Cartilla 1. La propiedad intelectual de las comunidades indígenas y campesinas

 
 

La biodiversidad es una “biblioteca” natural de información valiosa, generada a través de millones de años de evolución de las plantas y animales, hongos y bacterias. La presencia de los pueblos indígenas ha permitido la domesticación de las plantas que en la actualidad se usan en comunidades campesinas y en el sistema alimentario mundial. Nadie, ni los laboratorios farmacéuticos más grandes pueden crear la información que han desarrollado los cientos de miles de especies de bacterias, plantas, insectos, animales y los mismos humanos con sus variaciones regionales. En las selvas, pampas, bosques templados, desiertos, etcétera, se encuentran plantas que son desconocidas para la mayoría de la humanidad, pero que a diario se están perdiendo debido a la destrucción de estos hábitat.

Bioprospección

Las distintas plantas recolectadas, animales y plantas domesticadas y cultivadas, seleccionadas y adaptadas para distintas zonas climáticas por pueblos indígenas, son una fuente de información para las generaciones actuales y futuras.

Esto lo saben las grandes compañías, tanto farmacéuticas como productoras y comercializadoras de semillas, ya que ellas buscan información en todo el mundo para luego apropiarse las semillas, sus características genéticas, o los productos derivados de las plantas. Los países industrializados pretenden tener el libre acceso a la biodiversidad y agrobiodiversidad, pero al patentar sus modificaciones delimitan el libre acceso a las mismas, con la finalidad de obtener regalías. Las semillas modificadas (la definición de esto es laxa), híbridas o productos obtenidos de las plantas y los animales pueden ser patentados y cobrar por su uso. Por ello, el mundo está siendo recorrido sistemáticamente por empresas e instituciones de investigación.

A lo anterior se le llama bioprospección de las plantas, que siempre han sido usadas o sembradas por los indígenas. Nadie paga el conocimiento de los curanderos y el de las semillas “criollas”, que resultaron de la experimentación por cientos o miles de años. De las plantas medicinales indígenas se sacan principios activos que redundan posteriormente en jugosos negocios. A esto se le llama biopiratería.

Las grandes compañías van a la caza de los principios químicos y genes que tienen las bacterias, plantas, hongos y animales. La industria de los transgénicos (que consiste en incluir ciertas características genéticas a otro organismo que no es de su especie) está creciendo rápidamente.

El negocio de las grandes compañías que manejan recursos genéticos se proteje con los derechos de propiedad intelectual privada mediante patentes, lo que puede socavar el libre intercambio de conocimientos y recursos entre las comunidades y la comunidad mundial, beneficiando a unas pocas compañías transnacionales. Hasta la fecha, no hay provisiones aceptables para la protección de los derechos del conocimiento indígena (véase Cartillas 7 y 8).

Patentes: Desde el siglo XIX se desarrollaron los patentes para la explotación de ciertos inventos por parte de sus inventores o quienes tienen el derecho mediante su compra. La evolución del sistema de patentes, a la larga, ha fortalecido los privilegios concedidos a los titulares en detrimento de los intereses de la sociedad, en especial de los países del sur. Mientras se reclama el libre acceso a la biodiversidad de los países del sur, si un organismo es estudiado, y aislado un componente químico o transformado por selección u otros métodos, las leyes protegen al “inventor”. El problema es que las comunidades, desde hace muchos años, han escogido y transformado sus plantas, experimentado en sus cuerpos las medicinas naturales y, ahora, la industria trata de sacar un provecho multimillonario de estos conocimientos. Actualmente la industria reclama para el invento, monopolios de explotación, e impone sus propias condiciones de acceso a las innovaciones. En el juego de una economía global cada vez más liberalizada, este control absoluto de las licencias se convierte en una herramienta para dominar los mercados y entorpecer el desarrollo de posibles competidores. De hecho, un 85% de las patentes registradas en todo el mundo pertenecen a empresas multinacionales, que se valen de esta protección para afianzar sus monopolios e incrementar sus beneficios. Incluso las generaciones futuras y ulteriores innovaciones relacionadas con esa misma especie pueden estar comprendidas dentro de una patente.
Por ejemplo, el despojo de la quinua. La quinua (Chenopodium quinoa) es un cereal de alto contenido proteínico, que forma parte importante de la dieta de millones de personas en la zona andina, en especial de los pueblos indígenas. Desde los tiempos preincaicos las comunidades rurales han cultivado y desarrollado variedades de quinua adaptadas a la amplia gama de condiciones ambientales presentes en los Andes. En años recientes, la quinua ha comenzado a ingresar a los mercados estadounidense y europeo, debido a su alto valor nutritivo (cerca del doble del contenido proteico del maíz o el arroz). El mercado de exportación de quinua para Bolivia se valora en cerca de un millón de dólares anuales.
En 1994 dos investigadores de la Universidad de Colorado recibieron la patente número 5’304,718 que les otorga el control exclusivo sobre las plantas masculinas estériles de una variedad de quinua boliviana de uso tradicional, la “apelawa”. Los investigadores reconocen que nada hicieron para crear la variedad masculina estéril; uno de ellos acepta que forma “parte de la flora local”. Declaran ser los primeros en identificar y utilizar un sistema fiable de esterilidad masculina en quinua para la producción de híbridos. La patente estadounidense no se limita a una sola variedad híbrida, sino que abarca cualquier híbrido de quinua que se derive del citoplasma masculino estéril de “apelawa”, incluyendo 36 variedades citadas en la solicitud de patente.
Aunque los científicos han prometido poner la tecnología patentada a disposición de investigadores en Chile y Bolivia, la patente tiene serias implicaciones para los agricultores bolivianos. El desarrollo de híbridos de quinua va dirigido a aumentar los rendi-mientos del cultivo para adaptarlo a escala comercial. Es muy probable que en poco tiempo la patente pase a manos de alguna transnacional y que entonces sus propietarios ejerzan “sus derechos” a impedir exportaciones de quinua boliviana a Estados Unidos. El desplazamiento del mercado boliviano de exportación perjudicaría el sustento de millares de pequeños agricultores que cultivan quinua. Además, éstos se verían obligados a cultivar las variedades industriales de alto rendimiento para la exportación y la siembra de un puñado de variedades híbridas, en vez de la amplia gama de semillas que cultivan en la actualidad, y muy probablemente provocaría una seria erosión de la diversidad de quinua existente. A lo anterior hay que añadir que las variedades de alto rendimiento con frecuencia no se adaptan a las condiciones locales.

Para los pueblos indígenas esta situación significa:

a) Historicamente las empresas trasnacionales se han llevado de las comunidades indígenas material genético valioso. Cuando se presenta esta situación no se reconocen los derechos tradicionales que los pueblos indígenas tienen por el proceso de domesticación de sus plantas y animales.

b) Con la extensa manipulación genética en curso, todavía no se sabe qué resultados se pueden observar en las poblaciones que consumen alimentos genéticamente modificados. Hasta ahora no se nos informa acerca de la presencia de OGM en los alimentos que consumimos. Por los daños posibles y el poco conocimiento que se tiene respecto a estos organismos, algunos países han introducido el principio legal “precautorio” para rechazar su importación hasta nuevo aviso

 
     
 
 


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