CDI. Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. México
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Miércoles, 27 de Enero de 2010 18:00
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La exposición fue realizada en 1989 y consta de 138 imágenes. Ésta colección reúne a más de 50 autores representativos de 1887 a 1987, mostrando diferentes realidades de los pueblos indios de México.

La Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) presenta la muestra México: un siglo de fotografía indígena, como reconocimiento al valor y a la presencia activa de las culturas autóctonas del país.

Estos trabajos representan una inestimable memoria histórica de los rostros, costumbres y contextos de los grupos indígenas de México, desde finales del siglo XIX y a lo largo del siglo XX. Ofrecen una visión crítica de la manera en que la sociedad dominante ha mirado, y por tanto, retratado e interpretado a la sociedad indígena como “lo otro”.

Las imágenes de los más de cincuenta fotógrafos que se exhiben, revelan los particulares modos de expresión artística que correspondían a concepciones políticas, a prejuicios sociales y a la visión estética de cada época. De forma consciente o inconsciente, el fotógrafo participa activamente en su momento histórico y contribuye a fijar en el tiempo la imagen del proceso que le ha tocado vivir.

El acelerado desarrollo técnico de la fotografía en los últimos cien años, ha permitido tanto al profesional como al aficionado jugar con la luz, los encuadres, las texturas y los colores. Ello ha resultado en una mayor libertad para explorar las distintas manifestaciones de la vida, para plasmar, contravenir o renovar las concepciones históricas de un pueblo.

PRIMERA ÉPOCA.

Los fotógrafos extranjeros llegan a México desde mediados del siglo XIX, período de plena expansión mundial del capitalismo europeo. Los primeros fotógrafos se encuentran influidos por el espíritu de la época, espíritu de exploración, conquista y aventura. Sus imágenes captan lo exótico, lo desconocido, aquello que interesa a las sociedades metropolitanas.

Hacia finales del siglo, llegan fotógrafos influidos por las corrientes anticolonialistas. Quienes siguen una vertiente romántica, encuentran en México el paisaje “virgen” que en Europa occidental empieza a ser destruido; en cambio, quienes tienen una visión antropológica tratan de interpretar la realidad indígena para preservar la imagen de los grupos sociales amenazados por el colonialismo y la expansión industrial.

Los fotógrafos mexicanos asumen la postura del porfiriato hacia el indígena: el régimen se veía a sí mismo como un México occidentalizado en el que el indio no tenía cabida. Por eso retratan a los indígenas en escenarios de ambientación burguesa, aislados de su entorno familiar en el tiempo y en el espacio. No es la imagen de un instante sino la imagen posada en una época.

SEGUNDA ÉPOCA.

Se inicia el siglo XX con años de revolución en México: tiempo de mil tiempos, país de mil rostros. Es época de búsquedas y definiciones, de lograr un sólo ser nacional.

El movimiento social exalta un nacionalismo intransigente; algunos contingentes revolucionarios oponen a lo extranjero los valores de las culturas autóctonas.

Esta época de transición se refleja en el quehacer artístico, en la manera de hacer fotografía. La revolución y sus actores son objeto de la documentación fotográfica, testimonio visual del que surge el nuevo rostro de México.

Con el rompimiento del viejo orden social, la fotografía se separa del prototipo de la imagen establecida por el pictorialismo romántico del siglo XIX y empieza a desarrollarse como arte independiente.

Los avances técnicos de la fotografía permiten por fin, captar el instante. El indígena aparece ahora como protagonista beligerante de la lucha armada o posando para el lente de quien anda a la caza del rostro de México.

TERCERA ÉPOCA.

Atrás quedaron las trincheras, el rumor de guerra. Persiste la imagen diversa de México. Viene ahora el período de creatividad (1920-1940), de búsqueda del alma mexicana. Se recupera el pasado indígena como símbolo primigenio de la nacionalidad; los artistas plasman al indio redimido, pero se condena al indio vivo a la aculturación.

Atraídos por el México de alma india, nuevamente llegan al país fotógrafos que le dan la espalda al espíritu moderno, que se dedican a desarrollar la singularidad de la fotografía como medio de expresión estética. Utilizando este legado de un nuevo quehacer del fotógrafo, los mexicanos van creando nuevas modalidades: buscan lo esencial de la nación mirando dentro del país para definirse ellos mismos; crean una memoria visual de los tiempos indígenas, denuncian la miseria e injusticia en que viven las comunidades.

También se amplía la fotografía comercial, envuelta en el paternalismo que convierte lo sustantivo en folklore, y que ofrece el alma de México en los rostros, cuerpos y trajes, sin ir más allá de la superficie.

CUARTA ÉPOCA.

Este período comprende los años de crecimiento, años de milagro mexicano, del reconocimiento de similitudes y coexistencias históricas: México puede construir una utopía y ser todo, indio, mestizo y occidental, sin abocarse a la fatalidad.

Pero también es la época de los años 60 y la quiebra de la visión complaciente: años de conciencia, cuestionamientos y búsqueda de transformación. Ya no se busca la imagen, se pretende la liberación de la misma.

La fotografía es tomada como vía del conocimiento social, como arma de solidaridad y de denuncia. En esta atmósfera se da el espacio para la expresión individual del artista.

Y ante el México indio, la policromía reflejada por la lente: no convertir al indio en objeto para ser poseído simbólicamente como ser coleccionable, sino por el contrario, se pretende compartir con él la construcción de su propio espacio y su propia imagen.

Fototeca CDI

Click en las imágenes para ampliar

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