Cartilla 4. Planificación comunitaria para el manejo del territorio, la biodiversidad natural y cultural [1]

 
 

Consideraciones generales: con el ejercicio de diagnóstico planteado en la Cartilla 3 llamado “Diagnóstico rural participativo” pretendemos que la comunidad decida y defina cuál será ahora, y a largo plazo, el uso de cada tramo de su territorio, de acuerdo con las técnicas que considera más apropiadas.

El proceso de planificación comunitaria del manejo del territorio tiene que pasar por varias etapas, de manera que todas las preocupaciones de la comunidad sean consideradas. Para una planificación eficaz hay que tomar en cuenta que no hay una sola idea de “comunidad”, sino que los diferentes grupos de interés dentro de la misma tienen preocupaciones distintas. A veces, esas preocupaciones son encontradas o contradictorias. También es muy común que los grupos de interés dentro de la comunidad no tengan completamente claras sus demandas, y que necesitan un tiempo para madurar sus puntos de vista.

El proceso de planificación debe dirigirse hacia planes específicos de acción, con objetivos bien definidos, con responsables para ejecutarlos, con recursos específicos, y fechas para lograr sus metas.

Al hacer la planificación comunitaria, una comunidad imagina cuál es el paisaje y sociedad que quiere para el futuro. Toma entonces la iniciativa, se vuelve la protagonista, y es capaz de aprovechar mejor sus recursos propios, y al mismo tiempo, logra mejorar sus relaciones con otras comunidades y con agencias externas. Si sabe lo que quiere, la comunidad se vuelve una buena negociadora.

El proceso de planificación tiene los siguientes pasos:

1. Diagnóstico: identificar y establecer las prioridades de los problemas (véase Cartilla 3)

2. Identificación de oportunidades. Discutir e identificar las oportunidades para un mejor aprovechamiento de los recursos de una comunidad sin destruirlos (véase Cartillas 4, 5, 6 y 7)

3. Ejecución de proyectos comunitarios de desarrollo sostenible que respondan a la problemática identificada y lleven al buen manejo del territorio

Los métodos participativos tienen sus limitaciones. La insistencia en llegar rápidamente a conclusiones, puede hacer que no se haga el trabajo preliminar necesario para que el equipo promotor establezca una buena relación de confianza con la población local, y que no se tengan espacios suficientes para asegurar la participación de los diferentes sectores campesinos. Por eso, la planificación del manejo del territorio, se puede hacer mejor dentro de una organización comunitaria. Aunque cada familia tenga sus propias tierras de cultivo, cuando hay formas de ayuda mutua entre las familias; es decir, cuando hay una organización comunitaria, se abren muchas posibilidades de buen uso de los recursos naturales.

Resolución de conflictos

La existencia de ciertos intereses a costa de otros intereses, sobre todo exteriores, ha provocado el deterioro ambiental. Así, en las zonas en donde prevalecieron los intereses de los ga-naderos, el paisaje fue dominado por pastizales, a expensas de los bosques. En otras zonas, en donde se arraigaron los intereses de empresas azucareras, el paisaje fue dominado por el cultivo masivo de caña de azúcar, a expensas de las fuentes de agua y de la agrobiodiversidad. También hay zonas domi-nadas por intereses bananeros o madereros, que han sufrido fuertes impactos ambientales en el paisaje, convirtiendo selvas y bosques en plantaciones de plátano o en bosques saqueados.

El proceso de negociación para la Planificación Comunitaria del Manejo del Territorio es un aspecto que muchas veces resulta delicado.

Negociación y acuerdos. A grandes rasgos, este proceso implica cuatro etapas básicas:

1. Hacer explícitos los intereses de los diferentes sectores. Si partimos de que en una misma comunidad hay intereses diversos, es necesario trabajar con cada uno de ellos, para establecer de la manera más explícita posible cuáles son estos intereses, de modo que se pueda disponer de elementos para distinguir las acciones que más favorecerían a uno u otro sector, y cuales los afectarían drásticamente.

2. Negociación entre sectores con distintos intereses. Al sacar a luz los intereses de los diferentes sectores, quedarán en evidencia los puntos del conflicto actual o se agrandarían aquéllos en donde dos o más sectores tienen propuestas diferentes que no son completamente compatibles o definitivamente contrapuestas. En estos casos se puede alentar un proceso de negociación donde se le pide a cada uno de los diferentes grupos que cedan algo al otro.

3. Definición del consenso. Una vez logradas las negociaciones que permitan el manejo de conflictos en los puntos sensibles, se podrá llegar a la definición del consenso para el manejo del territorio de la comunidad. Este consenso debe incluir un conjunto de acciones que realizará la comunidad para su propio desarrollo, y la delimitación de porciones del territorio para llevar a cabo esos proyectos.

4. Ordenamiento territorial y ecológico de las comunidades.

El ejercicio de ordenamiento territorial debe llegar a establecer acuerdos con sus respectivos reglamentos que impliquen los siguientes objetivos:

  • Mantener los recursos naturales, flora, fauna silvestre (biodiversidad), que pueda utilizarse a largo plazo sin destruirlos, que los suelos no se pierdan, y que no falte el agua. Manejar los bosques naturales y selvas de manera sustentable. Mejorar la gestión del agua por microcuencas
  • Dar a cada unidad ambiental de aprovechamiento un uso apropiado definiendo claramente los objetivos e incorporando la conservación de la biodiversidad y los servicios ambientales a las estrategias de aprovechamiento.
  • Mantener y desarrollar los sistemas productivos con procesos agroecológicos, cultivar el “banco de semillas” ancestrales y de plantas de la agrobiodiversidad cultural.
  • Promover ferias regionales para el intercambio de semillas criollas.
  • Fortalecer las costumbres ancestrales de preparación y consumo de alimento con base en la biodiversidad y agrobiodiversidad. Hacer eventos especiales del arte culinario local.
  • Incrementar los cultivos garantizando el mejoramiento de los suelos y de la humedad de la tierra, enriquecer la plataforma alimenticia para garantizar la seguridad alimentaria de toda la comunidad, producir las medicinas básicas según la herbolaria, aprovechar el material de construcción.
  • Generar plantaciones especiales para producción de leña
  • Usar estufas ahorradoras de leña, crear un sistema sanitario para garantizar el agua potable todo el año, reciclar el agua y en lugar de drenajes construir sanitarios secos, que generen abono para frutales.
  • Mejorar la calidad de vida.
  • Mejorar los ingresos de los campesinos e indígenas incorporando su cultura y saberes ambientales a un proyecto con cara al futuro.

La planificación debe orientarse hacia el ordenamiento del territorio con criterios sociales, culturales y ecológicos. La asignación de zonas específicas dentro del territorio de la comunidad para atender las demandas de los diferentes sectores, conformará la “fotografía” de cómo se usará el suelo a futuro. Si el proceso de negociación se ha llevado a cabo considerando el mantenimiento a largo plazo de las actividades productivas de los sectores de la comunidad, este plan de ordenación permitirá minimizar los impactos ambientales o inclusive propiciará la recuperación paulatina de las áreas deterioradas que puedan existir, como sucede por ejemplo en algunas comunidades indígenas de la Sierra Juárez de Oaxaca. Al dirigir todo el proceso de negociación entre intereses diferentes hacia la ordenación del territorio, se tiene una base objetiva para que estas negociaciones avancen. Las concesiones mutuas que hagan los sectores de interés, terminarán finalmente por reflejarse en el plano de ordenación. Lo ideal es que la distribución espacial de los recursos de la comunidad sea equitativa y refleje una preocupación clara por atender de la mejor manera los diferentes enfoques dentro de la comunidad.

Cuando los mecanismos de solidaridad y ayuda mutua se debilitan, cada familia trata de satisfacer sus necesidades a partir del pedazo del territorio que puede trabajar. Esto, a menudo, produce paisajes en los que los bosques se ven fragmentados, las áreas silvestres desaparecen y la erosión de los suelos avanza rápidamente. Por el contrario, en las zonas en donde se mantienen las formas de organización para el manejo o uso del suelo común, el paisaje tiende a estar ordenado, las zonas agrícolas se concentran en las mejores tierras, las zonas accidentadas albergan áreas silvestres, hay macizos forestales bien definidos, y la erosión no es tan marcada, a pesar de que exista cierta presión de la población sobre sus recursos naturales.

Así, las diferencias entre sectores de la comunidad, más que ignorarse, deben conducirse por un proceso de negociación entre los distintos intereses, tanto internos como externos, a determinado núcleo campesino. Estos mecanis-mos de negociación, llevan, en última instancia, a la asignación de porciones del territorio desde las cuales se atienden las demandas de los diversos grupos de interés que integran una comunidad.

Un proceso pobre de negociación lleva a que ciertos intereses prevalezcan sobre otros. Esto se reflejará en la asignación de las mejores tierras y de la mayor parte del territorio a atender estos intereses, aún más allá de lo que la prudencia aconsejaría. Los procesos de ganaderización, o de extensión masiva de monocultivos o plantaciones de caña, o algodón, han sido resultado típico de procesos pobres de negociación, o de procesos francamente autoritarios. Lo más común es que las zonas rurales que han estado sujetas a estos procesos, entren en crisis económicas derivadas de la degradación ambiental, y que simultáneamente sufran crisis sociales, producto de la falta de equidad al no atenderse los intereses de los gobernados o de las minorías.

Por el contrario, un buen proceso de negociación, realizado mediante consultas extensivas, análisis, diálogo entre sectores y, finalmente, concesiones mutuas, tiende a aprovechar al máximo las variaciones ambientales, al ubicar las diferentes actividades de la comunidad en los “nichos” más adecuados. Con esto hay una tendencia a que los límites ambientales de las actividades humanas no se rebasen y, por lo tanto, no haya procesos tan marcados del deterioro ambiental. La negociación y concesión entre los distintos sectores de interés, permitirá evitar el deterioro ambiental, posibilitará la continuación de las actividades económicas, y mantendrá las diferencias sociales dentro de niveles manejables, reduciéndose así el riesgo de colapso del sistema.

Un buen proceso de negociación dentro de una comunidad rural, que lleve a una asignación del territorio tal que atienda las necesidades de las mayorías y los intereses de las minorías, permitirá mantener la integridad y la capacidad productiva del territorio y asegurará el proceso de mejoramiento de las condiciones de vida de su gente, por tiempo indefinido.

Es muy importante que este proceso de negociación quede reflejado en un Plano de Ordenamiento del Territorio de la comunidad en el futuro. Este plano debe dejar claramente establecidos los límites que la comunidad asignó mediante las negociaciones internas a cada forma de uso del suelo. Asimismo, deberá reflejar la asignación de áreas bien definidas para atender los intereses de los grupos principales dentro de la comunidad.

Más que ofrecer serie de recetas para promover el desarrollo de las comunidades, esta guía es un marco de referencia, que plantea problemas a resolver por la comunidad y por los que le brindan apoyo externo. Cuando el equipo de promoción del desarrollo de la comunidad se plantea, por ejemplo, el problema de cómo reforzar la cultura propia de la comunidad, o cómo obtener resultados rápidos sin sacrificar la calidad del proceso, se verá empujado a desarrollar métodos propios, que sean específicos para su situación en particular. De esta manera, cada ejercicio de planificación comunitaria será un proceso diferente y muy particular, pero todas las acciones de planificación tendrán en común los principios arriba señalados.


[1] Tomado de F. Chapela y Y. Lara, op. cit.

 

 
     
 
 


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