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Jueves, 22 de Octubre de 2009 18:00
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Del nombre

Los kikapúes se llaman a sí mismos Kikaapoa, que significa "los que andan por la tierra". Algunos autores lo derivan de ki wika pa wa: "el que está alrededor" o "el que se mueve, aquí o allá".

Localización

Los kikapúes viven en el lugar conocido como El Nacimiento de los Kikapúes, ubicado en el municipio de Melchor Múzquiz, Coahuila. Este municipio colinda al norte con el municipio de Acuña; al sur con Buenaventura y Progreso; al oriente con Zaragoza, San Juan Sabinas y Sabinas, y al occidente con Ocampo.

Los kikapúes sólo cuentan con una zona urbana de tipo compacto, aunque su distribución no es homogénea. La propiedad de la tierra es ejidal. La población mestiza llamada "mexicana" habita en todo el municipio de Melchor Múzquiz y sus propiedades colindan con las de los kikapúes.

Infraestructura

Se abastecen del agua de los nacimientos del río Sabinas; para el consumo humano la acarrean directamente de ahí, en tanto que para el uso doméstico y para riego es transportada por un canal que corre a lo largo de la colonia en sus dos partes. Este canal tiene ramificaciones que llegan directamente a las casas llamadas "mexicanas" que tienen instalaciones hidráulicas. La leña es el principal combustible; por tradición, en cada casa de invierno o de verano, el fuego sagrado, símbolo de Dios o kitzahiata, debe conservarse durante todo el año. También utilizan gas licuado, el cual es transportado en vehículos particulares desde la cabecera municipal o desde Nueva Rosita y Palau. Varias familias kikapúes obtienen la energía eléctrica de plantas de gasolina; ésta se utiliza para el funcionamiento de los televisores y la iluminación de viviendas; asimismo, utilizan lámparas de gas. Para obtener servicio telefónico, telégrafo o correo, se trasladan a Múzquiz o directamente a Eagle Pass, en los Estados Unidos de Norteamérica.

Antecedentes históricos

A finales del siglo XVII los kikapúes se encontraban al sur de Wisconsin, Estados Unidos. A principios del siglo XVIII se trasladaron al oeste del Lago Erie, y todo hace suponer que regresaron a Wisconsin. Hacia 1730 se formaron dos grupos que se desplazaron hacia el sur: la banda Bermellón se fue a Indiana y la banda de las Praderas se asentó en Illinois. Ambas se coordinaban pero en ocasiones seguían diferentes políticas y movimientos. A mediados del siglo XVIII se desplazaron hacia Missouri y se formó una tercera banda.

Ya en Missouri las tres bandas se dividen y surgen nuevos grupos y nuevos líderes; uno de ellos se dirige hacia Horton, en Kansas, donde se asientan definitivamente; otras se dirigen hacia Arkansas y Oklahoma, donde los kikapúes permanecen desde 1800-1832 hasta la actualidad, en las poblaciones llamadas Shawnee y McLeod.

En 1824, grupos de kikapúes y de shawnees establecieron contacto con la naciente República mexicana, solicitando permiso al alcalde de la ciudad de San Antonio Bexar, estado de Texas, para asentarse ahí; tal solicitud se debió a la ocupación de su territorio por los anglosajones. El presidente Guadalupe Victoria aceptó esta petición. A partir de 1833, los colonos tejanos, dependientes del gobierno de Coahuila, se rebelaron y pidieron su independencia; entre 1846 y 1848 Coahuila perdió el territorio tejano.

En agosto de 1850, los kikapúes, los mascogos y los seminoles solicitaron al gobierno mexicano un territorio donde vivir. Poco después, el inspector general de las colonias de oriente, Antonio M. Jáuregui, se reuniría con tres representantes indígenas: Gato de Monte por parte de los seminoles, Isidro por los mascogos y Popiman por los kikapúes, para firmar un acuerdo. El general José Joaquín Herrera, presidente de México, autorizó la formación de una colonia militar en la hacienda La Navaja. Se aceptó su establecimiento en el país a condición de que los kikapúes, seminoles y mascogos defendieran a los pobladores mexicanos de los ataques comanches, que tuvieran en armas a 200 hombres, y que jefes y guerreros indios estuvieran sujetos al mando del ejército mexicano que les proporcionaría bastimento, parque y armas. Esto quedó asentado en el Acuerdo de Colonización del 25 de octubre de 1850, año en que los kikapúes y, posteriormente en 1851 los seminoles, juraron fidelidad al gobierno mexicano.

En 1852 solicitaron en la ciudad de México el cambio de la colonia de La Navaja por El Nacimiento. Su petición fue aceptada, además de admitir como colonos a sus familiares que estuvieran en territorio norteamericano.

En 1856 se rompe la alianza entre los kikapúes, seminoles y mascogos, por lo que cada grupo exigió territorio propio y regularizado, herramientas y animales de trabajo. En 1859 los seminoles regresan a territorio norteamericano.

En 1865, Maximiliano acepta la petición de los kikapúes de permanecer en la posesión de los cuatro sitios de ganado mayor, concedidos por el presidente Manuel Arista. Benito Juárez también reconoció la cesión de tierras de El Nacimiento, lo cual ocasionó enfrentamientos con los apaches. En 1870, la colonia militar de El Nacimiento se convierte, bajo las mismas condiciones, en colonia agrícola.

Los kikapúes defendieron tenazmente la frontera mexicana, por lo cual el gobierno de Estados Unidos les ofreció trasladarlos a una reserva norteamericana, ofrecimiento que ellos rechazaron. En 1873 unos 500 soldados norteamericanos, al mando del coronel Mackenzie, atacaron un pueblo kikapú mientras los hombres se encontraban de cacería. Asesinaron a 16 personas y capturaron a otras 39, entre los que se contaban mujeres, niños y ancianos, quienes fueron trasladados a Estados Unidos. Los kikapúes formaron un consejo de guerra para perseguir a los invasores en el desierto de Chihuahua. El gobierno mexicano interpuso reclamaciones diplomáticas y ofreció el regreso voluntario de los kikapúes a Estados Unidos si les regresaban a sus mujeres e hijos. En 1873, 500 kikapúes se dirigieron a la reservación de Kansas; de éstos, cerca de 90 decidieron quedarse en México. Este grupo fue trasladado a Saltillo, de ahí se dirigieron a Durango y, en 1874, 22 familias regresaron a repoblar El Nacimiento y a seguir defendiendo la frontera.

Entre 1877 y 1878 se repitieron las invasiones norteamericanas a Coahuila y Nuevo León; con el pretexto de la persecución de comanches y lipanes atacaban el territorio kikapú. Por el temor de un conflicto con Estados Unidos, en 1878 el gobierno mexicano ordenó que los kikapúes que habitaban San Juan Sabinas fueran trasladados a Saltillo y de ahí llevados a la ciudad de México, de donde algunos fueron enviados a la sierra de Tolimán, en el estado de Querétaro y a la hacienda de San Marcos, en Guerrero, mientras que otros fueron expulsados del país o encarcelados.

En 1883 se creó oficialmente la reservación kikapú en Oklahoma, Estados Unidos; en 1890, el congreso de ese país acordó entregar a cada kikapú que se integrara a ella 80 acres de tierra, oferta que no fue aceptada por los kikapúes mexicanos. En 1899, ante la reclamación de los seminoles de las tierras comunes recibidas en 1850, los kikapúes de México y de Estados Unidos protestaron ante Porfirio Díaz y lograron que él les entregara los títulos de propiedad de El Nacimiento. En el primer lustro del siglo XX, 200 kikapúes se trasladaron de El Nacimiento a Tamichopa, municipio de Baserac, Sonora; poco después, un grupo procedente de Oklahoma también se fue a vivir ahí. Actualmente viven en el lugar alrededor de 130 kikapúes.

Al disminuir los combates en la frontera, los kikapúes se dedicaron a la agricultura y a la caza. Volvieron a usar las armas durante la Revolución mexicana en las filas del maderismo y, posteriormente, en las del constitucionalismo. El presidente Venustiano Carranza emitió un acuerdo el 25 de octubre de 1919 mediante el cual cedía terrenos nacionales a los kikapúes por una extensión de 7 022 ha. Al término de la guerra se dedicaron a la cacería, a reforzar sus vínculos religiosos y a visitar a sus parientes en Kansas, Oklahoma y Texas. En 1937, el presidente Lázaro Cárdenas les dio en dotación un ejido de 4 800 ha para la cría de ganado, y ratificó las 7 022 ha de la colonia agrícola El Nacimiento; les entregó semillas, herramientas y troncos mulares para el cultivo de maíz, y su derecho consuetudinario a la cacería del venado.

Este territorio kikapú, campamento de invierno, se convirtió en un lugar sagrado donde se celebran desde entonces cacerías rituales, misas, ofrendas a sus dioses y danzas.

Los gobiernos posteriores se concretaron a respetar viejos acuerdos con los kikapúes y a apoyarlos en demandas muy concretas de sus autoridades tribales y agrarias, a través de las instituciones específicas.

La conservación de su territorio mexicano, su organización religiosa y la autonomía en sus formas de gobierno, han hecho de los kikapúes un grupo indígena que toma sus propias decisiones.

Lengua

La lengua kikapú pertenece a la familia algonkiniana, originaria de las tribus que habitan en el actual territorio de Estados Unidos, y la hablan todos los miembros de esta comunidad. Dicha lengua es de uso exclusivo para comunicarse entre ellos y consideran que no pueden dejar de hablarla porque Kitzihaiata (Dios) se las enseñó. La mayoría de ellos conoce el español y el inglés; no obstante, el español que hablan es deficiente ya que ninguno de ellos ha recibido instrucción.

Salud

En El Nacimiento no existe ningún tipo de instalación sanitaria, pero reciben atención de profesionales médicos en la cabecera municipal.

Vivienda

Los kikapúes tienen dos tipos de vivienda: casas indias y casas mexicanas. La vivienda india tradicional se renueva dos veces al año; una es la de invierno (apakvenikane) de forma elíptica, con una estructura de troncos delgados y cubiertos de tule a lo largo, formando grandes tapetes. En el centro se coloca el fuego sagrado. Construyen la casa y se bendice para recibir el año nuevo, y es ahí donde se ofrecen los sacrificios sagrados para reconocer y adorar a Kitzihaiata, y a los nuevos miembros de la tribu. La casa para el verano (utenikane) es de forma rectangular, con paredes de carrizo, techo elíptico de tule, con un anexo al frente. En el interior se encuentran camas de varas delgadas sostenidas por troncos, algunas de las cuales tienen colchones o petates, y al centro se encuentra el fuego sagrado. Construyen esta casa quienes se quedan a cuidar el campamento, así como los que no emigran temporalmente a Estados Unidos.

Las familias unidas religiosamente cooperan en la construcción de la casa. Los hombres recolectan y acarrean los materiales, toda la familia construye la estructura, y las mujeres elaboran los petates o esteras. La casa tradicional funge como templo de un clan dentro de la tribu y en ella se realizan los rituales y ceremonias de toda la vida kikapú. Lo primero que hace una familia al regresar de Estados Unidos es construir su casa de invierno; el regreso a El Nacimiento significa también volver a cumplir las promesas a Dios, y poder hacer lo que él quiere: cazar venados, ofrendar costillares y lenguas, danzar y orar.

La casa mexicana es de concreto y lozas, tiene los servicios de la vida moderna, con instalaciones eléctricas e hidráulicas, mobiliario y enseres domésticos comprados en la Unión Americana.

La propiedad de la vivienda es particular. Ésta se construye de preferencia en los espacios de cada clan. Las viviendas son habitadas por familias encabezadas por el hombre de más edad, su esposa, sus hijos y sus hermanos. Los ancianos vigilan la casa-templo y mantienen siempre encendido el fuego sagrado.

Artesanías

La producción artesanal actual consiste en la elaboración de ropa tradicional a partir del curtido de pieles de venado y la fabricación de tehuas o mocasines, mitazas o pantalones, ambas adornadas con chaquira. Las mujeres se encargan además de la preparación de la piel del venado para su corte y bordado con chaquira; realizan esta actividad después de las labores domésticas. Son ellas también quienes se encargan de la comercialización de sus productos, deciden si los venden, si los dejan a consignación o los dan a un intermediario.

Territorio, ecología y reproducción social

La caza es la principal actividad de los hombres kikapúes; con ella se abastecen de carne y pieles. La cacería tiene un carácter ritual y se realiza de manera grupal durante todo el año, sobre todo de enero a abril, meses de celebraciones religiosas de año nuevo, bautizos, misas de agradecimiento a Kitzihaiata y como condición propia del ser kikapú.

La agricultura es una actividad secundaria, pues ellos han sido cazadores por excelencia desde hace mucho tiempo. En El Nacimiento existen pequeñas parcelas individuales; siembran trigo, avena, maíz, cebada, frijol y calabaza.

Los kikapúes tienen en propiedad ejidal una extensión de 7 022 hectáreas, de las cuales cerca de 6 500 son utilizadas como agostaderos y unas 500 son irrigadas.

En El Nacimiento tienen ganado vacuno en propiedad comunal, administrado y comercializado por las autoridades agrarias y tradicionales para gastos sociales y productivos de la comunidad. Hay pequeños hatos particulares propiedad de la familia.

También la recolección de nueces y de chile kipín o piquín tiene cierta importancia comercial; los árboles silvestres son propiedad de los kikapúes y cualquier miembro de la tribu puede juntarlos; los intermediarios llegan al poblado a comprar los frutos.

La ruta ancestral de traslados de campamentos de verano de Norteamérica y de invierno, en México, fue también la ruta para la venta de su trabajo en los campos agrícolas de ese país. En El Nacimiento iniciaban este recorrido después de las fiestas del año nuevo (de enero a abril). Recorrían áreas en las que podían trabajar como recolectores de frutas; al término de la cosecha de un producto en un lugar se trasladaban a otro y así hasta llegar al territorio kikapú. El regreso a El Nacimiento también va precedido de otros trabajos recorriendo diferentes rutas. Estos recorridos aún se realizan año con año; su principal ruta va de El Nacimiento a Oklahoma. Toda la familia realiza de manera coordinada este trabajo. Los ancianos no emigran, se quedan a trabajar en los pequeños campos agrícolas y a cuidar el ganado. Este ciclo inicia en mayo y termina en noviembre, cuando regresan a El Nacimiento a preparar el campamento y las casas de invierno.

Organización social

Las autoridades tradicionales reconocen a un jefe o capitán de la tribu que es, al mismo tiempo, sacerdote. Por diversas circunstancias históricas ahora hay dos jefes o capitanes, que son responsables de la vida civil y religiosa. Ambos dirigen sus celebraciones o "misas", bautizan y vigilan el cumplimiento de las ofrendas a su dios.

Se cree que estos jefes tienen los conocimientos sobre su religión, son los justos y los sabios de la comunidad. Los capitanes eligen como consejeros a ancianos reconocidos como personas de honor; fungen como jueces, organizadores de los trabajos colectivos y de la supervisión de intercambio en el trabajo agrícola. Existen otros servidores religiosos que son responsables de los clanes y de sus propias manifestaciones religiosas.

Las autoridades agrarias o comisariado ejidal, subordinadas a las autoridades tradicionales, son las responsables legales ante las autoridades mexicanas de los asuntos relacionados con la tierra, la cacería y el bienestar comunitario.

Cosmogonía y religión

Todo kikapú debe cumplir con lo que Dios ha mandado. Kitzihaiata escogió a los kikapúes para poblar la tierra, por lo cual deben cumplir con sus mandatos y estar preparados para enfrentar el momento final del mundo, que les permitirá ir con dios a cazar venados de manera permanente. Ser buen kikapú significa cumplir siempre con los ritos de cacería, purificación, año nuevo, fuegos sagrados y bautizos por medio de oraciones, sacrificios y ayunos.

Las celebraciones rituales siempre van acompañadas de carne de venado. El momento culminante de sus oraciones consiste en el consumo de la lengua de este animal, devolviéndolos así a quien se los da, a Kitzihaiata. El venado representa el centro de la vida kikapú; cada venado sacrificado vuelve a nacer. Por esta razón no dejarán de existir y no hay peligro de que se extingan.

El fuego constantemente encendido en el centro de la casa recuerda a los kikapúes que siempre deberán tener encendida la oración a Kitzihaiata. Sobre el fuego sagrado se secan las lenguas y los costillares de venado que se consumirán en las misas y bautizos, en las fiestas de año nuevo y en el regreso a los campamentos de invierno.

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Última actualización el Jueves, 10 de Diciembre de 2009 11:51
 
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