Del nombre
El nombre de tepehuanes, tepehuanos o tepehuán es
sin duda de origen náhuatl, derivado de tépetl, cerro y huan,
partícula posesiva; es decir, "dueño de cerros". Otra
interpretación señala que el término tepehuani significa
"conquistador o vencedor en batalla".
Los tepehuanes se llaman a sí mismos o'dam,
"los que habitan". Se les nombra tepehuanes del sur para distinguirlos
de los tepehuanes del norte que viven en el estado de Chihuahua, quienes están
más emparentados en muchos sentidos con los tarahumaras.
Localización
Los o'dam habitan principalmente en el extremo sur del estado
de Durango, región que forma una media luna que alcanza a tocar los
estados de Nayarit y Zacatecas. Sus asentamientos se ubican entre los 2000
msnm en la montaña, hasta los 400 m sobre el nivel del mar, en las
barrancas; se encuentran dispersos y en número no exceden los mil habitantes.
La mayoría de los tepehuanes forman parte de siete comunidades ancestrales
que administran la tierra bajo el régimen de propiedad comunal: San
Bernardino Milpillas Chico y San Francisco de Lajas en Pueblo Nuevo, Durango,
María Magdalena Taxicaringa, Santiago Teneraca, San Francisco Ocotán
y Santa María Ocotán en Mezquital, Durango, San Andrés
Milpillas Grande en Huajícori, Nayarit.
Infraestructura
El acceso terrestre a la zona es muy difícil ya que
se ubica en las inmediaciones de la Sierra Madre Occidental. Hay tres entradas
principales para vehículos: la de Fresnillo, Zacatecas, para llegar
a Canoas y San Antonio de Padua; la de Vicente Guerrero, Durango, para entrar
a Santa María y San Francisco Ocotán y la de la ciudad de Durango
que se une a esta última y continúa hacia Taxicaringa, Milpillas
Chico y Lajas. Los primeros tramos son asfaltados, después de terracería
y en territorio indígena se convierten en brechas transitables sólo
para vehículos de alta suspensión.
Varias comunidades cuentan con pistas aéreas que
se han instalado para edificar los albergues escolares, pero no hay vuelos
regulares. Tampoco hay servicio de ferrocarril. Las rutas de autobuses sólo
van a Milpillas Chico, por lo que el medio de transporte más usual
es pedir "aventones" a particulares o a trabajadores de instituciones
oficiales que transitan en vehículos. Otra alternativa es transportarse
a pie o en animal, para lo cual se utiliza una vasta red de veredas que comunican
a pueblos y rancherías.
En cuanto a las telecomunicaciones, en 1990 se inició
un programa de telefonía rural por vía satélite que se
abastece con energía solar, además se instalaron casetas en
las poblaciones de Charcos, Charco Grande, Guajolota, Santa María Ocotán
y Huazamota. El servicio de radiogramas sólo existe en los campamentos
de las industrias forestales, clínicas del Instituto Mexicano del Seguro
Social (IMSS) y residencias de la Comisión Nacional Para el Desarrollo
de los Pueblos Indígenas (CDI), antes Instituto Nacional Indigenista
(INI). La televisión llega a pocos lugares que están a gran
altitud, pero no tiene buena señal. No hay telégrafo. No hay
canales de riego ni mucho menos redes de agua potable.
La atención médica institucional se ha incrementado
y cubre gran parte del territorio. La demanda que tienen es aceptable ya que
no se contrapone a los modos tradicionales de curación, además
de que la atención es gratuita, sólo se les pide a cambio que
colaboren en actividades sociales.
Existen albergues escolares atendidos por la CDI; por su
parte, el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA)
organiza un programa de alfabetización y regularización. La
enseñanza que se imparte trata de ser bilingüe, pero aún
no ha sido posible cubrir todos los puestos con hablantes de la lengua. Por
medio de la SEP se instalaron cinco Centros de Educación y Capacitación
de la Mujer, dedicados al diseño de ropa y trabajos manuales.
Antecedentes históricos
Según estudios arqueológicos, los primeros
pobladores de los valles y sierras del actual estado de Durango arribaron
hace aproximadamente 16 mil años y procedían del suroeste de
Norteamérica. El cultivo del maíz propició la sedentarización
de estos pueblos. Puede hablarse de la existencia de una época clásica
alrededor del año 500 d.C., vinculada con la cultura Chalchihuites,
que se desintegró aproximadamente en el 1200 d.C., debido quizás
a la intrusión de nuevas olas de inmigrantes, con los que se configuró
la gran variedad de grupos existentes a la llegada de los españoles.
Los indígenas que ocupaban los llanos, valles, quebradas y sierras
de Durango a principios del siglo XVI, debieron ser grupos semisedentarios
que combinaban la agricultura con la caza, la pesca y la recolección.
La conquista y colonización del norte de la Nueva
España se destacó por ser una empresa particular. La Corona
cedió todos los derechos a hombres prominentes para administrar y explotar
las riquezas a su arbitrio. Esto provocó que la violencia contra los
grupos nativos se intensificara, para obligarlos a trabajar en las minas.
Las órdenes religiosas fueron un factor importante en la congregación
de poblados para dichos fines. Aquellos que se opusieron huyeron a las partes
más inaccesibles de la sierra, pero hay testimonios de que los persiguieron
y destruyeron sus cultivos para obligarlos a trabajar. Todo esto propició
la extinción, reubicación, aculturación y rebelión
de los pueblos nativos. Los levantamientos armados fueron frecuentes desde
los primeros años. Hacia 1590, y luego en 1601, hubo grandes rebeliones
en las minas de Topia, antecedentes de la gran insurrección encabezada
por los tepehuanes en 1616, en la cual varios pueblos y reales de españoles
fueron saqueados. Las crónicas dan a entender que se trató de
un movimiento general donde participaron tarahumaras, coras, acaxes, xiximes
e incluso negros, con el objeto de expulsar a los europeos. El movimiento
de corte eminentemente mesiánico fue derrotado debido a la falta de
organización de los insurrectos.
Debe destacarse que durante la pacificación, a los
ejércitos españoles estaban incorporados indios aliados. Fueron
los mismos tepehuanes quienes unidos al poder hispano derrotaron, a fines
del siglo XVII, a los coras. El pago por esta valiosa ayuda fue la demarcación
y entrega de los títulos primordiales a las comunidades de Santa María
Ocotán, San Francisco, Teneraca y Taxicaringa. No obstante, los tepehuanes
del valle de Canatlán fueron deportados en el mismo periodo a Milpillas
Chico y Lajas a causa de su belicosidad. El traslado de tepehuanes, provenientes
de los llanos hacia el interior de la sierra, ha sido constante. Todas estas
reubicaciones fueron consecuencia de los levantamientos indígenas que
obligaron en 1738 a trasladar la capital de la Provincia de Durango a Parral.
Es importante destacar que la localización actual de los tepehuanes,
divididos en dos grupos (norte y sur), se circunscribe a un largo proceso
de reacomodos forzados y a una paulatina aculturación.
La lucha por defender su territorio es constante entre los
tepehuanes. Durante la Revolución y la primera guerra cristera se levantaron
en armas; la lucha agraria debió ser la bandera que los motivó,
pues el armisticio que se logró después de la primera guerra
cristera tuvo como resultado el derecho al reparto y uso de tierras entre
la comunidad de Santiago Bayacora. Cuando se desató la segunda guerra
cristera, que se prolongó hasta 1934, su epicentro fue en la Sierra
Madre de Jalisco y Durango. La resistencia cristera en esta ocasión
siguió infringiendo serias derrotas al gobierno, al grado de que éste
se vio obligado a recurrir al primer ataque aéreo realizado contra
la población civil en México, tal y como lo recuerda la tradición
oral de la región. La persistencia de las demandas fue el factor decisivo
para que los o'dam recibieran en 1936 el reconocimiento legal como comunidades
agrarias, obteniendo la resolución presidencial con base en los primeros
títulos de la época colonial.
A pesar de todo, los conflictos en torno a la tenencia de
la tierra no han cesado. Los ganaderos mestizos de Zacatecas invaden constantemente
sus tierras y pastos.
Lengua
El idioma de los o'dam pertenece al tronco yuto-azteca en
su rama primaria. Dentro de la misma lengua tepehuana hay diferencias dialectales
(de fonética y léxico) entre los que viven en el Mezquital y
Pueblo Nuevo, lo que no impide la mutua inteligibilidad. Es frecuente encontrar
casos de trilingüismo, sobre todo en las zonas interétnicas donde
algunos aprenden otra lengua indígena, ya sea por el trato frecuente
o por la unión matrimonial de hablantes de diferentes lenguas.
Salud
A pesar de que existen médicos tradicionales, sólo
se recurre a ellos en caso de gravedad, dado el alto costo de sus curaciones.
Una simple limpia puede costarle al paciente un cerdo (o su equivalente en
dinero), y una curación prolongada hasta una res, siempre y cuando
el enfermo sane. Esta situación obliga a que se practique en familia
una terapia muy rudimentaria, que consiste, por ejemplo, en ayunos o búsqueda
de calor durmiendo junto al fuego; o bien siguiendo los consejos que se dan
unos a otros en la utilización de remedios naturales y medicina alópata
que se consigue en las misceláneas. El curandero utiliza una variedad
de métodos con el fin de sanar al paciente, como sobar calentando sus
manos, chupar sangre mala con tubos de carrizo, limpias con plumas de águila
o gavilán, bocanadas de humo de tabaco macuche acompañadas de
una petición a la deidad intercesora, o chupando de la frente los objetos
que atacan al paciente; esta terapia se sigue también para las enfermedades
que envían los muertos a los familiares que no cumplen con sus obligaciones
rituales. Las mejores horas para curar son el amanecer y el mediodía
para los vivos y durante la noche para despedir el alma de los muertos. Cualquier
curación tiene mucha mayor eficacia si se practica durante el mitote.
Las enfermedades más frecuentes son las gastrointestinales
y las infecciones en vías respiratorias ocasionadas por un alto índice
de desnutrición. También se necesita con frecuencia suero contra
el piquete de alacrán.
Vivienda
Los tepehuanes llegan a tener dos o más casas. La
principal se construye en una ranchería cercana a la familia del hombre.
La misma familia puede tener también una casa en la comunidad para
asistir a fiestas o asambleas. Otro tipo de residencia es la que instala una
pareja junto con sus hijos en el lugar donde trabajan la milpa. Alternan,
pues, la convivencia de varias familias con el aislamiento en sus rancherías
dispersas; esto obedece a sus necesidades productivas y de participación
ritual.
Es un patrón regular que cada pareja tenga su cuarto
y comparta una cocina común aparte. Acompañan a esta distribución
ancestral un carretón o troje, y corrales o chiqueros para los animales.
Los materiales de construcción son diversos. Predominan
las casas de madera (tablas o troncos); siguen las de adobe, las de piedra
con lodo y, en los pueblos, las construcciones de concreto. Los techos de
lámina y cartón son más comunes que los cada vez más
escasos de bajareque y paja. Los techos son de dos aguas. Como característica
particular puede observarse que las habitaciones se levantan a medio metro
del piso y se limpia su contorno para impedir la entrada de alacranes y otros
animales.
Artesanías
Los artículos de mayor demanda en el exterior, por
su rica decoración, son los morrales de estambre (de telar o punto
de cruz) y las redes (de ixtle o cordón plástico). Otros productos
solicitados son los sombreros de soyate decorados también con estambre,
los equipales y bancos, las pipas de carrizo y las ollas, comales y platos
de barro crudo sin decoración.
Hacen muñecos y animalitos rústicos con barro
para jugar, además de carritos de madera de hasta un metro de largo.
Se hace una que otra máscara de madera sin pintar para las fiestas.
Sin embargo, no se ha dado una comercialización sistemática
de estos productos.
Territorio, ecología y reproducción social
El territorio de las siete comunidades tepehuanas abarca
oficialmente 9 379 km2. Se ubica en las inmediaciones de la Sierra Madre Occidental,
en una zona templada subhúmeda de superficie abrupta. Los suelos son
de diversos tipos, predominan los arcilloso-arenosos. El clima va de templado
a frío en las partes más altas (caen heladas y nevadas en invierno)
y es cálido a todo lo largo de la barranca del río San Pedro.
La estación de lluvias dura de junio a octubre con una precipitación
promedio de 500 mm. La fauna es muy variada; hay tigrillo, venado, puma, armadillo,
zorrillo y jabalí; guajolote silvestre, codorniz, urraca, perico y
guacamaya; coralillo, cascabel, chirrionera, tilcuate, alicante, tortuga y
según algunos, caimanes en el río San Pedro. De éste
se obtiene camarón de río, acamayas y huachinango para autoconsumo.
La flora predominante en las barrancas son los huisaches, guamúchiles,
capomos, y los árboles frutales como el guayabo, el mango, el ciruelo,
el plátano, el limón, el naranjo, el arrayán, el aguacate
y el zapote. En época de lluvias abundan las enredaderas y los pastos.
En la montaña, los recursos principales son los bosques de coníferas
y los pastizales. Se estima que más del 75% de la región está
cubierta de árboles perennes y que la mitad de ellos son pinos y cedros
maderables. La explotación de este producto es la mayor fuente de riqueza
y el vinculo indiscutible con la vida nacional. Las compañías
madereras iniciaron la explotación mediante concesiones, a cambio de
dinero por millar de árbol talado. Con el paso del tiempo se instalaron
aserraderos que hacen más eficaz la explotación del bosque y
de los comuneros, que a veces trabajan como peones para las compañías
taladoras; sin embargo, es frecuente que suspendan la jornada por fallas mecánicas
o por falta de diesel.
La actividad ganadera es la más relevante, pues participan
en ella todos los comuneros, crían de preferencia el ganado vacuno,
caprino y en menor escala el ovino y porcino. No existen buenos pastizales,
por lo que se practica la ganadería extensiva.
No se produce maíz suficiente, ni siquiera para el
autoconsumo, pues éste se cultiva en las laderas, con muy bajo rendimiento,
con el palo sembrador o coa. Para complementarse, las familias deben comprar
maíz en las tiendas Conasupo.
En algunas zonas se destila mezcal para vender en la región,
y en las recónditas quebradas de San Francisco se han sembrado a veces
amapola y marihuana; estas actividades sólo han dejado problemas a
las comunidades.
Si bien desde hace años los tepehuanes bajan a la
costa de Nayarit para contratarse en las plantaciones de tabaco y plátano,
con el recrudecimiento de las condiciones económicas, la migración
ha aumentado al grado de que todos los años van a trabajar al valle
de Culiacán y a Canatlán, Durango. La migración a Estados
Unidos es mínima. El dinero que obtienen se utiliza para patrocinar
fiestas o comprar maíz y pagar créditos agrícolas.
Organización social
La incorporación de las comunidades tepehuanas a
la sociedad nacional ha creado una compleja red en donde coexisten:
1) La autoridad moral representada por los ancianos, consejeros
y el notaste, o jefe del patio comunal del mitote, que resuelven los conflictos
familiares y políticos más relevantes de la comunidad.
2) El gobierno tradicional, formado por el gobernador o
ixcai, un alcalde mayor, un capitán y varios alguaciles, que se eligen
por consenso cada dos o tres años.
3) El comisariado de bienes comunales, encabezado por el
comisario y los jefes de cuartel, cuya actividad principal es la explotación
del bosque. También existen un secretario, un tesorero y el administrador
del aserradero. Los encargados se cambian cada tres años y se eligen
por votación.
4) La presidencia municipal la ocupan con frecuencia individuos
de extracción indígena. Aunque no de manera directa, esta instancia
intercede en la tramitación de muchos de los asuntos de la comunidad,
pero casi siempre con fines partidistas.
Cosmogonía y religión
Si bien la influencia de la religión católica
agregó un ciclo festivo con su santoral, el sentido religioso del tepehuán
es dominado por su pasado mesoamericano. En la mitología o'dam los
personajes bíblicos y santos están integrados a sus historias.
Su culto no difiere de cualquier otra divinidad nativa; se les ofrenda sangre,
comida, plantas y dinero, igual que al sol. El complejo religioso más
importante gira alrededor del mitote o xibtal, ritual que consiste en una
danza que se realiza alrededor del fuego durante la noche, al son de un arco
musical. Hay dos clases de mitote: el familiar, al que asisten los parientes
con apellido patrilineal, y el comunal al que van, hipotéticamente,
todos los miembros de la comunidad. Por lo regular celebran dos de cada uno
de ellos: para pedir lluvias en mayo y para bendecir los elotes en octubre.
Ante un problema grave, se organizan mitotes extraordinarios.
La muerte y los muertos para los o'dam tienen un significado
relevante, por lo que llevan a cabo diversas actividades para mantenerlos
contentos y alejados de los vivos.
Fiestas
Cada comunidad cuenta con un ciclo distinto de fiestas,
introducidas a raíz de la evangelización colonial, que son patrocinadas
por los mayordomos, elegidos con un año de anticipación, para
que reúnan los fondos necesarios para pagar los adornos y la res que
se sacrifica en ofrenda al santo conmemorado. La ceremonia se inicia en la
víspera con la colocación de velas y con el rezo, mientras los
músicos tocan varias canciones con guitarra y violín. Al día
siguiente, las autoridades entregan sus varas y ceden el poder al santo. Los
mayordomos encabezan la procesión para llevar al santo a una capilla
cercana. Allí se le entregan las ofrendas, se presenta la Danza de
matachines y se reparte comida a los asistentes. Se hace el cambio de mayordomos
y se lleva de nuevo el santo a la iglesia. A veces la ofrenda dura otros cuatro
fines de semana.
Las fiestas de mayor importancia son las de Semana Santa,
ligadas a los tiempos de sequía y la de San Miguel y San Francisco,
relacionadas con los elotes. Comparada con el mitote, la fiesta es un evento
más profano.
Relaciones con otros pueblos
Del lado suroeste, los tepehuanes de Milpillas comparten
espacios con los mexicaneros y coras; los de San Francisco limitan con huicholes,
coras y mexicaneros; este contacto tiene varios siglos de existencia. El cambio
de residencia de los o'dam en busca de mejores tierras, es el motivo principal
de que pidan permiso para habitar con sus vecinos. La convivencia ha sido
en general pacífica, sobre todo teniendo en cuenta que el tepehuán
recurre mucho a la violencia.