Cartilla 1. Riesgos para la biodiversidad, la agrobiodiversidad y el genoma humano de los pueblos indígenas

 
 

Amenazas a la biodiversidad:

  • La economía de mercado no tiene instrumentos acabados para frenar su deterioro.
  • Ampliación de la frontera agrícola y ganadera; la instalación de monocultivos en competencia por el territorio agrícola.
  • Violación de regulaciones nacionales e internacionales para la protección.
  • Cacería y comercio de especies silvestres sin ningún manejo adecuado, en especial, el de las especies en vías de extinción.
  • Venta ilegal y barata de armas y explosivos para la cacería y la pesca.
  • Contaminación de las aguas y los suelos con los agroquí-mi-cos y desechos.
  • Quema incontrolada y anual de bosques, selvas y matorrales.
  • Políticas de colonización inapropiadas, así como colonización espontánea de áreas consideradas “terrenos nacionales” o baldíos o bien que son de propiedad ancestral de las comunidades indígenas.
  • Falta de acuerdos internos por parte de las comunidades para controlar el bien común.
  • Compañías saqueadoras de las maderas y otros recursos naturales.
  • falta de valoración social y económica de los servicios ambientales que tiene cada uno de los componentes de la biodiversidad.
  • Deforestación y quema descontrolada de bosques y selvas y, en general, de amplias áreas silvestres.
  • Falta de aplicación de las leyes y/o corrupción de funcionarios.
  • Aprovechamiento desmedido de una especie sin importar su reposición y ubicación dentro de las comunidades vegetales.

A la agrobiodiversidad generada por los grupos indígenas la amenazan:

  • Las políticas públicas que consideran la existencia de millones de pequeños agricultores como un atraso para el país.
  • Técnicas de la revolución verde y de los nuevos procesos de producción de semillas de alto rendimiento que no toman en cuenta la agrobiodiversidad existente ni los sistemas productivos tradicionales.
  • Estilos de producción orientados a satisfacer mercados a larga distancia con productos exógenos, contaminación de las especies cultivadas por los organismos genéticamente modificados (OGM).
  • La economía de escala sustituye a los cultivos de las culturas indígenas.
  • Falta de políticas oficiales y de financiamiento para conservar la biodiversidad en las comunidades indígenas como servicio ambiental regional, nacional y global.
  • Falta de políticas para la defensa e la agrobiodiversidad. Falta de políticas e incentivos para mantener el germoplasma in situ y la creación de semilleros —con semillas y esquejes— localmente desarrollados.
  • Importación masiva de granos incluyendo los OMG) y el desmantelamiento de los sistemas alimentarios nacionales.
  • Imposición de animales domésticos de alto rendimiento, de semillas y plántulas híbridas o “mejoradas” y transgénicas, controladas por las transnacionales que fomentan el uso de unas cuantas variedades, lo que conlleva a la erosión genética del sistema alimentario mundial. Este estilo de desarrollo conduce a la dependencia peligrosa del sistema alimentario mundial a unas diez grandes compañías transnacionales que controlan el mercado mundial de semillas e insumos.
  • El uso excesivo de agroquímicos y el impulso de los monocultivos, que a pesar de la alta productividad de las semillas, requiere el uso de energía fósil y contraviene las leyes ecológicas.
  • La invasión a las tierras por personas ajenas a las comunidades y el cambio del uso del suelo, principalmente para una ganadería extensiva.
  • El aprovechamiento inadecuado de los bosques y selvas.
  • La erosión de los suelos.

Los organismos genéticamente modificados provienen de la extracción de un gen, de un ser vivo y su introducción en otro. Un gen es la parte más pequeña que contiene la información que determina las características que tenemos todos los seres vivos, como es nuestro color de ojos, el tipo de cabello, si estamos altos o bajos, la forma de las hojas de las plantas, el tamaño de sus frutos, etcétera. La introducción de genes de distintas especies no lo puede llevar a cabo un productor, se hace forzosamente en un laboratorio, mediante métodos complicados. Esto es muy diferente a los transplantes o mejora de los cultivos que han hecho los agricultores desde el descubrimiento de la agricultura.

Semillas modificadas genéticamente para hacer grandes negocios; por ejemplo, la ingeniería genética se está concentrando en incentivar ciertos cultivos tolerantes a herbicidas y, en menor grado, a cultivos resistentes a plagas y enfermedades. La compañía Monsanto y otras, como Novartis, han puesto todo su esfuerzo de investigación en generar semillas con genes inducidos que presentan resistencias a ciertos herbicidas de su propia marca. La finalidad de estas semillas es poder dosificar con eficacia el herbicida y obtener mejores resultados por cuanto se refiere a la productividad. Las argumentaciones ambientales de estas compañías están en que se reduce de manera importante el uso de herbicidas. Uno de los riesgos es que esta propiedad se pase a las variedades de plantas de la misma especie de planta o a otras especies, aun las que se trata de combatir. Si esto sucediera estaríamos provocando el desarrollo de una plaga de hierbas resistentes, que ya no se podría combatir sin acudir a los siguientes inventos de estas compañías.

La siguiente gráfica 1 contiene dos partes: una representa la producción total de alimentos con variedades de semillas tradicionales (zona realzada con gris), y la otra (con líneas más gruesas) representa la producción de alimentos con semillas híbridas o transgénicas realizada por la agricultura industrializada. Si comparamos las dos partes notamos que las variedades tradicionales son menos productivas, pero se adaptan mejor a las distintas variantes climáticas (como un año seco o con demasiada lluvia) y también a zonas ambientales distintas, mientras que las semillas de alta producción (transgénicas e híbridas) no tienen la capacidad de adaptarse a las múltiples condiciones ambientales. Si bien las semillas híbridas tienen una productividad alta, requieren también de una alta inversión en insumos exteriores como fertilizantes, herbicidas, insecticidas, riego, etcétera. El objetivo de la producción de las semillas transgénicas o híbridas es obtener altos rendimientos por hectárea sin importar si los sistemas productivos pueden durar muchos años, si los suelos pierden o se contamina el agua o que el campesino se pueda endeudar fácilmente. Son semillas que implican negocios enormes y que tienden a controlar la producción mundial de alimentos. Si bien con estos procedimientos la productividad a nivel mundial se ha incrementado, no dejan de preocupar los riesgos del control internacional de las semillas tanto híbridas como transgénicas en manos de muy pocas compañías:

Gráfica 1. El uso en la agricultura de variedades de plantas tradicionales y mejoradas (híbridas, transgénicas)

  • Se empobrece la reserva genética de las variedades de semillas (por ejemplo, de más de 1,000 variedades de arroz que los pueblos autóctonos desarrollaron en Asia, ahora sólo quince están alimentando a la mayoría de la población). Cualquier variación climática o plaga que afecte a este tipo de cultivos podría respresentar una catástrofe a nivel planetario parecida a la que se describe en la cita de la siguiente columna para Irlanda.
  • Se pierden conocimientos sobre sistemas de producción tradicionales.

Aprender de la historia los riesgos que implica el uso de pocas variedades de semillas para la alimentación de la población.

El caso de la papa en Irlanda en el siglo XVIII

Tenemos en la historia humana varios ejemplos que ilustran los riesgos por el uso de pocas variedades de una especie por el control de las semillas a nivel mundial por cinco empresas multinacionales. Citaremos el caso de las hambrunas y muerte generadas por el uso de una sola variedad de papa para alimentar al pueblo irlandés en el siglo pasado[1]. Los españoles se llevaron una variedad de papa a Europa que proporcionó una sola línea genética de la papa europea. La papa se convirtió en el alimento más importante del pueblo. Un simple cambio de temperatura anual, con un verano especialmente caluroso, y algunos inviernos más templados (variación climática) después de inviernos severos provocó que se generara y difundiera el hongo Phytophra infestans. Como no había otras variedades de papa que pudiesen resistir la plaga más de un millón de irlandeses murieron de hambre y otros emigraron en masas principalmente a Estados Unidos de Norteamérica. La falta de plasticidad genética de esa línea de la papa a los cambios de temperatura y su adaptación a nuevas enfermedades por el cambio de temperatura, pusieron en riesgo a poblaciones humanas enteras. Con los cambios globales de temperatura y humedad se puede esperar algo similar si reducimos la alimentación humana a unas cuantas variedades de maíz, arroz, soja, y si no aprendemos de las comunidades indígenas el uso múltiple de miles de plantas y sus variedades.


[1] Al Gore, Earth in balance. Ecology and the human spirit, A Plume Book, Estados Unidos, 1993.

 
     
 
 


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