puede calificarse como indígena o no a partir de que uno o varios de sus miembros sean indígenas, y calificar a un hogar como indígena también supone que todos sus miembros son indígenas. Aún así es necesario reconocer que no todos los hijos de un matrimonio indígena aprenderán la lengua de sus padres y menos aún que la utilizarán a lo largo de su vida, por lo que existe cierto grado de “indianidad” para los hogares a partir de las características individuales de sus miembros. De forma similar una localidad o municipio pueden calificarse como indígena o no a partir del porcentaje de individuos indígenas o de hogares indígenas que alberga.

Es más o menos fácil observar que conforme se avanza en el nivel de agregación (de individuo a municipio) se adiciona población, pero también se agrega incertidumbre sobre el grado de “indianidad” del conjunto. A final de cuentas el nuestro es un país en el que la diversidad forma parte de la realidad; así como son muy pocos los municipios que no cuentan con población indígena (30 según el Censo de 2000), no existe ningún municipio en el país en el que los hablantes indígenas mayores de cinco años sean el 100%, y sólo en nueve municipios la población indígena es igual al total de la población municipal de acuerdo con las estimaciones que aquí se presentan.

Las posibles combinaciones entre las respuestas para lengua y pertenencia indígena son:

1) Habla lengua indígena y pertenece a un grupo indígena
2) Habla lengua indígena y no pertenece a un grupo indígena
3) Habla lengua indígena y no especifica la pertenencia a un grupo indígena
4) No habla lengua indígena y pertenece a un grupo indígena
5) No habla lengua indígena y no pertenece a un grupo indígena
6) No habla lengua indígena y no especifica la pertenencia a un grupo indígena
7) No especifica habla de lengua indígena y pertenece a un grupo indígena
8) No especifica habla de lengua indígena y no pertenece a un grupo indígena
9) No especifica habla de lengua indígena y no especifica la pertenencia a un grupo indígena

Los casos 1, 2, 3, 4 y 7 se pueden asumir como integrantes de la población indígena, ya sea por su lengua hablada o por la identidad que refleja su pertenencia. El grupo 1 se puede asumir como el más “tradicional” y para los cálculos presentados en este trabajo también se añadió a esta categoría el grupo 3.

Al grupo 4 pertenece una gran cantidad de jóvenes y el análisis exploratorio realizado muestra que está formado tanto por personas que conviven con hablantes de lengua indígena, como por hogares con jefe y cónyuge muy jóvenes —entre 15 y 35 años en su mayoría— y sus hijos. En el grupo 7 probablemente se ubican personas cuya información fue declarada por terceros.

Poco se puede decir de aquellos que no especificaron su lengua ni su pertenencia, ya sea el doble no especificado o el no especificado acompañado de la negación de la otra característica, sobre todo para evitar el terreno de los supuestos poco válidos o demasiado aventurados, por lo que este grupo no será considerado en nuestras estimaciones.

Por su parte en el grupo 2, constituido por los hablantes de lengua indígena que no consideran pertenecer a un grupo étnico, se expresan diversas circunstancias de la etnicidad que obligan a reflexiones más profundas. La diversidad de respuestas muestra cómo se establece la relación entre el individuo y su inserción en múltiples ámbitos de pertenencia y acción, a partir de los cuales se actualiza y redefine su identidad cultural, étnica y también personal.

El análisis de los resultados censales nos hizo descartar nuestra sospecha inicial en el sentido de que los hablantes no pertenecientes [11]  eran una manifestación de la percepción de los padres, o el declarante, que comúnmente es la madre, acerca de la “indianidad” negada de sus hijos. Si esta hipótesis fuera cierta, la estructura por edad de los hablantes no pertenecientes se concentraría en las edades más jóvenes, ya que los “verdaderos indios” serían los adultos y las generaciones jóvenes que “ya no son lo mismo” no se considerarían como tales. Sin embargo las evidencias que se observan en los resultados muestran lo contrario, ya que los porcentajes de hablantes no pertenecientes antes de los 20 años de edad son menores a 12%, y van ascendiendo con la edad: 22.8% de 30 a 34 años y 28.9% entre los de 55 a 59 años de edad.

Como puede observarse, cuando un considerable número de hablantes de la lengua reside fuera de lo que pudiera considerarse como “comunidades o territorios tradicionales”, que puede traducirse en muchos casos como residencia en ciudades medias o grandes, la declaración de pertenencia parece estar indicando que “no reside o no forma parte de una comunidad indígena”. Todo esto nos permite suponer que los grupos 1, 2, 3, 4 y 7 son una estimación de la población indígena de cinco años y más. De hecho los grupos 1 y 3 se pueden considerar los más “tradicionales”, el 2 como un grupo tradicional en transición, mientras que el 4 y el 7 como grupos no tradicionales con identidad indígena.

Los hogares y la población indígena

Las familias y los hogares son las instituciones socioeconómicas fundamentales de la sociedad. La principal función social de la familia es la reproducción, el cuidado y la socialización básica de los niños, y es principalmente a través de la ella que se apoya a los enfermos y a los ancianos. En este entorno se reproduce el sistema social en su conjunto. El papel del hogar es también central dentro del sistema económico, ya que estas unidades son generalmente el lugar donde se toman las decisiones acerca del consumo, producción, participación en la fuerza de trabajo, ahorros y formación del capital. La familia, de hecho, es la entidad mediadora en los procesos reproductivos para las sociedades humanas.[12] 

Así como la lengua permite que las personas participen de una cultura y de toda la gama de significados expresados mediante el idioma común, de igual forma a través del hogar se comparte un espacio de vida y se trasmiten de una generación a otra todos los significados y símbolos asociados con la indumentaria, la alimentación, los valores y las normas de comportamiento, las costumbres y hasta una lógica económica que forma parte del modo de vida. La residencia común entre los indígenas se establece, como en muchas otras sociedades, a partir de los lazos de parentesco, y es en la vida cotidiana donde surgen y se desarrollan sentimientos de afectividad y los complejos sistemas de identidades individuales y colectivas.

La conjunción de las experiencias cotidianas y las afectividades (positivas y negativas compartidas) permite suponer que dentro de un hogar donde las generaciones encargadas de establecer y trasmitir ciertos valores, normas y costumbres (padres y abuelos presentes en el hogar) son personas indígenas o una de ellas es indígena, las generaciones más jóvenes comparten y asumen como propias ciertas características de la cultura indígena. Si bien no todas las características sociales y culturales de las generaciones precedentes se trasmiten a los descendientes, es de esperarse que existan ciertos códigos simbólicos (lingüísticos o no), prácticas, costumbres, valores e identidades “heredadas”. Es precisamente a partir de estas consideraciones que se puede definir un hogar como indígena y extender las características captadas por el censo para individuos a todos los integrantes de un hogar.

Con base en estas reflexiones y aun a pesar de las restricciones previstas, se definió como indígenas solo a los miembros de los hogares donde las personas con características indígenas tienen un lazo de parentesco determinante en la decisión del estilo de vida y la transmisión intergeneracional de la socialización, es decir el jefe, el cónyuge y los padres de éstos. Así, los hogares indígenas se restringen a aquellos donde el jefe y/o el cónyuge y/o padre o madre del jefe y/o suegro o suegra del jefe [13]  hablan lengua indígena, y también a aquellos que declararon pertenecer a un grupo indígena: estos hogares están habitados por 11 798 290 personas. Cabe mencionar que en esta estimación todos los miembros de estos hogares, sean hablantes o no, pertenecientes o no, se consideran indígenas. Así, la estimación de la población indígena para todo el país y aun por entidad federativa se ha realizado tomando en consideración tanto el habla de lengua como la pertenencia indígena.

Para las estimaciones con desagregación municipal y por localidad nos limitaremos a las respuestas sobre el habla de lengua indígena.

En síntesis se dispone de dos estimaciones para la población indígena. La primera se refiere a la estimación de la población indígena nacional y para cada una de las 32 entidades federativas, construida mediante la pregunta de lengua hablada incluida en el cuestionario básico y de la pregunta de pertenencia a un grupo indígena incluida en el cuestionario de la muestra de viviendas del propio censo. La segunda estimación incluye únicamente a la población en hogares indígenas, a partir de la pregunta tradicional sobre la condición de habla de alguna lengua indígena y el tipo de lengua.

Entre los sesgos que afectan la captación de la población que habla lengua indígena se destacan tres aspectos principales:

a) La inhibición de los informantes para declarar el habla de lengua indígena, sobre todo en ámbitos no indígenas, donde el serlo puede considerarse un estigma debido a los graves problemas de discriminación que prevalecen en el país;

b) La “iniciativa” de los entrevistadores para no preguntar sobre el habla de lengua indígena, cuando a su juicio no se imaginan que en la localidad o la vivienda censada pueda residir un indígena, o que la persona entrevistada no tiene “aspecto indígena”, situaciones que se presentan sobre todo en ámbitos urbanos;

c) Adicionalmente, la pregunta no capta las sutilezas entre hablar, dominar o solamente entender una lengua. Esto podría conducir a una subestimación de la población indígena reconstruida por medio de la lengua, ya que entre las generaciones más recientes hay una continua pérdida de la misma aun cuando es muy probable que entiendan muchas de las palabras y, sobre todo, la red de significaciones que constituye su cultura.

A estos sesgos hay que añadir la omisión y no inclusión de muchas localidades indígenas, debidas a los problemas de accesibilidad. Como sabemos, existe una enorme dispersión de localidades y población indígenas, por lo que una buena proporción de ellas carece de caminos, puentes y carreteras, amén de escuelas, clínicas y otros servicios. También hay que tomar en cuenta las omisiones debido al momento del año en que se realiza el levantamiento censal. Muchos indígenas migran periódicamente en busca de trabajo a las ciudades, a los campos agrícolas e incluso a Estados Unidos de América y Canadá. Además algunos grupos, sobre todo los del norte del país, mantienen una condición binacional, por lo que es muy probable que estén del otro lado de la frontera en la época en que se levanta el censo. A pesar de estos inconvenientes es importante reconocer que la información arrojada por los censos es un reflejo bastante cercano a la realidad en términos macro, así como que se requiere impulsar un mayor y mejor uso de sus resultados y, en general, del desarrollo de una verdadera cultura de la información.

A esto responde que el INI, en colaboración con el Conapo, procesara una base de datos proporcionada por INEGI con la información de más de 12 millones de registros a nivel municipal, de la población en hogares con al menos un hablante de lengua indígena y la población indígena en otro tipo de hogares. El resultado de este proceso arrojó un total de 10 253 627 personas, de las cuales 4 209 080 no hablan la lengua pero viven y guardan alguna relación de parentesco con el jefe, el cónyuge o algún ancestro indígenas, mientras que 6 040 547 personas hablan alguna lengua indígena, aunque no todas habitan en hogares indígenas ya que son hablantes (HLI) que viven fuera de hogares indígenas o en viviendas colectivas.

Es importante aclarar que es para este universo que se construyeron los indicadores que a continuación se presentan; aunque falta un importante número de indígenas que forman parte del cálculo global del Conapo la información presentada permite, por primera vez, construir indicadores socioeconómicos específicos y concretos sobre la población indígena en su conjunto y analizar sus características en función de diferentes aproximaciones: tipo de municipios según condición étnica, tamaño de las localidades, lenguas indígenas o grupo etnolingüístico. Así, este universo compuesto por personas que forman parte de un hogar en donde alguno de los miembros de las generaciones de origen habla alguna lengua indígena, pueden hablarla o no ellos mismos. De allí que el objetivo primero sea conocer las características socioeconómicas y demográficas de la población indígena, lo cual no es posible por otras aproximaciones y cálculos, más que contar con una estimación demográfica.

Precisamente una de las virtudes del criterio de hogares es que incorpora a aquella población que comparte normas, valores y costumbres comunitarias que definen a la población como indígena, a pesar de haber dejado de usar o no haber aprendido la lengua de sus ancestros. Así logramos entender la etnicidad y sus relaciones con las identidades desde una perspectiva dinámica. El volumen y estructura de la población indígena, reconstruida a partir de individuos que hablan lengua indígena, no se puede entender atendiendo sólo a variaciones en los fenómenos demográficos o a cambios en los instrumentos de captación; es necesario tomar en cuenta las variaciones en la identidad étnica de la población y ésta tiene lugar precisamente en el ámbito doméstico.[14]  Como muchos otros criterios analíticos, el “habla de lengua indígena” puede variar en el tiempo, aun respecto a un mismo individuo; una misma persona puede declararse como hablante de lengua indígena en un censo y como no hablante en el siguiente, e incluso un nieto de indígenas puede siendo ya adulto, aprender la lengua de sus abuelos.

A nivel nacional 41% de la población cuyo padre, madre o abuelos hablan alguna lengua indígena, no aprendió dicha lengua, no la usa o declaró no hablarla; cabe mencionar que esta proporción cambia sustantivamente entre las diferentes entidades federativas y municipios, sobre todo de acuerdo con las características de los lugares donde viven, como los tamaños de las localidades y los centros urbanos. Además, se observan diferencias muy importantes entre los distintos grupos de hablantes, diferencias que dan cuenta del desuso y la pérdida de las lenguas indígenas.

Por otro lado, más que buscar definir una estimación de la población indígena como un volumen, el interés es analizar su distribución en el territorio nacional para acercarnos un poco a la identificación de algunos límites de las regiones indígenas. La manera en que éstas han sido definidas hasta antes de la estimación que nos ocupa constituye un problema porque no hace visibles a “todos” los indígenas. La definición de las regiones indígenas más usada por investigadores y también instituciones como la Secretaría de Salud, Conapo o Sedesol, entre otras, califica como municipio indígena a todo aquel con una proporción de hablantes mayor al 40%, aun cuando en estos municipios viva sólo el 60.4% de la población hablante de lengua indígena (HLI), y el 28% de sus habitantes no sean HLI (cuadro 1).

Las estimaciones de la población indígena
Cuadro 1. Distribución de la población de cinco años y más que habla lengua indígena (HLI), las localidades
y la población en localidades con más del 30% de HLI, según la proporción de hablantes a nivel municipal, México, 2000

Esta clasificación implica no considerar a casi el 40% de la población indígena que vive en municipios en donde su representación en términos demográficos es proporcionalmente minoritaria, lo cual dificulta la definición de los lugares en donde se encuentran y la forma en que se les puede ofrecer atención, respetando el derecho a la diversidad de casi 2.4 millones de HLI. Esto sin considerar a aquellos grupos que son indígenas pero que ya no hablan ninguna lengua de origen prehispánico. Cabe mencionar que si el criterio de clasificación disminuye la exigencia de la proporcionalidad para elegir a aquellos municipios con 30% o más de HLI el problema no se resuelve, ya que los municipios que se agregan incorporan 347 mil hablantes que representan solo el 6% del total de HLI a nivel nacional, y aún restan 2.05 millones de indígenas que viven en municipios en donde proporcionalmente son minoría.

Una solución que de manera operativa realizó el INI para efecto de las necesidades del trabajo institucional, ha sido definir a las localidades con más del 30% de HLI como universo de interés. Este criterio permite centrar la atención en un universo que ha sido más específico pero exige nuevas estrategias, dada la dispersión de estas localidades en las que viven 4.4 millones de hablantes; casi 4 000 de ellas se encuentran en municipios con menos del 30% de HLI, y en ellas viven poco menos de 649 mil HLI. En esos mismos municipios, pero en localidades con menos del 30% de HLI, viven más de millón y medio de indígenas, población que, bajo estos criterios, no es considerada.

Tipos de municipios propuestos

Por estos motivos se propone adoptar además del criterio de la representación proporcional otro que considere la concentración de indígenas en números absolutos, así como incluir aquellos municipios y localidades en donde viven los hablantes de lenguas con volúmenes totales menores a 5 000 hablantes o minoritarias aun cuando en términos relativos sus valores sean muy bajos. Este criterio permite identificar aquellos asentamientos en donde la población indígena tiene una baja representatividad proporcional ya sea por migración reciente o bien por pertenecer a grupos de hablantes minoritarios pero que en términos de peso demográfico o de importancia cultural constituyen comunidades indígenas que de otra manera serían ignoradas. En el caso de los grupos de lenguas minoritarias solo se consideraron aquellas que en 2000 contaban con menos de 5 000 hablantes; los pocos hablantes de estas lenguas son los últimos representantes de sus culturas en el ámbito mundial, por lo que no pueden ser excluidos por un criterio de representación demográfica.

En el cuadro 2 se presenta la distribución de la población según diferentes tipos de municipios, en función de la proporción y presencia absoluta de la población indígena. En primer lugar se identificaron aquellos municipios en donde la estimación de población indígena (PI) era mayor al 40%, los cuales se consideraron eminentemente indígenas; en estos 655 municipios se concentra casi el 60% de la pi (6.1 millones) y casi el 70% de los hablantes mayores de cinco años (4.2 millones). Para el resto de los municipios se identificaron dos grupos: aquellos en los que la pi presenta un volumen igual o mayor a 5 000 personas, los cuales se consideran de interés debido a que cuentan con presencia absoluta de población indígena y aquellos municipios con presencia de población que habla alguna lengua con menos de 5 000 hablantes. Cabe mencionar que al revisar con detalle los resultados de esta clasificación encontramos que aun con estos criterios se excluyen regiones con presencia importante de población indígena, en particular tres municipios: uno en Michoacán, Aquila, en donde viven los nahuas de la costa del Pacífico y dos en Morelos, Tepoztlán y Tetela del Volcán. Considerados a partir de la presencia de hablantes de náhuatl, la lengua con mayor número de población, municipios que quedarían excluidos al no caber en ninguno de los criterios definidos, pero si se toman como variantes únicas de esa lengua, que de hecho lo son, pueden considerarse como minoritarias en sus entidades.

Las estimaciones de la población indígena
Cuadro 2. Distribución de la población total, de cinco años y más y que habla lengua indígena (HLI)
y los municipios, según la proporción de población indígena a nivel municipal, México, 2000

Cabe mencionar que esta tipología de los municipios propuesta es un primer paso necesario para la delimitación precisa de las regiones indígenas, con la finalidad de permitir, a priori, identificar los territorios en donde se encuentra la mayoría, el 90.1%, de la población indígena. De esta forma, se parte de la definición de un primer nivel desde el cual, en el mediano plazo y con discusiones y análisis desde diferentes perspectivas disciplinarias —antropología, demografía, economía, ciencias políticas, etc.—, se podrá desarrollar una definición más precisa de estas regiones, en la cual se incorpore toda la complejidad contenida en el concepto mismo de región, pero también de otros tipos de asentamientos de la población indígena

No podemos olvidar en ningún momento que en los municipios con presencia de población indígena (216), esta población representa solo 6.7% respecto de un total de casi 49 millones de personas. Estos municipios considerados como de interés deberán permitir, en primer lugar, el desarrollo de la investigación cualitativa y cuantitativa, a efecto de identificar con mayor precisión las condiciones de vida y cómo los indígenas se insertan en ámbitos fuera de sus regiones tradicionales. También es de vital importancia producir elementos de conocimiento para analizar la forma en que la población mestiza percibe la presencia de estos sectores de la población mexicana; sólo así será posible diseñar programas de información y comunicación que contribuyan a evitar la discriminación hacia los indígenas.

El análisis de este ejercicio y su comparación con la definición de los municipios indígenas según el porcentaje de HLI muestra que 16 estados no tienen ningún municipio con más del 30% de HLI, pero a partir de la estimación de la población indígena con base en la información de los hogares indígenas este panorama cambia significativamente. Mientras que sólo cuatro entidades no cuentan con presencia de población indígena (Aguascalientes, Baja California Sur, Colima y Zacatecas), nueve entidades que anteriormente no se consideraban indígenas ahora cuentan con presencia de población indígena, ya sea porque en números absolutos ésta es importante o bien porque en ellas se ubican hablantes de lenguas indígenas de menos de 5 000 HLI o minoritarias, como es el caso de Coahuila, en donde viven los kikapúes.

Otro fenómeno que resulta de la comparación entre los hablantes de lengua indígena (HLI) y los resultados de la estimación de la población indígena (PI) con base en los hogares para cada municipio, tanto para los valores absolutos como relativos, es la diferencia entre ambos indicadores. En algunos municipios esta diferencia es menor al 1% e incluso presenta valores negativos, producto de la presencia de HLI fuera de hogares indígenas. En otros casos los rangos abarcan proporciones menores al 5% y entre 5 y 9%, que representan a la población que vive en hogares indígenas pero que no habla la lengua de sus ancestros. En estos rangos se encuentran los municipios de la zona Huicot, la Sierra Tarahumara, la Montaña de Guerrero y Chiapas. En otras regiones indígenas las proporciones oscilan entre 10 y 24%, e incluso más del 25%, lo que refleja una muy elevada proporción de población indígena que no habla la lengua, fenómeno que puede observarse en el análisis de la estructura por edad y sexo de la población indígena según la condición de habla de la lengua indígena. Para ejemplificarlo tenemos que en Chiapas la pirámide tiene la característica típica de una población joven y los no hablantes son muy pocos; por el contrario, las estructuras de la población a nivel nacional, sobre todo en Yucatán, reflejan elevados contingentes de población indígena que declaró no hablar la lengua.

Por otro lado, en lo que respecta al número de lenguas o grupos indígenas existentes en el país, es necesario insistir en que si bien la lengua puede servir como marcador de la etnicidad, ambos fenómenos —el hablar una lengua o variante determinada y el pertenecer a un grupo étnico— responden a procesos y realidades independientes.

Aunque desde 1990 los censos han insistido en la necesidad de captar las diferentes variantes de las distintas lenguas indígenas de México, resultado de las condiciones orográficas, las migraciones, movimientos y cambios en los asentamientos, ocupaciones y expulsiones ocurridas a lo largo de la historia, e incluso por la interrelación con otros grupos que se asentaron en la cercanía de la zona original de habitación del pueblo de que se trata, no es sencillo establecer de manera clara la correspondencia entre ambos tipos de fenómenos. Un ejemplo lo podemos encontrar con los lacandones, que habitan en la zona selvática del estado de Chiapas, cuya lengua es una variante del maya de forma tal que no existe una lengua “lacandona”. Caso parecido es el de los tacuates, cuya separación del grupo mixteco tiene orígenes muy remotos, aun cuando su lengua sea de filiación mixteca pero por tradición no se consideran como tales; conservando el criterio de pertenencia, prudentemente el censo los ha reconocido de forma independiente. En lo que respecta a los lacandones cabe mencionar que la decisión tomada fue considerar a los hablantes de maya en el municipio de Ocosingo, en donde se encuentran todas las localidades lacandonas, como lacandones, y restar el mismo número al total de hablantes del maya. Otro ejemplo similar es el de yaquis y mayos, grupos autodiferenciados étnicamente pero que hablan una misma lengua, el cahita; para 2000 se mantuvo la distinción entre ambos y se eliminó el nombre común. En el caso de los hablantes de chinanteco, mixteco y zapoteco el censo reconoce las variantes de cada lengua. Sin embargo, en la medida en que durante el levantamiento no existe regularidad en la pregunta que asegure que a todos los que declararon hablar alguna de estas lenguas se les preguntó la variante hablada, para efectos de este trabajo se decidió agruparlos bajo la denominación genérica de “lenguas” chinantecas, mixtecas o zapotecas.

Tras el estudio de esta problemática se optó por determinar como 62 el total de lenguas que se hablan en el país, tomando en cuenta las características etnolingüísticas para la definición de cada uno de los grupos, sin dejar de aclarar que el grado de inteligibilidad entre ellas puede ser mayor o menor entre los habitantes de las distintas regiones.

Por otro lado, en términos de la distribución de la población indígena es necesario analizar sus patrones de asentamiento en función de los tamaños de las localidades, ya que si bien a nivel nacional lo rural es definido como aquellas localidades con más de 5 000 habitantes, para la población indígena este criterio es muy elevado, ya que su distribución refleja una enorme dispersión, que responde a factores culturales e históricos.

Para contar con una aproximación más exacta a estos fenómenos que nos permitiera definir criterios más acordes con su distribución realizamos una serie de ejercicios con algunos estados, tomando como muestra a Chihuahua, Durango, Guerrero, Michoacán, Oaxaca y Sonora, los cuales cuentan con un alto porcentaje de población indígena.

El primer criterio que se consideró fue identificar a la población indígena de acuerdo con el tamaño de la localidad en que habita y se clasificó de la siguiente manera: localidades con menos de 100 habitantes, de 100 a 499, de 500 a 999, de 1 000 a 2 499, de 2 500 a 4 999, de 5 000 a 14 999, de 15 000 a 49 999, de 50 000 a 99 999 y de 100 000 o más. Para la mejor comprensión de los niveles de comparación se procedió, en primer lugar, a determinar la cantidad de localidades por categoría a escala nacional. Los datos que se obtuvieron fueron los siguientes: 17 898 localidades con menos de 100 habitantes y 8 730, 2 055, 1 218, 335, 195, 50, 19 y 15 localidades para los siguientes rangos, respectivamente, como se muestra en el cuadro 3.

Las estimaciones de la población indígena
Cuadro 3. Distribución de localidades, de población hablante de lengua indígena y su porcentaje, según tamaño de la localidad, 2000

Los resultados obtenidos de acuerdo con la muestra nos indican que el 20% del total de los hablantes de lengua indígena se encuentran viviendo en localidades de tamaño pequeño, de 100 a 499 habitantes, con un porcentaje de 80% y más de HLI. También fue bastante numerosa la población de HLI en localidades del mismo tamaño con proporciones de entre 25 y 69% de hablantes. En este caso, se hizo una mixtura entre zonas consideradas con presencia indígena, menos del 30%, y localidades indígenas menores al 70 por ciento.

En contraparte, de la población HLI en las localidades de 100 000 y más habitantes, resalta que la ciudad de Chilpancingo registró un porcentaje de 49.2, y 36.6% Oaxaca, ambas ubicadas en zonas que se consideran sin población indígena; la primera en la categoría entre 2 y 4.99% y la segunda entre 5 y 9.99%. Estos resultados permiten identificar dos tendencias de asentamiento entre la población hablante de lengua indígena: por una parte su dispersión en localidades consideradas como rurales, poblaciones con menos de 5 000 habitantes; por otra, su concentración en ciudades de tamaño medio pudiera reflejar la creciente migración hacia los centros urbanos en busca de mejores condiciones de vida.

Al considerar en números absolutos a la población indígena que se concentra en ciudades pequeñas y medianas, es necesario recalcar que si bien el número de HLI es elevado, al ubicarlo dentro del total de la población que reside en las mismas su presencia se diluye, por lo que es sumamente engañosa la definición de zonas con presencia indígena en las ciudades. Como a continuación se verá, el mayor número de hablantes de lengua indígena se concentra en éstas. Además existen diferencias significativas entre las distintas regiones indígenas, ya que mientras en Durango y Chihuahua los HLI se concentran en localidades muy pequeñas (52 y 46% de HLI en localidades menores de 100 habitantes), en Michoacán el 80% de los indígenas viven en localidades de entre 1 000 y 15 mil habitantes, y solo 2% en las menores de 100. El análisis de esta información se debe realizar con mucho cuidado, de tal forma que se pueda establecer un panorama más claro de los patrones de asentamiento, sobre todo en la medida en que éstos responden a una perspectiva cultural de la relación de estas sociedades con sus territorios y con la naturaleza.

La misma distribución de la población y las lenguas indígenas en el territorio nacional nos hablan, por un lado, de las dificultades que muchos grupos han tenido para reproducirse y, por tanto, para conservar su cultura. Por otro, de la necesidad de buscar alternativas de subsistencia lejos de sus regiones originarias. De las más de 62 lenguas indígenas que aún existen en el territorio nacional —además de las variantes dialectales de muchas de ellas—, más de 30 cuentan con menos de 5 000 hablantes, lo cual supone serias dificultades para la conservación de nuestro patrimonio no sólo como mexicanos, sino como humanos. La presencia de población indígena en las ciudades de todo el país o de hablantes de lenguas originarias del centro y sur en los estados del norte de la República y más allá de sus regiones tradicionales son parte de este mismo fenómeno.

La importancia de contar con información sobre la población en hogares indígenas se debe, en primer término, a que en medida en que la familia es la expresión más básica de la organización social, ésta no se refiere únicamente a individuos aislados, sino también por el tipo de fenómenos que pueden observarse a través de una estimación como la que aquí se presenta. Por este motivo queda pendiente profundizar en el análisis de estos resultados, particularmente lograr su construcción a nivel de localidad para contar con elementos que contribuyan a definir con mayor claridad quiénes son los indígenas, cuántos son, dónde están y en qué condiciones viven.

Las dinámicas aquí expresadas son el resultado de los fenómenos demográficos, sociales y económicos, en una palabra históricos, que afectan a los pueblos indígenas. La forma de organización social heredada de sus antepasados, aunada a la mala planeación, coadyuva a conformar los altos índices de marginación en los que se encuentran, pues la enorme dispersión de su población, condicionada por la situación geográfica, imposibilita en muchos casos su atención.

La pérdida o el abandono del uso de la lengua materna es otro dato que aporta el análisis detallado de la información aquí presentada, lo que no es otra cosa que el resultado de la discriminación que sufren los pueblos originarios, tanto desde la sociedad no indígena hacia ellos, como la que ellos mismos han asumido como propia. Para la sociedad no indígena pertenecer a un grupo indígena es equivalente a ser sucio, ignorante, pobre y flojo, rebelde e invasor, entre otros muchos epítetos, por lo que el migrante prefiere “esconder” su condición, aun cuando se coloque en una situación ambigua entre la aceptación de la sociedad mestiza y su orgullo de pertenecer a algún pueblo indígena.

De aquí se desprende la importancia de ubicar de forma clara las zonas a considerar como de atención prioritaria, así como las dificultades a las que habrá que enfrentar y resolver para cubrir, en la medida de lo posible, las carencias en las que viven los pueblos originarios, sin violentar los vínculos de orden cultural que les dan forma como grupos autóctonos.

Un análisis general de los indicadores

El conocimiento de los comportamientos demográficos y sociales de la población indígena, es decir, aquella que forma parte de los hogares indígenas y aquellos hablantes de lengua indígena fuera de dichos hogares en 2000, aporta los elementos necesarios para establecer acciones y políticas públicas para atender sus demandas.

Es importante tomar como punto de partida la diferencia de los grupos de población en hogares indígenas por lengua hablada donde tan solo el tamaño indica en sí mismo distintas necesidades. Mientras casi uno de cada cuatro miembros de estos hogares vive en un hogar donde se habla náhuatl, algo más de quince de cada cien son miembros de hogares donde se hablan lenguas zapotecas y maya, y a su vez son siete de cada cien en el caso de hogares donde se hablan lenguas mixtecas y otomíes. Los hogares según composición de miembros no hablantes de lengua indígena varían entre el 10% y más de la mitad de sus miembros, como aquellos donde se habla otomí o mazahua (ver gráfica 1).

Las estimaciones de la población indígena

La población en hogares indígenas del país muestra una estructura por edades joven, que ha iniciado el descenso de la fecundidad al mostrar que el número de niños y niñas menores de cinco años es menor al número de aquellos de cinco a nueve años de edad; y, a partir de estas edades hasta la edad 65 años o más, las personas del grupo de edades siguiente es menor al predecesor.

El cambio en el tamaño de los grupos etáreos de la población que habla lengua indígena es discreto y aunque la estructura es joven, muestra tendencia hacia la estabilidad, quizá más por razón de pérdida del uso de la lengua indígena que por el comportamiento de los fenómenos demográficos propios del crecimiento natural de la población, la fecundidad y la mortalidad. La población que habla lengua es mayoritaria en los hogares indígenas, especialmente a partir de los 20 años de edad.

Corresponde a los miembros de hogares indígenas que no hablan lengua pero pertenecen a un grupo indígena ser los minoritarios respecto a los otros miembros. Su estructura etárea es joven, pues más de la mitad de ellos tienen menos de 25 años. La otra categoría de población en hogares indígenas está constituida por quienes ni hablan lengua ni declararon pertenecer a un grupo indígena, se caracterizan por ser de estructura joven donde uno de cada dos tiene menos de 20 años y a partir de los cinco años de edad son el volumen más importante de no hablantes de estos hogares.

En los tres grupos de población presentes en los hogares indígenas entre los 20 y los 44 años existen más mujeres que hombres, fenómeno relacionado con la mayor propensión a migrar de éstos últimos (ver gráfica 2).

Las estimaciones de la población indígena

Se percibe que la migración es una práctica generalizada entre la población indígena: 12.4% declaró en 2000 no residir en el lugar donde nació, las personas que en mayor proporción ya no vivían donde nacieron fueron aquellas entre 20 y 69 años de edad. El porcentaje general del caso masculino es ligeramente menor al femenino (12.3% y 12.5%, respectivamente); además, las mujeres inician la migración en el grupo etáreo 15 a 19 años, mientras que los hombres lo inician cinco años después. En ambos sexos son las personas de 30 a 34 años quienes más participan en el cambio del lugar de nacimiento, con 20% del total de migrantes (ver gráfica 3).

Las estimaciones de la población indígena

El 4.1% de la población indígena de cinco años y más residía en 1995 en un lugar distinto al del año 2000. Fueron las personas entre 15 y 34 años quienes mantienen un nivel más alto de cambio de residencia, con porcentajes mayores a 4.1. Este tipo de migración presenta una participación más homogénea entre los grupos de edad, fenómeno indicativo de movimientos de familias completas. En el cambio de residencia de 5 años antes del momento censal participaron más los hombres indígenas que las mujeres entre los 25 y los 59 años de edad; el grupo más participativo masculino fue el de 25 a 29 años con 7.1% de migrantes y los grupos más participativos femeninos son los de 15 a 19 y 20 a 24 años con 7.4% (ver gráfica 4).

Las estimaciones de la población indígena

El estado conyugal de la población indígena entre 15 y 29 años de edad indica que mientras cuatro de cada diez personas están casadas o unidas los demás permanecen solteros. La tendencia de no célibes respecto a célibes cambia rápidamente al observar grupos más reducidos de edades, mientras la mayoría de aquellos de 15 a 19 años permanecen solteros (85%); a partir de los veinte años la proporción de casados o unidos alcanza valores altos: de 20 a 24 años, 42% para ellos y 54% para ellas; a su vez, en conjunto, más de dos de cada tres personas en edades de 25 a 29 años.

Es importante considerar que la formación de pareja ocurre en edades más tempranas entre quienes son hablantes de lengua indígena que entre los no hablantes; mientras 53 de cada cien mujeres hablantes de las edades consideradas están casadas o unidas, solo 36 de las no hablantes lo están, fundamentalmente porque el inicio y la continuidad de la fecundidad de las mujeres se da esencialmente dentro de la vida en pareja y así, mientras se inicie a edad más temprana, las mujeres tendrán mayor exposición a la posibilidad de concebir. Si a ello aunamos las diferencias en el uso de métodos anticonceptivos eficientes, las diferencias en los comportamientos implican diferencias en las tendencias demográficas. En el caso de los hombres, viven casados o unidos más hablantes que no hablantes, 43% y 24%, respectivamente (ver gráfica 5).

Las estimaciones de la población indígena

La población indígena entre los 15 y 29 años presenta ya situaciones de ruptura o desunión —separados, viudos o divorciados—, sólo en un 1.8%; sin embargo, esta situación afecta casi cinco veces más a las mujeres (2.3%) que a los hombres (0.5%) (ver gráfica 6).

Las estimaciones de la población indígena

La fecundidad de las mujeres en edad reproductiva de la población indígena es más alta respecto a la fecundidad nacional. Al observar la fecundidad de las mujeres en hogares indígenas, se ven diferencias sustanciales respecto a la condición de habla de lengua; el promedio de hijos nacidos vivos de quienes hablan alguna lengua indígena es de 3.2 hnv por mujer, mientras que el promedio de las mujeres no hablantes es de 1.7 hnv, es decir, casi el doble. Los promedios de hnv por edades resultan más altos para las mujeres que hablan alguna lengua indígena y la diferencia entre estos promedios se reduce a medida que la edad es mayor; para las edades 15 a 19 años la diferencia es del 80% y para las edades de 50 a 54 años es de 22%, comportamiento que indica que han sido las mu jeres no hablantes de lengua quienes más han utilizado métodos anticonceptivos, ya que mientras casi el 98% de dichas mujeres en edad reproductiva unidas o casadas conocía al menos un método anticonceptivo en 1997, el 79.5% de las hablantes de lengua indígena, lo conocía [15] (ver gráfica 7).

Las estimaciones de la población indígena

Algo más de la mitad de la población indígena de quince años y más es económicamente activa (52.6%); la participación en el mercado de trabajo según la condición de habla indígena presenta una diferencia de solo dos personas de cada cien a favor de los hablantes de lengua indígena; 53.3% de hablantes frente a 51.1% de no hablantes. Destaca el hecho de que los jóvenes hablantes, hombres, de entre 15 y 24 años, presentan mayor participación respecto a sus equivalentes no hablantes. Desde el rango de edad 25 a 29 años y hasta el de 55 a 59 años la participación económica tiene la misma magnitud en hablantes y no hablantes. A edades de 60 años y mayores, los hablantes trabajan más que sus pares en magnitudes entre cinco y diez personas por cada cien. En el caso femenino, para todos los grupos de edad son más participativas las mujeres no hablantes (33.7%) respecto a quienes hablan lengua indígena (28.8%); los grupos de edades de excepción donde es más alta la participación económica de las hablantes, son los de 15 a 19 y desde los 60 años y mayores, en tanto que aquellas de 55 a 59 años tienen la misma participación unas y otras (ver gráfica 8).

Las estimaciones de la población indígena

El 82% de la población indígena que es económicamente activa está ocupada y se desempeña fundamentalmente en el sector primario de la economía, mismo que concentra al 43% de los ocupados indígenas; en el sector secundario se ocupa el 22% y en el sector de servicios se desempeña el 35%. En cuanto a la actual demanda laboral de esta población existe tendencia a una mayor participación indígena en los servicios (ver gráfica 9).

Las estimaciones de la población indígena

En cuanto al ingreso por producto del trabajo declarado por los ocupados indígenas pocos son los que tienen una situación mínima aceptable, compatible con el acceso pleno a satisfactores fundamentales; 25 indígenas ocupados de cada cien no recibe ingreso, 56 de cada cien recibe hasta dos salarios mínimos mensuales (smm) y solamente 19.4% recibe más de dos smm (ver gráfica 10).

Las estimaciones de la población indígena

La educación, entendida como el proceso de escolarización al que todo mexicano tiene derecho constitucional de acceso, potencia las capacidades individuales a través de los conocimientos adquiridos y, por tanto, la incorporación con mejores posibilidades al entorno social, económico y cultural de cada persona. Saber leer y escribir constituye una herramienta base de la interacción entre individuo y sociedad, de la cual carece 25% de la población indígena de 15 años y más. Esta situación afecta en mayor medida a las mujeres, pues 32 de cada cien de ellas no lee ni escribe, mientras solo el 18% de los hombres presenta esta desventaja. El analfabetismo es mayor entre las mujeres que hablan lengua indígena (43.3%) que entre quienes no la hablan (10.4%). Para el sexo masculino 23.4% de los hablantes son analfabetas, mientras 6.7% de los no hablantes lo son. En todos los casos el analfabetismo afecta más a los adultos cuanto mayor es su edad; por ejemplo, mientras 44% de los hombres hablantes de 60 a 64 años no leen ni escriben, solo 22.5% de los de 40 a 44 años no lo hacen. Por su parte, el analfabetismo es de un 23.4% de las mujeres no hablantes de 50 a 54 años y de 12% entre las de 35 a 39 años (ver gráfica 11).

Las estimaciones de la población indígena

Solo mediante la asistencia a la escuela de la población en edad escolar, sea desde el nivel preescolar hasta el nivel superior, se concreta el acceso a la educación a la que se tiene derecho; en su defecto, una inasistencia reiterada constituye una desventaja social efectiva para estos grupos sociales. El 39% de la población indígena de cinco a 24 años no asiste a la escuela, con mayor desventaja para la población femenina, porque casi 42 de cada cien mujeres no va a la escuela mientras que 37 de cada cien hombres no asisten. La mayor inasistencia femenina se mantiene por condición de habla de lengua indígena, aunque incidiendo más entre las hablantes; mientras la mitad de las hablantes no asisten a la escuela, solo una de cada tres no hablantes no asiste. También los hombres hablantes presentan mayor inasistencia respecto a los no hablantes, con 43 y 31%, respectivamente. La inasistencia por edades de las mujeres hablantes de lengua indígena es menor para las niñas de cinco a catorce años, con menos de 20%, que para las de 15 a 24 años, con por lo menos 75%, lo que podría señalar menor disposición de servicio educativo en las comunidades (ver gráfica 12).

Las estimaciones de la población indígena

El 40% de la población indígena de quince años y más no cuenta siquiera con el nivel de primaria concluido, de ellos el 18% no tiene instrucción y solamente 22% tiene algún grado de primaria. En tanto, casi dos de cada diez personas en hogares indígenas completaron la primaria y cuatro de cada diez alcanzaron algún grado de posprimaria.

La población indígena se declaró católica en una medida de ocho de cada diez personas de cinco años y más; protestante o evangélica en una de cada diez personas. Los que profesan una religión bíblica no evangélica son casi el 3%, los practicantes de otras religiones son el 0.3% y más del 5% se declararon sin religión.

En general las viviendas que ocupa la población indígena no proporcionan condiciones saludables o de seguridad ante eventualidades del medio ambiente, tanto por lo precario de sus materiales de construcción como por la falta de servicios. Más del 40% de las viviendas, además de tener piso de tierra, lo que suele contribuir a la incidencia de enfermedades gastrointestinales, especialmente en menores de cinco años, presentan techos de materiales perecederos que no ofrecen resistencia ante fenómenos naturales como vientos, sismos e inundaciones. Casi nueve de cada diez individuos carece de una habitación exclusiva para cocinar, además de que el área para la preparación de sus alimentos generalmente no ocupa espacios definidos, lo que puede estar suponiendo un riesgo para la salud de los ocupantes por su exposición directa a los gases de la combustión en la preparación de sus alimentos. Seis de cada diez viviendas disponen de agua entubada, hecho que propicia, en donde no disponen de ella, la necesidad de acarreo cotidiano del vital líquido, labor predominantemente femenina o infantil. Siete de cada diez viviendas tiene exclusividad en el uso del servicio sanitario. Con relación a la disponibilidad de energía, el 83% de las viviendas cuenta con electricidad y en el 62% de ellas se cocina con leña o carbón (ver gráficas 13 y 14).

Las estimaciones de la población indígena

Las estimaciones de la población indígena

Los indicadores socioeconómicos de los pueblos indígenas de México

Como ya se mencionó, uno de los problemas a los que se enfrentan tanto aquellas instituciones que requieren diseñar programas y evaluar las acciones que se llevan a cabo en las regiones indígenas, como los investigadores que revisan y analizan los diferentes temas y problemas que atañen a estas poblaciones, es la carencia de información sistemática, actualizada, comparable y confiable sobre los grupos sociales que habitan estas regiones. Generalmente los sistemas de información sectorial ofrecen sus resultados con base en diferentes niveles de agregación, temporalidad y de acuerdo con sus ámbitos de competencia territoriales. A su vez, se usa la información censal como una base general, la cual es adecuada a necesidades específicas, sin que exista un acuerdo sobre los límites de las regiones indígenas y menos aún sobre sus características, en tanto que regiones pluriétnicas en las que el componente no indígena es importante de manera diferencial.

A esto responde el que la tercera fase del proyecto INI -PNUD “Los pueblos indígenas de México. Desarrollo y perspectivas”, cuyo producto inicial es la elaboración de los Indicadores socioeconómicos que aquí se presentan, haya propuesto como uno de los ejes centrales de su plan de trabajo, la construcción de un Sistema Nacional de Indicadores sobre la Población Indígena de México.

Cabe mencionar que un requisito fundamental para su elaboración fue la revisión de criterios metodológicos y técnicos que permitieran el diseño de los posibles límites territoriales para las regiones y centros de asentamiento, permanente y temporal, de la población y los pueblos indígenas, a partir de la identificación de los diferentes tipos de municipios en función de la presencia de la población indígena. De esta forma el conjunto de indicadores parte de la identificación de los municipios de México en donde habita población indígena, de acuerdo con el tipo de presencia que ésta tiene en el conjunto municipal y que involucra las seis categorías principales que se explicaron anteriormente, cuya información se presenta en tres grandes apartados. El primero de ellos contiene información para cada grupo de indicadores a nivel nacional, por entidad federativa y, a efecto de ofrecer una base comparativa, en cada cuadro se presenta la información de referencia para el total de la población mexicana. Las gráficas que se presentan se elaboraron con base en los resultados del XII Censo General de Población y Vivienda 2000, tanto de la información del cuestionario básico censal como de la encuesta. En el caso de la información contenida en los cuadros, ésta es resumen de los que se presentan en la última sección a nivel municipal, tomada de la base de datos de población en hogares con al menos un hablante de lenguas indígenas proporcionada por INEGI.

En la segunda parte se presentan los resultados de la identificación de los diferentes tipos de municipios a nivel nacional y para cada una de las entidades federativas. La información contenida en los cuadros estadísticos corresponde al total de la población para cada municipio, el resultado de la estimación de población indígena y el porcentaje, la población mayor de cinco años total y que habla alguna lengua indígena y la proporción que éstos representan a nivel municipal. Se presenta, además, la población monolingüe y bilingüe; así como una selección de las dos lenguas con mayor número de hablantes en cada municipio y la población respectiva. Cabe mencionar que, sobre todo en el caso de los municipios urbanos como son Ensenada, Tijuana o el Distrito Federal, entre muchos otros, además de estas dos primeras lenguas existen hablantes de muchas lenguas más. Basta mencionar que en el Distrito Federal están representadas la totalidad de las lenguas indígenas que se hablan en el país, y que Ensenada, en donde los migrantes son mayoría y las dos primeras lenguas son el mixteco y el zapoteco, es el municipo que concentra la mayoría de la población de 4 lenguas consideradas minoritarias; cochimí, kiliwa, kumiai y paipai. Se presenta también un mapa con la división municipal y una gráfica con la estructura por edad y sexo de la población, distinguiendo a aquellos que hablan alguna lengua indígena de quienes viven en hogares y aquellos que no hablan la lengua pero declararon pertenecer a algún grupo indígena. Entre los cuadros que se presentan a continuación destacan el de las lenguas indígenas por entidad federativa y el de las características socioeconómicas para las localidades en donde predominan los hablantes de las diferentes lenguas.

Finalmente, la tercera parte incluye al conjunto de indicadores sociodemográficos para los municipios indígenas en todo el país. Los tres primeros cuadros contienen los datos que dan cuenta de algunas de las características demográficas; estructuras por grandes grupos de edad y sexo, el estado civil de la población y las mujeres en edad fértil, así como el número de hijos nacidos vivos; los cuadros 4 y 5 contienen información sobre asistencia a la escuela, alfabetismo y escolaridad; el 6 y el 7 sobre actividad económica de la población, los sectores de actividad y los ingresos de la población ocupada; el 8 trata sobre religión, el 9 contiene las características de las viviendas y el 10 un conjunto de indicadores presentados en números relativos que fueron construidos en función de la proporción de la estimación de la población indígena para las localidades del país.


1 Fredrik Barth (comp.), Los grupos étnicos y sus fronteras: la organización social de las diferencias culturales, Fondo de Cultura Económica, México, 1976; John P. Hawkins, “Reflexiones sobre la autonomía cultural indígena: imágenes inversas en Chamula y Santiago Chimaltenango”;
Mesoamérica:19, 83-95, junio de 1990; Charles F. Keyes, “Towards a New Formulation of the Concept of Ethnic Group”, Ethnicity 3, 202-213, 1976.
2 P. Fernández Ham y Enrique Serrano, “La población indígena en los recuentos censales de 1990 y 1995”, en Ana María Chávez Galindo (comp.), Análisis del conteo de población y vivienda de 1995, Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, unam (Colección Multidisciplina), México, 2002, pp. 197-221.

3 Algunos elementos presentes en esta propuesta fueron discutidos en los proyectos sobre la región purépecha de Michoacán realizados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el Conapo desde 1996, en particular en el proyecto “Procesos biosociales y bienestar en la región purépecha de Michoacán: salud, reproducción y diversidad”, clave conacyt: serce-30965.

4 Cecilia Rabell Romero, “El descenso de la población indígena durante el siglo XVIy las cuentas del gran capitán, en Conapo, El poblamiento de México. Una visión histórico-demográfica, t. II, Secretaría de Gobernación, México, 1993, pp. 18-35.

5 Lourdes Márquez Morfín, “La evolución cuantitativa de la población novohispana: siglos XVI, XVII y XVIIIi, en Conapo, El poblamiento de México. Una visión histórico-demográfica, t. II, Secretaría de Gobernación, México, 1993, pp. 36-63.

6 Arnulfo Embriz Osorio et al., Indicadores socioeconómicos de los pueblos indígenas de México, Instituto Nacional Indigenista, México, 1993.
7 Arnulfo Embriz Osorio, “Quiénes son los indios y cómo reconocerlos en las estadísticas” (inédito), México, 1999.

8 Enrique Serrano Carreto, “Población y pueblos indígenas. Situación actual y perspectivas para el siglo xxi”, en Demos, Carta demográfica sobre México, Instituto de Investigaciones Sociales de la unam, México, 1996. Arnulfo Embriz Osorio, Laura Ruíz y Agustín Ávila, “La pobreza entre los indígenas de México”, en Luis R. Gallardo Gómez y Joaquín Osorio Goicoechea, Los rostros de la pobreza. El debate, t. III, Universidad Iberoamericana-Limusa, México, 2001.

9 Leonardo Manrique Castañeda, La población indígena mexicana, INEGI-INAH-unam, México, 1994.

10 Conapo, La población de México en el nuevo siglo, México, 2001, p. 165.

11 Con el propósito de hacer más ligero el discurso y facilitar la escritura de aquí en adelante nos referiremos a los hablantes de lengua indígena como “hablantes” y a los que son o pertenecen a un grupo indígena como “pertenecientes”.

12 Hugo Zémelman, “Problemas en la explicación del comportamiento reproductivo (sobre las mediaciones)”, en W. Mertens, A. Przeworky y H. Zémelman. Reflexiones teórico-metodológicas sobre investigación en población, El Colegio de México, México, 1982, pp.103-150; Mario Millones y Enrique Serrano, “Population studies, reproductive behavior and family composition. Some theoretical considerations”, en International Journal of anthropology, vol. 11, april-december 1996, N. 2-4.

13 En adelante denominados como “jefe/cónyuge/ascendentes”, para facilitar el texto.

14 El análisis de la propuesta de hogares forma parte de los trabajos para la elaboración de la tesis de doctorado de Patricia Fernández Ham.

15 Conapo, Cuadernos de salud reproductiva, República Mexicana, septiembre de 2000, p. 41.

scroll back to top
 
Av. México-Coyoacán 343, Col. Xoco, C.P. 03330, Delegación Benito Juárez, México D.F., Tel. (55) 9183 2100

Comentarios sobre este Sitio de Internet Comentarios y Sugerencias sobre este Sitio de Internet
 
CDI. COMISIÓN NACIONAL PARA EL DESARROLLO DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS © 2014 - POLÍTICAS DE PRIVACIDAD Polí­ticas de Privacidad
 
 


Xantolo 2014

Xantolo 2014. Programa de actividades. Morelia, Michoacán.