Del nombre
No hay certeza sobre el significado preciso del vocablo otomí.
En otomí, otho significa no poseer nada, y mi, establecerse. Estas dos
palabras podrían interpretarse como pueblo errante. También se
puede considerar que otomí proviene del náhuatl otocac, el
que camina, y mitl, flecha; asimismo, se puede derivar de totomitl,
flechador de pájaros o aves. Si tomamos en cuenta los distintos
significados, el término otomí se puede definir como "cazadores
que caminan cargando flechas". En su lengua, los otomíes se autodenominan
Hña Hñu, que significa hablantes de otomí o gente
otomí.
Localización
Apegándonos al criterio lingüístico, los
otomíes habitan en 14 de los 121 municipios del Estado de México.
En orden de importancia están Toluca, Temoaya, Jiquipilco, Morelos, Otzolotepec,
Chapa de Mota, Lerma, Aculco, Amanalco, Huixquilucan, Xonacatlán, Timilpan
y Zinacantepec. La mayoría de estos municipios se ubican en dos regiones:
la noroeste, Atlacomulco-Timilpan, y la región centro, Toluca-Lerma.
Las características del hábitat de los otomíes
son variadas, pues cuenta con valles, bosques y montañas. La planicie
más alta es el valle de Toluca, con una altura de 2 683 msnm; al noroeste
se encuentran valles como Acambay, Tixmadejé, Plan de San Bartolo y El
Pastor. La región es atravesada por el monte de las Cruces, la sierra
del Monte Alto y Monte Bajo, así como la sierra de San Andrés
Timilpan, y es irrigada por el río Lerma. Los climas predominantes en
la región son el templado subhúmedo y frío, las lluvias
se presentan en verano y las heladas en invierno.
Infraestructura
Por su ubicación geográfica, cercana a la capital
del país, esta zona se ha visto favorecida con el mejoramiento y modernización
de sus vías de comunicación y transporte. Al norte del estado
destaca la carretera federal que parte del Distrito Federal y pasa por Toluca,
con destino al estado de Querétaro; esta carretera atraviesa la región
noroeste, en la que se asienta la mayor parte de la población otomí.
El estado cuenta con vías férreas importantes, transportación
terrestre diversa y un aeropuerto, que se ubica en la capital del estado.
En las cabeceras municipales hay servicio de energía
eléctrica, casetas telefónicas, telegráficas y de correos,
estaciones de radio, parques y centros deportivos. En las localidades donde
habitan otomíes, los servicios públicos básicos como agua
potable, energía eléctrica y drenaje son deficientes.
En cuanto a servicios educativos, algunas poblaciones indígenas
cuentan con primaria y secundaria; para tener acceso a la educación media,
los estudiantes se trasladan a las cabeceras municipales, y a la capital del
estado, para el caso de la educación superior.
En esta región, diversas instituciones ofrecen servicios
de atención a la salud, entre otras, el Instituto Mexicano del Seguro
Social (IMSS), la Secretaría de Salud y el Instituto de Seguridad Social
al Servicio de los Trabajadores del Estado (ISSSTE). Este servicio se proporciona
en las cabeceras municipales y sólo en algunas localidades rurales.
En los municipios mexiquenses de Acambay, Aculco, Chapa de
Mota, Huixquilucan, Jiquipilco, Lerma, Morelos, Otzolotepec, Temoaya, Timilpan,
Xonacatlán y Zinacantepec se concentran la mayor parte de los hablantes
de otomí.
Lengua
La lengua otomí tiene variantes dialectales, las cuales
están asociadas con los distintos lugares geográficos donde habita
este grupo étnico. En general, estas diferencias se presentan en los
niveles fonológico, fonético y sintáctico. La lengua otomí
está considerada como una lengua tonal, lo cual hace que su escritura
sea compleja. De acuerdo con la clasificación lingüística
que se ha realizado sobre las lenguas indígenas, la familia otomangue
se clasifica en mixteco, popoloca, chiapaneco-mangue, chinanteco, amuzgo y otopame.
De este último, se desprende la rama otomí-pame, mientras que
del otomí se derivan las siguientes lenguas: otomí, mazahua, matlatzinca
y ocuilteca.
Salud
Los otomíes clasifican el origen de las enfermedades
en dos niveles: las de origen natural y las de origen sobrenatural. A las primeras,
las combaten con medicina alópata; las segundas forman parte de la cosmovisión
del grupo. Para los otomíes, los orígenes de las enfermedades
tienen una base mágico-religiosa; para curarse acuden con terapeutas
tradicionales, como son las parteras y los hueseros, hierberos y rezanderos.
Las familias otomíes frecuentemente utilizan plantas medicinales para
curar sus males. Hoy día, la población otomí es atendida
por diversas instituciones de salud como el IMSS, DIF, Secretaría de
Salud e ISSSTE, a través de pequeños consultorios, clínicas
y hospitales que se ubican principalmente en las cabeceras municipales. Las
enfermedades más comunes que padecen los miembros de este grupo son las
gastrointestinales y las broncorespiratorias.
Vivienda
La vivienda original otomí ha cambiado constantemente.
Los materiales tradicionales como el adobe, el tejamanil y la madera, han sido
sustituidos por materiales más modernos. Actualmente las viviendas son
de dos o tres cuartos, cocina y sala comedor; las paredes están construidas
con tabique o tabicón, los techos son planos y de concreto y las puertas
y ventanas son de fierro. La mayor parte de las viviendas cuenta con su cocina
tradicional que conserva el "fogón" colocado en el suelo, que
es un espacio pequeño en forma circular rodeado de cuatro o cinco piedras.
La distribución del espacio en el cual están construidas las viviendas
otomíes se divide en casa-habitación, cocina tradicional, patio,
huerto familiar, granero o zincolote, donde se guarda el maíz, y corrales
para animales de traspatio.
Artesanías
Desde 1970 se ha impulsado la producción de tapetes
de lana, los cuales son fabricados especialmente por las mujeres otomíes
del municipio de Temoaya. Los molcajetes y metates de piedra negra se elaboran
en el municipio de Acambay, donde también se hacen bolsas de paja de
trigo, sombreros de palma, canastas y sillas de tule. En algunas localidades
de Toluca se hacen piezas de alfarería y ayates de fibra de maguey, mientras
que en Otzolotepec se producen fajas, manteles y servilletas tejidas a mano.
En Xonacatlán sobresalen los textiles elaborados en telares de cintura.
Territorio, ecología y reproducción social
El territorio en el que habita el grupo otomí cuenta
con diversas formaciones montañosas, cerros y valles, alturas que fluctúan
entre 1 000 y 3 300 m, climas fríos y climas templados subhúmedos.
La actividad tradicional de los otomíes es la agricultura,
dedicada especialmente a la producción de maíz para el autoconsumo;
también siembran frijol, chile, trigo, avena, alfalfa, cebada, papa y
haba. Los cultivos se realizan con técnicas y herramientas tradicionales.
También se practica la ganadería lanar, porcina y equina. Como
complemento de la subsistencia familiar se crían animales de traspatio,
como guajolotes, gallinas y pollos.
La caza furtiva y la deforestación en la región
han originado que diversas especies de flora y fauna se encuentren en peligro
de extinción.
La alimentación básica de las familias otomíes
consiste en tortillas de maíz, frijoles, huevo, quelites, quintoniles,
malva, queso y, en algunas ocasiones, carne de pollo o de res. En cuanto a bebidas,
acostumbran tomar café, atole, té de diversas hierbas, refrescos
y pulque.
Los municipios en los que se concentra la población
otomí se caracterizan por ser expulsores de población. Según
datos proporcionados por el Consejo Nacional de Población, los municipios
de Acambay, Jiquipilco, Otzolotepec y Temoaya tienen la categoría de
"fuerte expulsión"; Aculco, Amanalco, Chapa de Mota, Huixquilucan,
Morelos, Timilpan y Xonacatlán presentan "expulsión";
Zinacantepec "equilibrio" y sólo Lerma y Toluca presentan la
categoría migratoria de "atracción". La población
de estos municipios se traslada básicamente al Distrito Federal y lugares
aledaños a éste. Los otomíes, sin embargo, mantienen los
vínculos con sus lugares de origen, a donde regresan periódicamente,
e incluso acuden a sus parcelas en temporadas de trabajo en los cultivos.
Organización social
La familia nuclear formada por el padre, la madre y los hijos,
constituye la unidad básica de las comunidades de este pueblo indígena.
La autoridad principal está representada por el padre, quien, con la
madre, educa, enseña y transmite las costumbres y hábitos culturales
del grupo. Cada miembro de la familia tiene bien definido su trabajo. Los hombres
cultivan la tierra, construyen y reparan la casa, cuidan el ganado y participan
en el trabajo comunitario; las mujeres elaboran los alimentos, limpian la casa,
lavan la ropa y crían los animales domésticos. En los tiempos
de siembra y cosecha toda la familia participa en esas actividades.
Hoy día, aunque la elección de casarse es propia
de la pareja, contraer matrimonio por lo civil y ante la Iglesia sigue siendo
requisito fundamental para los otomíes. Otra relación muy respetada
son los vínculos de compadrazgo, que surgen en el bautizo y se consideran
como la vinculación simbólica más importante en este grupo
indígena.
Las comunidades otomíes están divididas en cuarteles
o barrios. En cada uno de éstos hay un representante, que es elegido
por el delegado municipal y el pueblo. Este representante tiene la función
de servir como intermediario entre su comunidad y los representantes del gobierno
municipal. Los otomíes conservan la mayoría de los cargos religiosos
tradicionales, como son los mayordomos y fiscales, aunque hoy día la
elección es voluntaria. El trabajo comunitario, conocido como "faena",
todavía perdura entre las comunidades de esta población indígena.
La organización política de los pueblos otomíes
se centra en torno al ayuntamiento constitucional.
Cosmogonía y religión
Algunas investigaciones hacen pensar que hay tres hechos históricos
que influyen en la actual concepción religiosa y cosmogónica del
grupo otomí. El primero fue el origen de los otomíes; el segundo,
la presencia de toltecas en su territorio; y el tercero, la evangelización
realizada por los misioneros españoles.
Las prácticas religiosas de este pueblo son una combinación
de elementos católicos y prehispánicos, sincretismo que guía
las concepciones del grupo, como son el culto a los muertos, la creencia en
ciertas enfermedades, los sueños y anécdotas que prevalecen en
la vida otomí.
La mayor parte de esta población profesa la religión
católica y son muy apegados a la veneración de diversas imágenes
cristianas; en los últimos años se ha incrementado la presencia
de grupos religiosos protestantes en las comunidades otomíes.
Fiestas
Las fiestas que celebran los otomíes del Estado de
México se enmarcan en el calendario religioso católico. Festejan
a la Virgen de la Concepción, San Pedro, San Miguel, San Juan, Virgen
de Loreto, Santiago Apóstol y otros más. Para llevar a cabo una
fiesta, en cada comunidad se forma una comitiva, la cual se encarga de recolectar
una cooperación en cada barrio o cuartel. El dinero recolectado se utiliza
para la compra de adornos, juegos pirotécnicos, comida y música.
Un autor señala que los rituales festivos se convierten en un espacio
que permite a los otomíes reencontrarse con los suyos, con sus raíces;
les permite, además, reproducir valores tradicionales, así como
reafirmar su identidad como integrantes de un grupo social definido. En estos
festejos, su participación se debe a un compromiso de fe y a un sentido
de cohesión étnica.
Relaciones con otros pueblos
Los otomíes establecen diferencias en el trato tanto
entre ellos mismos como con sus vecinos los mazahuas, pueblos que constituyen
los dos grupos indígenas más importantes del Estado de México.
Las manifestaciones culturales de relación, como el trato y la convivencia,
son discretas; puede afirmarse que el compadrazgo es la forma más común
que establecen los otomíes con los "otros".