Cartilla 5. Introducción

 
 

Después de que las comunidades u organizaciones estudiaron los problemas básicos de sus comunidades, hicieron propuestas y repensaron el ordenamiento territorial y ecológico, había que analizar cómo mejorar los sistemas productivos en las distintas unidades ambientales.

Los métodos de los pueblos indios en agricultura, ganadería y manejo forestal han evolucionado conjuntamente con los sistemas naturales. En la mayoría de los casos se trata de miles de años de estrechos vínculos entre el conocimiento de los ciclos de la naturaleza, el uso de plantas y animales silvestres y su domesticación o semidomesticación, de tal manera que podemos hablar de sistemas agrícolas, agroforestales y forestales integrados a los sistemas naturales. Por ejemplo, la roza, tumba y quema maya ha modificado la composición de la selva y, lejos de destruirla, ha incentivado el desarrollo de la biodiversidad permitiendo que plantas que sólo crecen con más luz, en los claros, se puedan desarrollar. Aunque no sea aparente, la selva maya es una selva “cultural”, en donde los animales y plantas silvestres evolucionan con los sistemas productivos.

Sin embargo, es posible que haya factores que lleven al detrimento de los suelos o de la vegetación natural. Una ladera mal manejada que pierde suelo, un fuego que se convierte en incendio amplio e incontrolable, o un huracán que golpea con singular fuerza en áreas desmontadas en laderas, puede poner en riesgo el equilibrio del agroecosistema y ecosistemas en general.

Por otra parte, millones de campesinos pobres son desplazados hacia las tierras menos productivas y más frágiles desde el punto de vista ecológico. Los sistemas que nos parecían eficientes y equilibrados tanto ecológica como socialmente se deterioran por el sobreuso y el crecimiento de la población y las exigencias de más alimentos para el autoconsumo y el mercado. La pobreza y un alto porcentaje de campesinos sin tierra son usuarios directos de recursos naturales aun no siendo productores. En América Latina la mayoría de las comunidades de los pueblos indios pertenecen a los grupos ubicados en la pobreza y pobreza extrema. Aunado a este hecho son cada vez más las mujeres que encabezan las unidades de producción porque los maridos o familiares masculinos han emigrado a las ciudades en busca de trabajo.

Por otro lado, los apoyos, tanto de la agricultura transnacional como de los centros de investigación agrícola, no se basan en el conocimiento indígena, ocupan las mejores tierras, generalmente planas, mecanizables e irrigables.

En México, por ejemplo, hay 23 millones de hectáreas para uso agrícola. De ellas, 6 millones están dentro de los distritos de riego y son las que están mecanizadas, con los sistemas de altos rendimientos y la introducción de altos insumos exteriores provenientes de industria de los fertilizantes, agroquímicos y combustibles. El resto es agricultura de temporal en zonas de suelos difíciles como la península de Yucatán o de laderas, sin que haya una investigación agronómica sistemática de parte de los centros científicos para su buen manejo. Es aquí donde se ubica la mayoría de las unidades de producción y en donde los campesinos indígenas han desarrollado sus tecnologías y se conservan muchos secretos acerca del manejo de la biodiversidad.

Los campos de experimentación para producir tecnologías de la “agricultura industrializada”, generalmente, son ajenos a los campesinos, de tal manera que cuando intentan adoptar las técnicas propuestas necesitan del asesoramiento de extensionistas altamente especializados y de insumos exteriores inalcanzables para el bolsillo de los pobres del campo. La “transferencia de tecnología” se da en un ambiente social en donde el agrónomo y el técnico supuestamente lo saben todo y el campesino es ignorante. Frecuentemente, las dependencias oficiales promueven cambios tecnológicos y de semillas sin tomar en consideración la opinión de los campesinos y campesinas. Los campesinos adoptan partes de la misma, pero nunca todo el paquete tecnológico.

La presente Cartilla propone revalorar los sistemas agrícolas, conocimientos y principios agrícolas y agroforestales emanados de las tradiciones de los pueblos indios mediante el uso de la agroecología que los mejores campesinos(as) aplican en este terreno. Pues el manejo campesino de los recursos provee servicios a la sociedad que esta debe revalorar como son: [1]

  • La preservación y recreación de las semillas criollas in situ.
  • El cuidado de las áreas arboladas incluyendo la biodiversidad de flora y fauna silvestre.
  • El cuidado de las plantas silvestres no maderables de valor económico, incluyendo las plantas medicinales y de otros usos útiles.
  • El mantenimiento de un patrimonio de conocimientos empíricos ecológicos y agroecológicos, con el inmenso potencial biogenético que esto significa.
  • La conservación de suelos mediante la construcción o el mantenimiento de terrazas, tecorrales, curvas a nivel, barreras vivas, etcétera)
  • El cuidado de los manantiales, arroyos, pozos y diversos cuerpos de agua

La revaloración de estos saberes no debe ser sólo una declaración, implica establecer mecanismos de compensación económica que permitan ofrecer incentivos para mantener esas múltiples funciones, esos diversos cuidados.

Por estas y otras causas, los mecanismos de compensación económica deberán:

  • Ser flexibles, adaptables a cada tipo de agroecosistema y tipo de productor (en función de la superficie, la diversificación de actividades en la unidad familiar, entre otras características).
  • Tomar en cuenta cada una de las funciones de preservación de los recursos naturales.
  • Respetar los patrones culturales y formas de organización de las comunidades campesinas y de los pueblos indios del país.
  • Apoyar muy especialmente a las mujeres campesinas.

A la vez se deben de incentivar las iniciativas de reconversión o transición hacia la agricultura ecológica o sustentable a partir del establecimiento de mecanismos de incentivos a las prácticas agroecológicas orientadas no sólo a la preservación sino al mejoramiento de las condiciones ecológicas, mediante:

  • El mejoramiento de los suelos: disminución del uso de agroquímicos; recuperación de la vida de los suelos, con abonos orgánicos, verdes, animales y foliares.
  • La lucha contra la erosión: construcción de terrazas, curvas a nivel, barreras vivas; manejo integral de las laderas.
  • La colecta del agua: proyectos de captación de agua (jagüeyes, represas, restauración de manantiales y de arroyos, etc.) y de cuidado para que no sean contaminados.
  • Control integral de plagas y enfermedades, con la disminución progresiva de los plaguicidas e insecticidas químicos, y la aplicación de productos orgánicos.
  • Producción de alimentos orgánicos, sanos y diversificados, que permita elevar el nivel de nutrición de las familias.
  • Rescate de las semillas nativas o criollas de maíz y de otras cultural y biológicamente significativas para las comunidades y para el país, y su conservación in situ, ya que contribuye a la conservación del patrimonio biogenético de la nación y de la humanidad.

No se trata de recetas, sino de principios que los mejores campesinos y campesinas experimentadores aplican de manera creativa y de una transmisión de los conocimientos sistematizados, de campesino(a) a campesino(a). Con estas herramientas podremos enfrentar el creciente deterioro ambiental, social y económico.

Los pueblos indios de América Latina viven en una gran diversidad ambiental de tal manera que se han detectado 103 zonas de vida, o distintos ecosistemas utilizados lo que significa una gran variación de estrategias campesinas de producción con múltiples variantes de sistemas productivos.

El ejemplo de la figura 12, en donde se hizo un plano de ordenamiento territorial y ecológico de las comunidades, nos muestra zonas de bosque templado y vegetación xerofita lo que implica la introducción de estrategias productivas para el aprovechamiento de maderables, no maderables y conservación de la vida silvestre, zonas de cuidado de las cuencas, zonas de recuperación enriquecida de los bosques secundarios, zonas para la agricultura de bajos insumos exteriores y buenos ren-dimientos, zona ganadera y del huerto familiar. Este ejemplo realmente existente, puede modificarse según las condiciones y necesidades.


Figura 20. Diferentes formas de manejo de los recursos naturales


[1] Tomado de Catherine Marielle y Jasmín Aguilar, Propuestas para valorar la agricultura campesina, Grupo de Estudios Ambientales, Febrero 2003.

 
     
 
 


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