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Diversidad biológica
y cultural
La diversidad biológica, o
biodiversidad, es una característica de la
vida en el planeta Tierra, que se manifiesta en todos
los niveles, desde los minúsculos microorganismos
hasta comunidades de plantas y de animales, incluyendo
al humano.
En la figura 1[1]
están representados los distintos niveles de
la biodiversidad:
1. El primer nivel representa un
organismo viviente, con genes que definen las características
específicas de un organismo frente a otros
organismos vivientes. Asimismo, contiene las adaptaciones
de las especies a los distintos medios, como las variedades
de una misma especie. Una de éstas es producto
de miles o millones de años de evolución
e irrecuperable cuando se pierde, aunque haya un gran
avance tecnológico.
2. El segundo nivel nos muestra
que los organismos de la misma especie forman comunidades
y éstas interaccionan con otras en una cadena
alimenticia. Por ejemplo, un árbol necesita
nutrientes generados por la descomposición
de las hojas, produce semillas, éstas son comidas
por un ratón, éste es presa de una zorra
y su cría es devorada por un águila,
etcétera.
3. Todo ello forma un ecosistema
que depende de ciertos suelos, humedad y temperatura,
así como de las plantas y animales en interacción.
Por ejemplo, hay ecosistemas tropicales húmedos,
secos, de bosque templado, de montaña.
4. Los ecosistemas en acción
conforman la biosfera y, a su vez, dan servicios ambientales
como captura de bióxido de carbono del aire,
agua, suelos fértiles y regulación del
clima.
5. El humano, en la medida en que
se apropia de los recursos naturales y los transforma,
incide de múltiples formas en su funcionamiento
y composición.
Figura 1. Niveles de la biodiversidad
Generalmente, la economía
de mercado sólo toma en cuenta el nivel uno
para crear economías de escala sin importar
los demás niveles. Esta visión fragmentada
del uso de la naturaleza es en extremo peligrosa,
porque rompe con el equilibrio que se da en la interacción
de unas comunidades biológicas con otras, en
un sistema complejo que a su vez genera servicios
ambientales a la biosfera en general, y a regiones
específicas en particular, servicios que son
aprovechados por el humano. Cabe destacar que todos
los niveles en interacción forman una unidad
y depende de las culturas, las tecnologías
y la organización social saber cómo
se reorganizan todos los componentes.
El término biodiversidad
apunta hacia la conservación de la naturaleza
a través de su aprovechamiento y promueve el
interés en los aspectos relacionados con el
uso sostenible de los recursos naturales renovables
a nivel de tomadores de decisiones.
Es necesario considerar los procesos
que generan la biodiversidad y el contexto en el cual
surge. Debe vincularse con los seres humanos, con
su historia, con sus modos de vida, con el acceso
y la propiedad de sus elementos, para entender su
verdadero significado histórico, social y cultural.
La biodiversidad tiene una gran importancia en la
sobrevivencia de los ecosistemas, en los servicios
ambientales que otorga en la economía, en lo
social, cultural, espiritual y en la estética
o belleza de los paisajes.
Se define como servicios ambientales
a las condiciones y procesos naturales de los ecosistemas
(incluyendo las especies y los genes) por medio
de los cuales la naturaleza y el hombre obtienen
algún beneficio. Estos servicios mantienen
la biodiversidad y, a la vez, ésta brinda
servicios ambientales y la producción de
bienes tales como alimento, agua, madera, combustibles
y fibras, entre otros. La biodiversidad proporciona
servicios como degradación de desechos orgánicos,
formación de suelos y control de la erosión,
fijación de nitrógeno, incremento
de los recursos alimenticios, de las cosechas y
su producción, control biológico de
plagas, polinización de plantas, productos
farmacéuticos y naturistas, turismo de bajo
impacto, secuestro de bióxido de carbono[2],
infiltración del agua y mantenimiento de
las cuencas hidrológicas. Sin la biodiversidad
y los ecosistemas naturales la vida es imposible.
Los ecosistemas generados por el humano no proporcionan
todos los servicios enumerados.
El concepto de biodiversidad[3]
es muy reciente, pero no las prácticas de su
uso por parte de los pueblos indígenas. Con
la selección de especies silvestres se desarrollaron
las plantas culturales que se repartieron en todo
el mundo y que ahora son la base del sistema alimentario
mundial. La experiencia en manejo de la biodiversidad
no sólo se restringe a la producción
de alimentos. La convivencia con la biodiversidad
regional ha hecho que comunidades probaran, desecharan,
o desarrollaran el uso de plantas, insectos y animales
para alimento, medicina, vestimenta, limpieza personal
y vivienda, entre otros usos.

Figura 2. Países
con gran diversidad biológica y cultural
La mayor biodiversidad del planeta
se concentra en las regiones tropicales y subtropicales.
Pero también es importante la que se encuentra
en los desiertos y en las zonas templadas, así
como en las montañas, porque con frecuencia
presenta un gran número de endemismos (especies
o variedades únicas que no se encuentran en
otro lado del planeta).
Una parte de las plantas cultivadas
que sustentan actualmente el sistema alimentario mundial
fue domesticada por los pueblos indígenas de
América. Estas plantas han llegado a nuestras
manos luego de un largo proceso de domesticación,
innovación, mejoramiento, uso y manejo, en
un principio realizado por las poblaciones indígenas
nativas y, posteriormente, por las poblaciones campesinas
que ocupan los diferentes ecosistemas. En las diferentes
culturas, la biodiversidad ha presentado un cambio
continuo a través del tiempo; es fruto de un
largo proceso de cruzamientos, espontáneos
o provocados por los diferentes grupos, sobre los
cultivos básicos para la alimentación,
la medicina y otros usos. Así, se ha desarrollado
una gran cantidad de nuevas variedades con características
particulares adaptadas a diferentes ambientes, requerimientos
culturales y productivos. A este proceso y situación
lo llamamos biodiversidad culturalmente creada o agrobiodiversidad.
En el mapa 1 tenemos representados
los lugares en donde las culturas originarias domesticaron
las plantas que generaron el sistema alimentario mundial.
Generalmente las culturas originarias siguieron utilizando
estas plantas y animales domesticados. Podemos afirmar
que ahí se encuentran bancos genéticos,
información original de la interacción
entre las plantas silvestres y domesticadas. ¿Pero
qué quiere decir “domesticadas”?
En el caso de la agricultura, las culturas indígenas
o autóctonas han adaptado estas plantas a distintos
ecosistemas, desarrollando tecnologías, conociendo
su ciclo anual, sus asociaciones con otras plantas
e inventando formas de preparar los alimentos. En
torno a la agricultura desarrollaron su espiritualidad
e interpretaron la naturaleza. En suma, se generó
el conocimiento y lo que hoy podemos denominar como
los saberes ambientales de los pueblos indígenas
y campesinos.
En el proceso de innovación
y creación de variedades locales intervinieron
distintos pueblos indígenas y comunidades situadas
en las mismas regiones e incluso hubo desarrollos
paralelos en lugares distantes. Este desarrollo tecnológico
ha sido determinado por factores ecológicos
y culturales; por lo tanto, se hace difícil
establecer límites y asignaciones específicas
sobre el aporte de cada comunidad en el desarrollo
de las especies y variedades manejadas y del conocimiento
tradicional asociado. Esto no quiere decir que por
tal razón se diluya o se quede indefinido su
carácter de ”patrimonio colectivo”
y los derechos intelectuales de las comunidades sobre
estas innovaciones.

Figura 3.
Centros de origen según Vavilov
Los pueblos indígenas que
existen hace milenios, junto con los ecosistemas,
han coevolucionado con ellos, escogiendo ciertas plantas
o animales, sembrando otras, de tal manera que frecuentemente
los han transformado. A la par de la biodiversidad
está la diversidad cultural. De hecho algunos
científicos[4] hablan de que
la mayor biodiversidad en el mundo no se encuentra
en las áreas protegidas sino en las intertropicales,
extensamente habitadas y manejadas por comunidades
campesinas del Tercer Mundo, que permanecen en una
situación marginada en la economía global.
Son sociedades que toman sus energéticos (renovables)
de la biomasa, basada en la fotosíntesis que
toma su energía de la luz solar y se hace accesible
al consumo del humano (alimento tanto animal como
vegetal, abonos animales y verdes, medicina, instrumentos
de labranza, habitación, vestimenta, leña,
etcétera). Las culturas indígenas participan
en procesos civilizatorios en las que la experiencia
del manejo de la biomasa y la biodiversidad son insumos
básicos para construir un nuevo proceso civilizatorio
plural y menos destructivo.
Algunas aportaciones de las
culturas indígenas al conocimiento y uso de
la biodiversidad mundial [5]
1. Población económicamente
activa que se apropia directamente de los recursos
naturales (agricultura, ganadería, producción
forestal, caza y pesca) en 1990: 50 millones (4.5%
del total) en los países desarrollados y
1,051 millones (95.5%) en el Tercer Mundo.
2. Población campesina estimada para 1990:
800 millones (incluye pequeños agricultores,
pastores, nómadas, horticultores y pescadores
artesanales).
3. Porcentaje estimado de la superficie del planeta
bajo uso agrícola que es manejado por productores
campesinos: 60%.
4. Número de culturas indígenas en
el mundo reconocidas por su lengua: aproximadamente
6,000.
5. Números máximos de “especies”
de plantas reconocidas por las culturas indígenas:
2,131 (Ifugaos), 1,879 (Hanunoos), 1,400 (Subanunas),
1,182 (Jorais), 1,162 (Tobeloreses).
6. Número de especies de plantas medicinales
en China: 4,941.
7. Número estimado del total de especies
de plantas utilizadas por los grupos indígenas
para controlar la fertilidad: 3,000.
8. Porcentaje de medicamentos modernos elaborados
con base en el conocimiento indígena de plantas
medicinales: 75%.
9. Números máximos de “especies”
de animales reconocidas por las culturas indígenas:
800 (Aguarunas), 737 (Wayapies), 597 (Ifugaos),
584 (Nuaulas), 534 (Futunas).
10. Valor en el mercado mundial, en 1989, de las
medicinas derivadas de plantas medicinales descubiertas
por pueblos indígenas: 43 mil millones de
dólares anuales. [6]
América Latina:
11. Número de habitantes
indígenas en 1990: 36.46 millones.
12. Participación relativa de la agricultura
campesina en la generación de maíz
51%; frijol 77%; papa 61%; café 41%; arroz
32%.
13. Número estimado de especies de la flora
latinoamericana con algún uso para las culturas
indígenas: 24,000 a 30,000.
14. Número estimado de especies de plantas
con propiedades anticancerígenas conocidas
por los grupos indígenas: 8,000.
15. Número de especies de plantas utilizadas
por los grupos del Amazonia Peruana: 3,808 (medicinas
2,000; alimentos 526).
México
16. Superficie del territorio
manejado por el sector campesino 95.1 millones de
hectáreas en 28,000 ejidos y comunidades
indígenas.
17. Número de grupos indígenas por
sus lenguas; según el Censo General de Población
del 2000: 62; cada una tiene variantes dialectales.
18. Número de estudios publicados sobre etnobotánica
de grupos indígenas en mayo de 1991: 109.
19. Número de especies de plantas medicinales
de origen indígena: 3,000 aproximadamente.
20. Número de especies de plantas de las
selvas tropicales utilizadas por indígenas:
1,171 (371 de las selvas primarias, 629 de las secundarias
y 171 de ambas selvas).
21. Número de “productos” obtenidos
de estas especies: 2,854.
22. Número de especies reconocidas y utilizadas
por: nahuas (Veracruz) 1,597; tzeltales (Chiapas)
1,040; mayas (Yucatán) 909; seris (Sonora),
516.
[1] Citada en Gilberto Gallopín,
“Ecología y ambiente”, en E. Leff
(coord.), Los problemas del conocimiento y la perspectiva
ambiental del desarrollo, Siglo XXI editores, México,
1986.
[2] CONABIO, La diversidad biológica
de México, 1998, p. 104.
[3] Las siguientes ideas fueron
tomadas de V. Solís, P. Madrigal y I. Ayales,
Convenio sobre la biodiversidad biológica.
Un texto para todos, Farben, Norad, Ftt-Fao CCAB-Ap,
Convention on Biological Secretariat, Friedrich Ebert
Stiftung, uicn, San José de Costa Rica, 1998.
[4] Janis Alcorn, en Víctor
Toledo, La jornada del campo, México, 1992,
pp. 10-11.
[5] Patricia Moguel y Víctor
M. Toledo, La jornada del campo, México, 1992,
pp. 10-11.
[6] Darrel Possey, “Intellectual
Property Rights: What is the position of Ethnobiology?”,
en Journal of Ethnobiology, núm. 10 (1), pp.
93-98 |
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