Exposición de César Ramírez
Históricamente, el indígena mexicano ha sido
orillado a vivir en lugares apartados y poco propicios para desarrollar una
vida productiva digna. Zonas agrestes, terrenos infértiles, regiones
sin ningún servicio, son algunas de las causas por las que miles de indígenas
mexicanos se ven obligados a dejar su lugar de origen en busca de un trabajo
que les permita mejorar sus condiciones de existencia.
Se tienen registros de migración de la población
indígena desde finales del siglo pasado. Esta migración se ha
incrementado en las últimas décadas, siendo a principios de los
años 80 cuando adquiere mayor magnitud.
Las formas de migración han variado a lo largo de los
años. En un principio, por lo general emigraban hombres solos; salían
de cabeceras distritales o de pueblos grandes, se ausentaban por un tiempo,
sobre todo después de la cosecha, y regresaban antes de la época
de siembras a preparar la tierra para el nuevo cultivo. Ahora, sin embargo,
lo hacen familias enteras, incluso mujeres solas con niños y muchos de
ellos no vuelven. Se establecen o se incorporan a un ciclo completo de migración
que cubre todo el año.
Durante la temporada alta de cosecha (junio a octubre), cientos
de familias abandonan sus casas para ir en busca de la vida: zapotecos, mixtecos,
nahuas, triquis, tlapanecos, son algunos de los pueblos que cada año
llegan a las zonas agroindustriales del norte de México. Se estima que
sólo a San Quintín, Baja California, llegan más de 20 mil
jornaleros indígenas.
Los campamentos de jornaleros se caracterizan por el hacinamiento,
por condiciones de insalubridad y abundante e indiscriminado uso de agroquímicos,
y sus habitantes son gente pobre y sin oportunidades de acceder a una vida mejor.
Jornaleros del tiempo es una pequeña historia gráfica
de una de esas tantas familias, una historia que se repite incesantemente en
las regiones indígenas de este país.
Jornaleros del tiempo es una historia real. Espejo de sociedades
productivamente activas, de fuerza de trabajo obligada a dejar sus comunidades
de origen, sujeta a tiempos que no son los suyos.
La señora Ana y sus 5 hijos, forman una familia que
la necesidad obligó a dejar su comunidad natal. Son una familia de jornaleros
indígenas. Año con año abandonan San Antonio Huitepec,
comunidad mixteca del estado de Oaxaca. Al igual que miles de familias de origen
indígena, esperan la temporada alta de cosecha en los campos agroindustriales
del norte de México, cierran sus casas y se suman a la mano de obra barata
de esos trabajadores a los que el México moderno no ha permitido mejorar
sus condiciones de existencia.
Septiembre de 1994
Fototeca CDI
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