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Los ecosistemas acuáticos o humedales suelen definirse como “las extensiones de marismas, pantanos, tuberas o aguas de régimen natural o artificial, permanentes o temporales, estancadas o corrientes, dulces, salobres o saladas, incluyendo las extensiones de agua marina cuya profundidad en marea baja no exceda de seis metros”. En esta ocasión restringiremos la revisión de los humedales de la región a las porciones continentales, analizando por separado los ecosistemas costeros.
Los hábitats acuáticos de la región de América Latina y el Caribe presentan una enorme variedad y extensión: comprenden ríos de cursos lento y rápido, lagos, lagunas, pantanos, turberas, zonas inundadas por la fusión estacional de las nieves, pastizales, palmares, bosques con inundación temporal, embalses y represas. En esta gran variedad de ecosistemas acuáticos se integran los extensos sistemas ribereños y las zonas pantanosas de las porciones de baja altitud de Sudamérica, los sistemas lacustres de los altos Andes y del Altiplano de México, los fiordos y la tundra subantártica del Sur de Chile y Argentina.
Los ecosistemas costeros
La zona costera es un área de transición en la que el mar y la tierra firme se influencian mutuamente. En sentido estricto, la zona costera incluye tanto los ecosistemas sublitorales del continente (esteros, lagunas, playas, etcétera) como la franja oceánica más próxima a la masa terrestre. Quizá la mejor manera de definir la zona costera es la que considera a todas aquellas zonas directamente afectadas por la influencia de las mareas, tales como las aguas de las sondas, las bahías, las lagunas, los pantanos, las mariscas salobres y los estuarios. Aunque las aguas costeras representan una parte muy pequeña de los océanos, su productividad es muy alta, debido a los aportes de nutrientes por parte de los sistemas fluviales del continente y de la disponibilidad de luz, causada por las bajas profundidades de los cuerpos de agua. Se estima que alrededor del 86% de la biomasa de los océanos se encuentra concentrada en las zonas costeras del mundo, de tal suerte que estos ecosistemas constituyen áreas pesqueras por excelencia.
El ecosistema lagunar-estuario
El medio ambiente lagunar-estuario está conectado con el mar de manera permanente, estacional o efímera. Las temperaturas y salinidades del agua varían pero se caracterizan por su alta turbidez y fondos, por lo general, fangosos. El sistema incluye los estuarios, generalmente considerados como la boca de los ríos, y las lagunas costeras con sus pantanos y llanuras de inundación, que son enbahiamientos separados del mar por islas de barrera. Estas lagunas costeras son formaciones jóvenes e inestables desde el punto de vista geológico, pues tienden hacia un lento pero inevitable asolvamiento.
Los ecosistemas lagunar-estuarinos son uno de los sistemas naturales más ricos del mundo, debido a su elevada productividad biológica, que permite alta captura de peces, ostras y crustáceos, y alberga una notable variedad y cantidad de aves y mamíferos. Además, estos ecosistemas constituyen un hábitat de importante estrategia, ya que la mayoría de las especies costeras tropicales de importancia pesquera dependen de manera parcial o total de este hábitat para su ciclo de vida o alimentación. Así sucede con los peces del Golfo de México, la mayoría de los cuales pasa una parte de su vida en las lagunas costeras y estuarios. Este ambiente que resulta decisivo como área de crianza de una gran variedad de organismos, constituye un hábitat esencial para las aves migratorias y para algunas especies en peligro de extinción como cocodrilos o manatíes. En estos ecosistemas se desarrollan los llamados manglares, que constituyen un tipo de vegetación esencialmente tropical, formada por árboles y arbustos tolerantes al agua salina y a la fluctuación de los niveles del agua. Los manglares son de enorme importancia para mantener el balance químico de las aguas, suministrar nutrientes y proveer el hábitat de muchas especies de peces, invertebrados y plantas epífitas.
La región presenta una extensa área de manglares, resultado de su elevado número de lagunas costeras y de sus enormes sistemas fluviales. La extensión de los manglares del Brasil (25,000 km2) sólo se ve superada por los de Indonesia. Los manglares ocupan también extensas áreas en países como México (6,600 km2), Panamá (4 860 km2), Colombia (4 400 km2), Cuba (4 000 km2) y Venezuela (2 600 km2). Aunque no existe un inventario completo de lagunas costeras, éstas son numerosas en Brasil, Centroamérica y, sobre todo, en México, donde existen un total de 130.
El ecosistema costero-marino
La porción costera de los mares presenta un enorme potencial biológico y energético que proporciona alimentos (peces, crustáceos, moluscos, algas), materias primas, minerales y energía (petróleo) a los países que la utilizan. Los mares abiertos son verdaderos desiertos ecológicos, a juzgar por su escasa productividad.
De manera similar a lo que sucede en el continente, la dinámica ecológica de la porción costero-marina de los países que integran la región se encuentra influida por factores tales como la posición latitudinal, el clima y la dirección e intensidad de las corrientes marinas y de los vientos. A ello habría que agregar la decisiva influencia que ejercen las surgencias (movimientos del fondo a la superficie), las descargas de los ríos y la profundidad de las aguas. De estos tres factores depende la concentración de los nutrientes requeridos por el fitoplancton; el conjunto de aquellas plantas (microalgas, algas y pastos marinos) que al transformar por fotosíntesis la energía solar en energía química, constituye la base de la cadena alimenticia en el medio marino. Los ambientes marinos más productivos son aquellos que conjugan la presencia de abundantes nutrientes con la disponibilidad de luz, la productividad es máxima cuando por alguna combinación de surgencias de aguas frías (con un arrastre notable de nitrógeno y fósforo asimilables), corrientes marinas o aportes de aguas continentales, los nutrientes que requiere el fitoplancton se acercan a la superficie iluminada. Estas circunstancias sólo suelen verificarse en la cercanía de la costa.
En la región, las zonas marítimas costeras se encuentran determinadas por seis principales corrientes. La llamada corriente (fría) de Humboldt domina la mayor parte de la costa sudamericana del Pacífico. Su homóloga septentrional, la corriente (fría) de California, ejerce su influencia sobre las costas de la península de Baja California en México. Entre ambas se sitúa la corriente ecuatorial. Por el lado del Atlántico predominan las corrientes (cálidas) de Brasil, las Guyanas y el Caribe, derivadas todas ellas de la corriente ecuatorial. Sólo la porción más austral de la costa argentina recibe una corriente fría. |
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