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El problema económico principal del bosque tropical es que tiene una composición muy heterogénea y del gran número de especies que lo componen, por lo general, se aprovechan unas pocas denominadas, según las regiones, maderas preciosas, de color o de ley. En este tipo, denominado aprovechamiento selectivo, se utiliza sólo una pequeña fracción de la potencialidad productiva del monte. La mayor parte de ésta queda económicamente sin explotar. El aprovechamiento selectivo, por lo general, empobrece paulatinamente los montes: el corte primero se hace sobre la especie más valiosa, se continúa con la que le sigue en valor, y así se agotan las existencias de mayor importancia económica. El resultado son bosques empobrecidos. Para mejorar esta condición en los bosques tropicales se llevan a cabo las denominadas cortas de mejoramiento. Las mismas consisten en seleccionar el arbolado de tamaño intermedio más prometedor (alto valor, buena forma, buena sanidad) y eliminar el arbolado que impide su desarrollo, procedimiento que se conoce como liberación. Con el correr de los años estos árboles liberados serán la base económica del aprovechamiento (véase figura 32).
Sin embargo, para realizar este tipo de tareas se requiere de capital, seguridad en la propiedad del bosque y una visión a largo plazo.
Figura 31. Desarrollo del bosque por el procedimiento de “liberación”
En la actualidad, en la mayoría de los bosques tropicales se lleva a cabo el aprovechamiento selectivo. Esto encarece notoriamente las tareas silvícolas, ya que la rentabilidad económica de este tipo de explotación es muy baja comparada con la de bosques templados, en que se aprovecha un mayor número de árboles por hectárea. Por ello, una de las tareas importantes en la silvicultura tropical es lograr que el mercado acepte cada vez más nuevas especies, hasta lograr que el aprovechamiento sea más intensivo y permita una mayor rentabilidad económica por hectárea. Esto permitirá reinvertir parte de las utilidades en el bosque para mantenerlo y mejorarlo.
El criterio del mercado para seleccionar las especies preciosas no ha sido arbitrario: se trata, por lo general, de especies de gran porte, buena forma, semiblandas, fácil de trabajarlas y altamente vistosas. La incorporación de nuevas especies implica desarrollar técnicas de trabajo especiales para cada una de ellas (secado, corte, cepillado, moldurado, etcétera). Por ello, la incorporación de dichas especies al mercado es un largo proceso, dificultado porque en estas regiones los mecanismos de mercado son muy elementales y con visión a corto plazo. Es necesario superar la visión de varias comunidades campesinas de ingresar al mercado con madera en rollo. Ya la producción de tabla comienza a incorporar por lo menos diez veces más mano de obra que la venta en rollo. Pero para convertirse en una herramienta de desarrollo, el procesamiento de la madera deberá superar el actual nivel de producción de tablas y realizar nuevos productos más elaborados. Esto permite el aprovechamiento de las puntas y ramas y el procesamiento de los llamados desechos en la producción de tablas, lo cual abre la puerta para una activa participación de grupos de inte-rés al interior de las comunidades, que tomen en sus manos el proceso a través de la instalación de talleres de diversas actividades, que utilicen materias primas forestales. Sin embargo, ello requiere de un largo proceso de promoción y capacitación y está estrechamente ligado con el desarrollo de redes de comercialización adecuadas.
Un tercer problema de los bosques tropicales es la falta de límites. Por lo general falta marcar el límite de la superficie forestal, y en numerosos casos no están indicados siquiera los límites prediales. La delimitación de áreas destinadas a la producción forestal permanente, en las cuales la propia comunidad limite la realización de sus actividades agropecuarias, es una primera medida necesaria para avanzar hacia un aprovechamiento racional de los montes.
Por último, otro problema es que muchas de las especies de mayor valor comercial (por ejemplo, la caoba, el cedro) son especies que requieren de luz para su desarrollo. La corta debe hacerse de tal manera que se logren huecos lo suficientemente grandes como para que en ellos haya la cantidad de luz nece-saria para asegurar el desarrollo de estas especies. El tamaño y distribución de los huecos producidos por la corta es un elemento crítico para el éxito de la regeneración. ´

Figura 32. Máximo rendimiento sostenido
En resumen podemos decir que la forestería social comunitaria sustentable ha tendido más hacia el manejo de ecosistemas forestales que al rendimiento sostenible de madera, esto implica que en las comunidades se da más enfásis al manejo del bosque natural heterogéneo que promueve la conservación de los distintos ecosistemas y de la biodiversidad.
A continuación se presenta un cuadro comparativo que nos permite observar las distintas estrategias para el manejo de un mismo bosque.
Cuadro 7. Comparación
de los modelos de rendimiento sostenible de madera
y de manejo de ecosistemas forestales [1]
Modelo de rendimiento sostenible de madera |
Modelo de ecosistemas forestales |
| Centrado en poblaciones objetivo |
Centrado en ecosistemas |
| Reemplazo de bosques mixtos con monocultivos |
Mantenimiento de bosques mixtos |
| Uso de plantas de vivero y plantaciones con especies nativas o exóticas |
Mantenimiento de bosques mixtos |
| Cosecha de por cortas a matarrasa y otros métodos coetáneos |
Aplicación de diferentes métodos de regeneración (coetáneo o incoetáneo) |
| Simplificación de sistemas ecológicos complejos |
Mantenimiento de complejidad por métodos de retención variable de los árboles durante la cosecha. Conservación de bosques viejos y de corredores biológicos |
| Rotaciones de corta duración |
Rotaciones largas |
| Uso de productos químicos (herbicidas, plaguicidas, fertilizantes) |
Uso reducido de productos químicos |
| Control de plagas y patógenos |
Manejo de interacciones bióticas (negativas y positivas) |
| Supresión o modificación del regimen de incendios forestales |
Imitación, en la medida de lo posible de patrones naturales de perturbación dentro de un ecosistema dado |
| Eliminación de arbolado muerto y residuos leñosos gruesos |
Retención de arbolado muerto y residuos leñosos gruesos |
| Uso extensivo de maquinaria |
Aplicación de prácticas de conservación de suelos |
| Prescripciones de manejo rígidas |
Manejo adaptativo |
| Énfasis en la constancia |
Énfasis en la dinámica y cambio |
El mercadeo, un problema central a solucionar
La mayoría de los campesinos de nuestros países han estado aislados del mercado por diversas razones. En algunos casos ni siquiera se les ha reconocido el derecho de propiedad o usufructo de los bosques, que el estado entregó en concesión a particulares. Muchas veces los conflictos por la tenencia de la tierra y los recursos forestales han generado confrontaciones violentas. En otros casos se les ha reconocido ese derecho, pero el aislamiento de las comunidades y la falta de vías de comunicación hace difícil el aprovechamiento de los bosques, ya que esto requiere de un importante capital para la construcción de caminos de saca. En la mayoría de los casos las comunidades carecen de los conocimientos necesarios como para administrar, manejar, aprovechar, transformar y vender los pro-ductos forestales. A ello se suma muchas veces la falta de apoyos adecuados por parte de las instituciones públicas.
Entre los principales problemas para el acceso al mercado tenemos, en primer lugar, que las comunidades puedan apropiarse de los procesos de extracción, para poder utilizar la corta como método de manejo silvícola y no como arma de destrucción. Las comunidades deben tener una participación activa en los trabajos de manejo y extracción, ya que esto les permitirá, no sólo superar la venta del árbol en pie, sino adquirir los conocimientos necesarios como para desarrollar una administración de monte.
Un segundo problema es que el mercado de madera en troza es muy limitado y produce pocos ingresos para las comunidades. Por lo general está en manos de intermediarios locales, con prácticas tradicionales, bajos precios y mecanismos de compraventa muy elementales (muchas veces cuentan, además, con el apoyo de mafias ligadas a los gobiernos locales, en detrimento de las comunidades). Para ello, las comunidades deberán tomar en sus manos el primer paso de transformación de la madera, que es el aserradero. El mercado de tablas es mucho más diferenciado que el de trozas, y permite obtener lo que se denomina valor agregado (el valor que se agrega a una materia prima o producto intermedio cuando se lo transforma en un producto más elaborado). Sin embargo, esto implica un largo proceso de capacitación y organización para que las comunidades desarrollen las capacidades técnicas y administrativas necesarias para conducir este proceso. Es típico en este sentido, entre las comunidades campesinas, la rotación permanente de puestos, que dificulta la especialización e impide la aparición de formas eficientes de gestión. Por ello, es necesaria la combinación de una gestión gerencial de la empresa campesina con las formas tradicionales de organización.
Por último, un tercer problema es generar las condicio-nes regionales que hagan posible el desarrollo. Las comunidades solas no podrían alcanzar el mercado nacional o internacional y sólo en la minoría de los casos podrán tomar en sus manos procesos industriales más complicados, por lo que deberán buscar aliados —a nivel regional, nacional e internacional— para impulsar en forma conjunta el proceso e incidir sobre el gobierno para lograr su apoyo a una forestería comunal como base de un desarrollo forestal en beneficio de la población local.
Las perspectivas de la forestería comunal de los campesinos indígenas
La seguridad en la tenencia de la tierra forestal es condición para lograr un desarrollo forestal a largo plazo. Sin la misma, es lógico que el campesino o el inversionista privado adopte una política de sacar la mayor cantidad posible de materias primas forestales, agotar el monte y luego mudar su planta a otra región. Esta política de “golpea y huye” ha sido causa principal del empobrecimiento de los montes y de la deforestación. El reaseguro contra la misma es que los que viven en el bosque participen activamente en la actividad forestal. Estos pobladores están ahí y, en muchos casos, su único capital es el propio bosque, por lo que son el grupo social con mayor interés en la conservación y aprovechamiento racional del mismo. Sin embargo, esto no ha sido por lo general tomado en cuenta por los gobiernos, que en la mayoría de los casos impulsaron una política de colonización con fines agropecuarios al tiempo que el usufructo comercial del monte siguió concesionado a empresas madereras. En estas condiciones la única participación de la gente se podía dar a través del desmonte. Muchas regiones forestales de nuestros países, que podrían haber desarrollado una sólida economía forestal con la participación social, han sido devastadas y transformadas en áreas agrícolas de baja productividad al mismo tiempo que los campesinos siguieron excluidos de los beneficios del aprovechamiento forestal. Esto contrasta con las soluciones desarrolladas en los países con mayor desarrollo forestal (como Suiza, Alemania, Francia, etcétera) donde la política de desarrollo forestal se basa en una participación activa de los campesinos y comunidades propietarias de montes.
La reversión de esta situación
plantea varios retos a los distintos actores interesados
en un aprovechamiento sustentable de los recursos
naturales. A las comunidades, participar en forma
directa en el manejo y aprovechamiento forestal, desarrollar
formas eficientes de administración comunitaria
y ser un sector activo en la economía forestal
regional. A los madereros e industriales forestales,
para contribuir a la generación de nuevas prácticas
de mercadeo que permitan un mayor ingreso a la población
local a cambio de asegurar, a largo plazo, su fuente
de abastecimiento como base estable para reconvertir
las viejas industrias y desarrollar productos más
elaborados. A las organizaciones no gubernamentales
conservacionistas, remplazar una concepción
ultraconservacionista de “no tocar” por
una más práctica acerca del uso racional
de los recursos naturales, que tome en cuenta los
intereses de la población local. Al Estado,
para impulsar una política regional que favorezca
estas alternativas y se convierta en un verdadero
instrumento de desarrollo en beneficio de los actores
locales.
[1] Tomado de Jardel, Moermond y
Mason, Bosques sustentables y manejo forestal comunitario,
2001, manuscrito.
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