Cartilla 6. Ahorro y renta sostenida

 
 

El bosque puede significar para el campesino dos formas principales de ingreso: un ahorro y una renta sostenida. Cuando el campesino planta un bosque con miras a obtener una sola cosecha y sin decidir necesariamente que ese terreno será forestal para siempre, está realizando una plantación con fines de ahorro. El campesino podrá cortar y vender su bosque en un momento de necesidad económica y luego utilizar dicho terreno para la agricultura o ganadería. Esta caja de ahorro forestal resulta en muchos aspectos más eficiente que las cajas de ahorro tradicionales del campesino (puercos, gallinas), debido a que no requiere de inversión en alimentos y puede alcanzar un valor muy alto. Tiene la desventaja, sin embargo, de que se trata de un ahorro a largo plazo, a causa del crecimiento lento de los árboles forestales. Algunos campesinos dicen, “esto es mi fondo de retiro”. Aunque las comunidades indígenas tienen una larga tradición de aprovechar los maderables y no maderables principalmente para el autoconsumo y satisfacer sus necesidades de vivienda, medicina, alimento, estéticas, energético y como materia prima para artesanías, en la mayoría de nuestros países no hay una tradición silvicultural campesina, que por lo menos logre insertarse en el mercado exitosamente. Son relativamente pocos los que saben reconocer por experiencia el alto valor que pueden llegar a alcanzar los árboles de ahorro.

La segunda forma de ingreso es la renta sostenida. En este caso, los terrenos serán forestales para siempre y el aprovechamiento del bosque se planifica de acuerdo con el principio del rendimiento sostenido. Éste establece que las cortas se hagan de manera que el bosque mantenga, año con año, su capacidad de producción. Para alcanzar el rendimiento sostenido, el bosque tiene que estar compuesto por una mezcla proporcionada de árboles de distinta edad, buscando equilibrar la corta con el crecimiento y sin dejar que el “capital forestal” disminuya. Al-canzar este equilibrio es un proceso que dura años, y a veces décadas. Para ello, además de la realización de tareas de silvicultura (limpias, clareos, etcétera) deben llevarse a cabo tareas de ordenación. La ordenación es la organización económica del bosque para asegurar la persistencia y crecimiento de la masa forestal. Un bosque bien ordenado no disminuye su valor con la corta sino que lo aumenta a largo plazo, ya que el obje-tivo de la ordenación es obtener masas forestales productivas, sanas y de buena calidad, hasta alcanzar el máximo rendimiento posible. La ordenación del bosque también implica tener áreas de conservación para obtener semilla de los mejores árboles locales, áreas de protección de cuencas y de la biodiversidad, y de estrategias productivas de bosques mixtas para evitar que las plagas puedan desarrollarse. (En Europa, por ejemplo, los bosques templados mixtos-coníferas y hojosas han logrado resistir el embate de plagas y la contaminación atmosférica co-mo la lluvia ácida.)

 
     
 
 


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