En pequeños grupos
de trabajo se hace una lluvia de ideas alrededor de
lo que se observa en la imagen (figura 13) y se hace
una presentación de los problemas y soluciones
observadas
1. Lado izquierdo de la imagen
¿Cómo se deteriora
el medio ambiente y la base de la vida de esta familia
campesina?
a) Bosques y biodiversidad
b) Suelos
c) Agua (manantiales, ríos, charcos, lagunas)
d) El descuido de la casa y el deterioro de la calidad
de vida
e) Agroforestería del café mal planteada
2. Lado derecho de la imagen
¿Cuál es el esquema
del buen manejo de los recursos naturales, bosque,
agua y suelo y de la agrobiodiversidad en las parcelas?
a) ¿Cómo está ordenado el territorio
de la comunidad del ejemplo?
b) ¿Cómo está ordenada la parcela?
c) ¿Los bosques, qué utilidad pueden
tener?
d) La parte de producción de granos, tubérculos
¿cómo está siendo tratada?
e) La agroforestería con policultivos ¿en
qué consiste?
f) ¿Cómo se mantiene viva la cuenca
de agua y sin conta-minantes?
g) ¿Cómo se evita la erosión
del suelo?
h) ¿Cómo se está cuidando nuestra
casa y la calidad de vida?
Reflexión sobre la tierra,
lugar que da vida y base de la cultura indígena
y campesina.
a) Componentes de la destrucción
de nuestro medio ambiente, de la vida y la cultura
b) Componentes del bienestar, la conservación
el desarrollo y de nuestra cultura con cara al futuro
Principios agroecológicos para el buen
manejo de suelos, agrobiodiversidad y biodiversidad
El predio es la unidad mínima
de planeación y de diseño. Así
lo han hecho los indígenas por tradición.
Si hay más terreno que área de siembra
este predio se vuelve un área de manejo complejo.
Pero aun en terrenos restringidos existen sistemas
de manejo múltiples y complejos.
La agricultura de varios pueblos
indios en distintas regiones de América Latina
ha contribuido en las siguientes enseñanzas
y principios agroecológicos:
1. Manejo y uso sustentable de
la biodiversidad local y aumento de la biomasa por
unidad de producción.
2. Manejo y mejoramiento de la
humedad de las cuencas.
3. Manejo y mejoramiento de los
suelos en cada ciclo.
4. Manejo y control de plagas
sin contaminar y envenenar a los consumidores, los
suelos, los ríos y las lagunas.
¿Cómo se traducen estos
principios?
1. Estabilizando estratégicamente
los agroecosistemas de tal manera que en su evolución
sean altamente productivos tomando en cuenta las circunstancias
climáticas, de suelo y de vegetación
natural. Éstos deberían minimizar los
embates de eventos extraordinarios como son las sequías
o lluvias torrenciales y/o huracanes.
2. Diseño de sistemas productivos
que, con el menor esfuerzo humano, resulten a la larga
en una mayor productividad ecológica. Dentro
del ciclo energético los desechos orgá-nicos
se convierten en recursos y la energía solar
(mediante la fotosíntesis) aumenta constantemente
la biomasa y diversidad biológica por unidad
de superficie.
3. Relaciones complejas de equilibrio
entre la vegetación silvestre, semisilvestre
y cultivada, así como en relación con
el balance entre las llamadas malezas, plagas nocivas
y sus depredadores. De cada una de las partes se obtiene
algún producto útil, un beneficio ya
sea alimentación, medicina, leña, material
de construcción, abono verde, etcétera.
Un ejemplo muy claro es el de los
nopales en México. Aquí la gente recoge
especímenes semisilvestres, según
sus preferencias tanto por la fruta como por las
hojas que se comen, y los cultiva junto a sus casas.
Así, domestican la planta. Pero no sabemos
si lo que encontra-mos de manera silvestre ya fue
usado por los antepasados hace 2000 años.
La práctica de llevar plantas silvestres
al huerto familiar y escoger los mejores especímenes
está documentada para los huastecos (Alcorn)[1]
y para los mayas de Yucatán[2].
Se reportan hasta 126 especies de plantas útiles
en los solares mayas.
4. En casi todas las condiciones
es posible desarrollar sistemas agroforestales de
propósito múltiple para aprovechar la
luz en distintos pisos de vegetación. Puede
haber árboles altos y palmas multiusos de copa
reducida que aportan maderas finas, leña, frutas,
forraje, sombra. Éstos extraen nutrientes de
niveles más profundos del suelo, mismos que
estarán disponibles para árboles y arbustos
como cítricos, guayaba, el café, palma
camaedora, jengibre, distintos tipos de ñame,
camote y malanga o el taro.
5. Conservación de la agrobiodiversidad
cultural y local dentro de los sistemas productivos.
Los policultivos mencionados deben tener un alto contenido
de plantas culturales de los pueblos indios y de la
biodiversidad local. Las llamadas malezas frecuentemente
son una oportunidad y complemento importante en la
alimentación humana (como los quelites en México),
forraje o abono verde. Mediante policultivos benéficos
altamente funcionales entre sí, se mantiene
la diversidad genética de las plantas indígenas.
Esto es especialmente importante en los lugares en
donde se ha desarrollado la agrobiodiversidad indígena.
Un ejemplo sencillo es la asociación
de frijoles y el maíz, que bien manejadas pueden
mejorar el suelo de manera importante, en cada ciclo
agrícola. Con la selección de semillas
se obtienen rendimientos equivalentes a las semillas
híbridas sin deteriorar el acervo genético.
Especialmente notorios son el uso
de variedades de una misma especie, variedades que
se mantienen en las parcelas como un banco genético
campesino. Por ejemplo, en el Altiplano mexicano,
los indígenas náhuatl, tenían
por costumbre (antes de los programas de la revolución
verde) sembrar en cada mata tres distintas variedades
tradicionales de semillas de maíz. Una de alta
productividad que necesita suficiente lluvias; otra,
que es un maíz menos productivo que resiste
periodos relativamente largos sin lluvia, y un tercero
de ciclo corto para evitar que las heladas destruyan
las cosechas. En los Andes peruanos y bolivianos algunos
campesinos indígenas mantienen en sus parcelas
hasta 40 variedades de papa, y en la cuenca alta del
Amazonas los jíbaros encontraron distintas
especies de mandioca.
6. El suelo es lo más preciado
que hay que conservar. El suelo vivo lleno de hongos
degradadores, lombrices, ciempiés, bacterias,
algunas especies de gallinas ciegas, hormigas bacterias,
es la única garantía para lograr buenas
cosechas a largo plazo. Entre más vida diversa
se halla en el suelo, menos plagas encontramos y se
obtienen mejores resultados para las cosechas. Entre
más materia orgánica tenga un suelo
mejor será la retención de humedad.
Es necesario evitar la exposición directa del
suelo al sol para evitar su resecamiento, el golpeteo
directo por las lluvias, el arrastre en las laderas
y su transporte por el viento. Para evitar la pérdida
de suelos es necesario sembrar en terrazas si se trata
de laderas, así se logra bajar la velocidad
del agua superficial. El diseño de los cultivos
en curvas a nivel con barreras vivas o muertas, cortinas
rompevientos con plantas útiles o de la biodiversidad
local y, sobre todo, cultivos de cobertura en el suelo
con un mantillo de materia orgánica.
7. Se conoce que los mayas y otros
grupos le ponen atención a la vegetación
secundaria en el sistema de roza, tumba y quema. Dejan
en esta área plantas útiles en un estado
silvestre, permiten que viva la fauna silvestre y
se alimente de la misma milpa de maíz y posteriormente
cazarlos. El sistema maya de producción de
alimentos es un verdadero complejo agroforestal-faunístico.
Los desechos orgánicos bien manejados se convierten
en recursos para complementar los ciclos agrícolas.
Así, las hojas, los restos de vegetación,
los abonos verdes como plantas leguminosas que generan
mucha hojarasca se incorporan al suelo nuevamente,
pudriéndose y de nuevo los nutrientes están
accesibles como materia orgánica. Algunas prácticas
de manejo de abono animal provienen de la tradición
campesina arábigo-española, éstas
han sido adaptadas por amplios sectores indígenas,
principalmente, en las áreas templadas. Sin
embargo, se conocen varios ejemplos de uso de abonos
o tierra fértil como es el de la tierra de
hormiga que es utilizada por indígenas del
estado de Guerrero, México.
8. Gestión del agua y humedad
del suelo. Captura de la humedad residual de la noche,
mediante cortinas rompevientos, cubierta de suelo
por plantas rastreadoras, etcétera. Captura
de agua por medio de zanjas y diques transversales
en las laderas, reforestación de los cauces
de los arroyuelos y ríos, cuidado de las cuencas.
Detención del agua cuenca arriba para lograr
la infiltración y evitar las inundaciones catastróficas
río abajo, y pérdida de vegetación
y suelos en las laderas. La lenta infiltración
permite prolongar su uso en tiempos de estiaje (experiencia
andina). Sistemas de almacenamiento de agua en áreas
de estiaje prolongado (por ejemplo, los mayas de la
península de Yucatán) o los jagüeyes
arábigo-españoles.
9. Minimizar el riesgo de pérdida
total de los cultivos por eventos naturales o plagas
con la diversificación de las semillas y cultivares.
10. Manejo integrado de plagas con
rotación de cultivos, mejoramiento sustancial
del suelo, barreras físicas, aumento de predadores
benéficos, etcétera.
11. Selección de semillas
y cultígenos para el siguiente ciclo, según
cualidades productivas y preferencias culturales.
12. Formas seguras de almacenamiento
y conservación de las cosechas.
13. Integración de la agricultura
y, sobre todo, de la agroforestería con la
ganadería menor y mayor. Utilización
de sus desechos (estiércol) como recurso.
14. Producción de lombricomposta
como fertilizante de alta calidad.
15. Lograr la autosuficiencia alimentaria
y servicios ambientales, en un sistema que cada vez
está trabajando más en favor del productor
para el mejoramiento de la productividad ecológica
(mejores suelos, más desechos que se convierten
en recursos como abonos, más vegetación
y animales (biomasa), más biodiversidad, y
menos trabajo en la medida que el sistema madure.
[1] Janis Alcorn, “Indigenous
Agroforestery Systems in Latin American Tropics”,
p. 205, en M. Altieri y S. Hecht (eds.), Agroecology
and small farm development, CRC Press, Boca Raton,
1991.
[2] S. Terán
y C. Rasmussen, La milpa de los mayas. Agricultura
de los mayas prehispánicos y actuales en el
noroeste de Yucatán, Danid, Yucatán,
1994. |