Cartilla 5. Experiencias campesinas en el manejo de los suelos y biodiversidad

 
 

Los campesinos y campesinas aplican sus conocimientos de modo creativo, de tal manera que, en la parcela, se generen microambientes que integran la vegetación y fauna local con los cultivos, según la ubicación geográfica.

Los siguientes ejemplos de manejo exitoso de las parcelas servirán para que los campesinos y campesinas indígenas puedan aprender de otros tal como si visitaran las parcelas de sus compañeros y compañeras.

Las figuras 15,16 y 17 servirán como incentivos para la discusión de diseños alternativos de los sistemas agrícolas-agroforestales en las áreas tropicales:

Siembra de productos básicos, frutales, maderables, manejo de fauna, apicultura, agroforestería, manejo de bosque secundario.

1. Sistema agroforestal de doña Catalina (figura 15) que imita la selva y contiene cuatro pisos de vegetación. Las raíces llegan a distintas profundidades y aprovechan los distintos nutrientes. Es muy necesario podar algunas ramas de los árboles para que no den demasiada sombra, para que produzcan más fruta o que crezca el árbol de manera que se pueda aprovechar mejor su tronco como maderable.

2. Estrato alto intermedio: leguminosas que permiten el paso de la luz y que alimentan a las abejas, son maderables y dan frutos útiles (tamarindo en áreas un poco menos húmedas), plátano, papaya, guayaba y leguminosas forrajeras como el huachim (Leucaena sp.) alimento para gallinas.

3. Estrato intermedio bajo tiene todavía suficiente luz para cosechar naranjas, mandarinas y zapote negro. El maíz alcanza un buen tamaño y es sembrado en callejones especialmente abiertos para que la luz penetre. Intercalado con el maíz está el frijol de guía, frijol mucuna y frijol canavalia pa-ra mejorar el suelo, calabaza chihua que a la vez sirve para mantener la humedad del suelo y deprimir las hierbas indeseables.

4. En este estrato, o sea el más bajo, encontramos frijol de mata, camote, ñame en las zonas más sombreadas, chile en callejones y caña de azúcar.

5. Los sistemas agroforestales son la transición entre sistemas agrícolas sin árboles y el bosque secundario. Inclusive los campesinos están pensando en utilizarlo para enriquecer los bosques secundarios.


Figura 14. Integración de la producción a los sistemas tropicales comunitarios

Diseño que necesita un reconocimiento del terreno

Antes de implantar el sistema agroforestal la familia de doña Catalina tumbaba cada dos o tres años 7 hectáreas de selva y de bosque secundario. Quemaba la vegetación original o el bosque secundario y sembraba maíz, frijol, calabaza, chile, y recogía, además, yerbas comestibles. Con la quema las plantas tenían acceso a nutrientes de manera inmediata. Sin embargo, con la quema gran parte de la materia orgánica se pierde y volatiliza en forma de bióxido de carbono, y compuestos de nitrógeno. La pregunta que se hicieron los campesinos y cam-pesinas fue cómo se puede sembrar año con año en el mismo lugar, utilizando el conocimiento tradicional y mejorándolo. Así se reinventó un sistema agroforestal. Este sistema no es el de ladera, más adelante hablaremos del mismo.

No quema. Doña Catalina diseñó su parcela en primer lugar para mejorar el suelo. Se trataba de una parcela con suelos empobrecidos que no daban ya ninguna cosecha de maíz y de frijol. Cada año tumbaba y quemaba el monte. Pero ya con este nuevo diseño agroecológico consiguió abono animal. Para ahorrar abono abrió pequeñas pocetas y lo revolvió con la tierra superficial para sembrar el maíz. Al mismo tiempo, así como había aprendido de sus abuelos sembró, intercalando un frijol abono, llamado localmente nescafé, o pica pica mansa (Mucuna deeringiana). El frijol abono mantiene el suelo cubierto, primero con su follaje y, posteriormente, con la hojarasca seca, protegiéndolo del sol y logrando una buena humedad. Este hecho permitió un buen control de malezas. Luego dejó crecer el frijol abono hasta que dobló la milpa para que se secara la mazorca. En ese momento los bejucos del frijol crecen muchísimo y dejan una capa importante de hojarasca. Cuando creció muy bien la planta la cortó con el machete, recogió su maíz y en la “basura” como dice ella, sembró maíz para una segunda cosecha. En las raíces de este frijol se formaron unas bolitas llamados nódulos que están llenos de nitrógeno disponible para las plantas. Así hacen las leguminosas de mata, de arbusto o de árboles que tienen frijoles. Con este método doña Catalina fue mejorando año con año su suelo, introduciendo también otros frijoles (leguminosas) como canavalia (Canavalia ensiformis) que comen bien las vacas y los borregos, y otros frijoles comestibles como el chinanpopo, frijoles mayas (como el x’pelón), arbustos como el chícharo gandul (Cajanus cajan), etcétera.

El predio colinda con un acahual (selva secundaria que está en la figura 15 representada en color verde en la parte de abajo, junto al camino); que ya no se tocará porque se enriquecerá con árboles maderables intercalados. Sirve además de barrera rompevientos que permite aumentar la humedad en su parcela agrícola. Esta cortina rompevientos se ocupa como área de forrajeo para las abejas y es de donde se saca la leña para el fogón. En el mismo predio de 1 hectárea, comenzó a sembrar frutales, para tener cosechas a los cuatro años, árboles maderables, y en el límite de la parcela sembró plantas de nopal y de chaya (Cnidosculus chayamansa).

Policultivo y agrobiodiversidad cultural indígena. En este predio se utilizan varias plantas culturales como maíz (de ciclos corto y largo), frijoles, calabazas, cilantro, tomate, ñame, tomates silvestres, distintas clases de chile. Arbustos mejoradores del suelo como chícharo gandul, chaya y nopal en los límites del terreno. Con el chile jalapeño y calabaza para venta de la semilla (chihua) se lograron ingresos monetarios y dice que todos los años sembrará en distintos lugares de la misma hectárea, ahí donde creció el frijol abono con maíz. Del plátano no sólo obtiene la fruta sino también la hoja para los tamales y lo pica para cubrir el suelo y dejar una cubierta semipermanente para mantener la humedad. En su sombra sembró ñame y junto camote y makal; además de otros tipos de chiles como habanero, frijol de mata y de guía (x’pelón maya)

Manejo de suelo. Vimos como doña Catalina usó los abonos de animales para aumentar la productividad de su parcela. Pero también decidió usar abonos verdes como los frijoles que fijan al suelo hasta 140 kg de nitrógeno por hectárea. Sus hojas secas y la planta misma mantienen cubierto el suelo por más de seis meses al año, de tal manera que el suelo no se reseca y permite que se desarrollen miles de lombrices, hongos benéficos y otros mejoradores del suelo. Ella calcula que con los abonos verdes se integran 40 toneladas de materia verde al suelo o 6 toneladas de materia seca. Esta materia orgánica mejora la textura del suelo y permite, cada vez, mejores cosechas. Para que no haya ningún problema de plagas por sembrar año con año los mismos frijoles, alterna el frijol nescafé (Mucuna deeringiana) con el frijol canavalia (Canavalia ensiformis), el chícharo gandul (Cajanus cajan) y otros que tienen follaje abundante.

Labranza. La forma de labranza de la tierra es muy importante. Cuando las tierras tienen una capa arable muy delgada es preferible labranza cero. Esto es, se crea un mantillo de la vegetación en descomposición, lo que protege el suelo de estar desnudo ante el sol quemante y ante los vientos que arrastran pequeñas partículas y el desecamiento constante de la superficie. Tal es el caso de la técnica indígena del frijol tapado de invierno que consiste en tirar con machete el acahual o bosque secundario o bien las hierbas que han brotado. Sin remover este mantillo se siembra, con espeque o bastón plantador, el frijol. Esta técnica se usa principalmente en la época de estiaje para garantizar la humedad y protección del suelo. La vegetación en descomposición, lentamente se incorpora al suelo en forma de nutrientes. Algunos (as) campesinos (as) como doña Catalina, prefieren la labranza mínima, que consiste en abrir la tierra con una piola o arado por tracción animal o una motocultora e incorporar suavemente los abonos animales y la materia orgánica generada por los abonos verdes. En este caso sólo se abre la tierra estrictamente en el área que se sembrará, manteniéndose en parte la estructura natural del suelo. La labranza mecanizada con tractores pesados no es conveniente porque compacta las capas abajo de la tierra arable, rompe con la estructura del suelo, elimina gran parte de las lombrices y la macrofauna del suelo, mismo que se hace más vulnerable a la erosión.

Figura 15. Diseño de parcela de una hectárea por Catalina García en el ejido de V. Gómez Farías, Calakmul.

 
     
 
 


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