Cartilla 2. Las zonas ecológicas de montaña

 
 

En las zonas bajas la latitud y la precipitación son los principales criterios para diferenciar las zonas ecológicas, mientras que la temperatura (determinada sobre todo por la latitud) y las condiciones del suelo son criterios secundarios. En las áreas montañosas sucede lo contrario, ya que la temperatura (varía más dependiendo de la altitud) es el factor de mayor utilidad para diferenciar unidades ecológicas, en combinación con los distintos regímenes de lluvias y, por supuesto, con la ubicación latitudinal. En la montaña el relieve accidentado nos obliga a fijarnos en la geografía para revisar la situación biológica y ecológica de las tres principales áreas montañosas de Latinoamérica, con elevaciones por encima de los 1,000 msnm: i) México y Centroamérica, ii) los Andes y iii) las montañas sudamericanas fuera de los Andes; los tepuis de Venezuela y las elevaciones del Sur de Brasil.

México y Centroamérica

Hay que distinguir entre las mesetas o altiplanos que constituyen las planicies por encima de los 1,000 a 2,000 msnm y las porciones propiamente montañosas, donde la topografía es accidentada y el terreno suele presentar fuertes pendientes. Esta distinción resulta fundamental porque la vegetación varía dependiendo de las diversas condiciones de clima y relieve.

Para entender la distribución de las unidades ecológicas en las áreas de montaña es necesario considerar dos aspectos ambientales. El primero está constituido por los diferentes pisos altitudinales, cada uno de los cuales determina su temperatura. El segundo se refiere a las diversas condiciones de sequía o humedad que presentan cada uno de estos pisos, y que son resultado de combinación de la ubicación latitudinal, de la elevación y de su orientación respecto a los océanos y la dirección de los vientos dominantes. En el caso de México es posible identificar tres alturas y también tres rangos en el gradiente de sequía y humedad. Entre los 1,000 y 3,000 msnm (primer piso altitudinal) se distinguen tres hábitats bien definidos: i) las porciones áridas y semiáridas, con 600-700 mm de precipitación anual, que por lo común se encuentran cubiertas por matorrales xerofilos y pastizales, sobre todo en los altiplanos; ii) las porciones subhúmedas que reciben de 600 a 1,000 – 1,200 mm de precipitación anual y están cubiertas por bosques de pinos, encinos (en sus áreas más húmedas) o combinaciones de ambos; y, por último, iii) las porciones húmedas con precipitaciones sobre los 1,000 mm, cubiertas por los llamados bosque mesófilos de montaña o neblina caracterizados por presentar una gran variedad de especies, tanto de origen de los bosques templados y fríos (encinos, liquidámbar, alnus, tilia, carpinus, ulmus, acer, cornus) como las de origen selvático.

Entre los 3,000 y 4,000 msnm (segundo piso altitudinal) se distinguen en función de su vegetación dos unidades ecológicas; i) los bosques de pinos que ocupan las porciones subhúmedas y ii) los bosques de abies (abietales) que en estos rangos de altitud desplazan a los bosques mesófilos de montaña en los hábitats húmedos. Por último, por encima de los 4,000 msnm (tercer piso altitudinal), desaparecen las especies arbóreas y el paisaje se ve dominado por los llamados zacatonales o pastizales alpinos.

En ocasiones estos patrones generales son modificados por la latitud y por otros factores como la orientación de la vertiente, de tal suerte que los límites de temperatura y lluvia tienden a desplazarse hacia arriba o hacia abajo, modificando la distribución o la composición esperada de los tipos de vegetación. Con algunas modificaciones y adecuaciones, estos patrones ecológicos encontrados en las montañas de México resultan válidos para el área de Centroamérica, donde la mayor cercanía al Ecuador propicia un clima tropical, y origina algunas diferencias. Así, por ejemplo, la mayor precipitación que caracteriza a los países del área centroamericana hace que no existan climas áridos y semiáridos por encima de los 1,000 m. Conforme las montañas se aproximan al Ecuador van dominando las especies de mayor afinidad tropical sudamericana. (véase figura 4).


Figura 4. Dinámica de los ecosistemas de montaña

 
 
     
 
 


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