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Varias son las experiencias sustentables y exitosas de empresas forestales comunitarias manejadas por indígenas y campesinos en América Latina y Norteamérica.
Según los ejercicios de ordenamiento territorial y ecológico, algunas comunidades campesinas e indígenas que tienen bosques o selvas han delimitado estas áreas como área forestal permanente para su aprovechamiento, para la protección de los suelos y las cuencas para la recarga de los mantos acuíferos y conservación de la biodiversidad. Si el área boscosa está muy deteriorada se podría decretar como espacio de recuperación y reforestación. En la selva tropical, así como en el bosque templado, estas zonas de recuperación tienen ventajas importantes, ya que pueden plantarse especies valiosas que necesitan luz para crecer.
Las comunidades indígenas y campesinas poseen una gran variedad de recursos naturales, dentro de los cuales los bosques y las selvas son de mayor relevancia, porque representan un patrimonio natural y cultural invaluable. En México, por ejemplo, 80% de las áreas forestales se encuentran en ejidos y comunidades indígenas. Rara vez las comunidades están totalmente cubiertas por árboles. Más bien, su característica es que cada comunidad tiene un área para la agricultura, otra para la ganadería y una más para el aprovechamiento forestal, generalmente de propiedad comunal. Se trata de áreas serranas con gran variedad de microclimas y, por ello, de bosques heterogéneos. A pesar de que el bosque está en los territorios indígenas y campesinos muchas veces las comunidades no son las que lo aprovechan.
Sin embargo, observamos que la mayoría
de las experiencias exitosas en el buen manejo del
bosque y selvas parten de movimientos y luchas indígenas
y campesinas para la recuperación y apropiación
del recurso. Con esta experiencia de recuperación
se han formado, tanto en Estados Unidos y Canadá
como en México, empresas para la forestería
social y comunitaria. Estas empresas tienen características
específicas y procedimientos administrativos
distintos a una empresa privada. Se trata de una economía
del bien común y de organización campesina
del trabajo. Sus fines empresariales frecuentemente
se dirigen a apuntalar los servicios comunitarios
como la introducción de agua potable, la construcción
de la iglesia, los caminos, el edificio de la alcaldía,
transporte, becas de estudio y servicios médicos.
Aun con estas experiencias exitosas que se refieren
a los últimos 20 años, hay que aclarar
que en un país como México, en que se
supone que las comunidades indígenas y campesinas
son dueñas de una enorme porción del
bosque (1 348 ejidos y comunidades), 68.5% padecen
de desorganización, y se extrae madera ilegalmente;
también los bosques están desordenados
por lo que se pierde rápidamente su riqueza
forestal. Sólo en un 27.5% de los casos se
tiene alguna organización, pero su manejo es
regular y no sustentable. Por tanto, un 4% maneja
sus bosques de manera ejemplar, con reglamentos internos
en los hechos, tiene legalizada su empresa, reinvierte
su capital, realiza auditorías internas, los
socios participan activamente, hay algún nivel
de industrialización y creación de fuentes
de trabajo permanentes. Su característica principal
es que se cultiva el bosque de manera sustentable.
[2]
Tomando como referencia el logro obtenido por algunas comunidades exitosas en el manejo comunitario de sus recur-sos forestales, se plantea una serie de lineamientos para un esquema de silvicultura comunitaria y lograr el manejo sustentable de los recursos forestales, basados en el conocimiento tradicional que, como comunidades indígenas, tienen por el hecho de convivir con el bosque y la transferencia de conocimientos técnicos y científicos.
En esta Cartilla pretendemos presentar los principios de las mejores experiencias, tanto en el manejo de los recursos forestales maderables, un adecuado uso de leña y el de los recursos forestales no maderables.
Temas:
1. Productos forestales maderables
2. Productos forestales no maderables
3. Manejo sustentable de leña
¿Qué es el bosque para un campesino?
El bosque significa varias cosas: un ecosistema en equilibrio, fuente de diversas especies (maderables y no maderables), de uso de las culturas indígenas y campesinas, protección para fuentes de agua y control de la erosión y un complemento en la agricultura de ladera, etcétera. Según la organización interna, distintos grupos sociales dentro de la comunidad tienen acceso a varios beneficios o servicios. Por ejemplo, en el caso de la venta de madera, sólo los comuneros tienen derecho al reparto de utilidades, pero en el caso de la leña, o los hongos, todos, comuneros o no comuneros pueden acceder a estos recursos. El bosque es como un “capital” cuyos intereses se pueden aprovechar sin mermarlo. En un terreno forestal se reconocen dos tipos de capital: el “suelo” y el “vuelo”. El valor del suelo depende de su productividad, composición y ubicación. El capital vuelo es el valor del arbolado que crece sobre el suelo, y este capital crece en medida que el arbolado madura. En muchos casos el Estado ha reconocido a los campesinos derechos sobre el suelo pero no sobre el vuelo. Una vieja e intensa lucha de las comunidades agrarias, en América Latina, ha sido exigir que el Estado les reconozca derechos de propiedad y usufructo sobre sus bosques, porque de ellos proviene una considerable parte de su sustento y son fuente importante de sus ingresos monetarios. Es decir, una lucha para que el capital vuelo contribuya al bienestar del campesino.
¿Qué funciones principales tiene el bosque?
El bosque tiene dos funciones principales: producción y servicios ambientales. Cuando el bosque contribuye principalmente a evitar la erosión en laderas con pendiente pronunciada, cuando es utilizado como complemento para fijar el suelo en agricultura de terrazas, o para regular la captación del agua en microcuencas o como cortina rompevientos, cuya principal tarea es la protección. También el bosque y las selvas son reservorio genético y de diferentes sustancias que guardan las plantas, los animales, los microorganismos y los hongos, además de ecosistemas que proporcionan servicios ambientales. Cuando el bosque es utilizado como fuente de ingresos monetarios, por ejemplo, bosques de composición relativamente rica localizados en “planadas” o bien de plantaciones de distinto tipo (comerciales, para leña, etcétera), su principal función es la producción de madera, látex o resinas. Una tercera función del bosque, que ha tomado importancia en los últimos años, se da en las áreas naturales protegidas (reservas y parques nacionales, entre otras). En este caso la finalidad exclusiva es la conservación del ecosistema natural y de la diversidad biológica. El bosque natural o las selvas se pueden mantener en una reserva, pero manejándolos productivamente y de manera adecuada.
Las estrategias para el manejo del bosque
natural consisten en procurar, por una parte, estos
servicios ambientales como la protección de
las cuencas, suelos y biodiversidad y ofrecer la máxima
rentabilidad económica en forma permanente.
El arte de la silvicultura comunitaria es saber integrar
estas tres condiciones, difíciles de conjuntar,
ya que una podría excluir a la otra. Se debe
entonces hacer un compromiso y lograr acuerdos comunitarios
para buscar este equilibrio que la misma demanda del
mercado puede romper. Si el manejo cumple con estos
objetivos estamos satisfaciendo el principio de
sustentabilidad.
[1] Parte de este texto se basa
en colaboraciones de Hugo Alfredo Galletti.
[2] S. Madrid, “La
participación de grupos indígenas y
no indígenas en actividades forestales y de
conservación. Obstáculos y oportunidades
de los ejidos y comunidades forestales de México”,
México, 1993, mecanoscrito.
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