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Integrada por más de 30 países la región de América Latina y el Caribe tiene una amplia variedad de paisajes. A esta diversidad de paisajes corresponde a una amplia gama de culturas y saberes ambientales, donde alrededor de 40 millones de personas hablan más de 350 lenguas y sus respectivas variantes dialectales sin escritura propia. Desde los años ochenta del siglo 20 mucho se ha hablado de la pérdida de la biodiversidad y poco se dice sobre la pérdida de las lenguas orales que existen en nuestros países. Se trata de lenguas únicas, y la mayoría tienen menos de 10 mil hablantes. Podemos de hablar de “lenguas endémicas” que están estrechamente ligadas al conocimiento de los ecosistemas, a la diversidad biológica y la agrodiversidad culturalmente construida. La pérdida de estas lenguas locales vía “asimilación” cultural y lingüística, significa para la humanidad la destrucción irrevocable de las experiencias, conocimientos y maneras de relación con la naturaleza.
En la mayoría de los casos, los bosques que quedan aún bien conservados pertenecen a pueblos y comunidades indígenas, por lo que se requiere una estrategia para la región que permita reforzar las capacidades técnicas, administrativas, organizativas, jurídicas y financieras, para que los pueblos y comunidades indígenas de México y el resto de América Latina y el Caribe puedan hacer un uso sustentable, conservando la impresionante diversidad biológica regional.
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