Cartilla 7. Captura de carbono

 
 

El proyecto alternativo de manejo de los recursos naturales genera una serie de servicios ambientales que no sólo benefician a las comunidades, sino a las regiones, al país y, en general, al planeta. Los acuerdos internacionales del Convenio sobre Diversidad Biológica permiten que algunos servicios ambientales sean retribuidos con recursos internacionales del Fondo Mundial para el Medio Ambiente (Global Environment Facility).

En esta Cartilla vamos a explicar tres de los 17 servicios ambientales mencionados, mismos que experimentalmente están siendo “pagados” a ciertas comunidades campesinas e indígenas:

  • Captura de carbono
  • Captación de agua y conservación de suelos (manejo de cuencas)
  • La biodiversidad como servicio ambiental

Captura de carbono

En la introducción de esta guía se menciona que las causas del cambio climático global se deben a las emisiones de “gases invernadero”. Desde la Revolución Industrial los países del Norte son los responsables de la mayoría de las emisiones del bióxido de carbono (CO2) a nivel global[1]. Éste es uno de los gases responsables del calentamiento global y, probablemente, la causa de las alteraciones climáticas en los últimos años. La toma de conciencia de este problema llevo a arduas negociaciones para “estabilizar las concentraciones de gases invernadero” en el Convenio del Marco sobre el Cambio Climático, como con-secuencia de los acuerdos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Ambiente y Desarrollo 1992, en Río de Janeiro (la Cumbre de la Tierra). El acuerdo incluyó el concepto un tanto novedoso como la responsabilidad común pero diferenciada y el principio precautorio. Este último exige una acción que remedie aun en ausencia de certidumbres científicas respecto al alcance del problema. La Convención distingue entre los compromisos de los países desarrollados y aquéllos en vías de desarrollo. En una conferencia subsiguiente (el Protocolo de Kioto) los países industrializados se comprometieron para que en el año 2010 haya una disminución cercana a 30% de emisión de gases invernadero respecto a su crecimiento esperado. En el “Anexo B” de dicho protocolo se consignan “Mecanismos de desarrollo limpio”, en los cuales los países estarían sujetos a cuotas y si no las llenan pueden venderle su parte correspondiente a los países altamente contaminantes del Norte.[2]

Aquí resalta la energía solar, principal motor de la vida, que mediante la fotosíntesis fija el carbono de la atmósfera en forma de madera, ramas, frutas y semillas. Las comunidades o empresas campesinas que manejan adecuadamente sus bosques (cuidan y mejoran la capacidad fotosintética por área determinada), que recuperan áreas degradadas, que aumentan la biomasa de sus terrenos de cultivo mediante procedimientos agroforestales y que mantienen un equilibrio entre el consumo de leña y la siembra de árboles, para tales objetivos “capturan” carbono del aire en forma de plantas leñosas (árboles) y la materia orgánica en los suelos. En este caso decimos que están dando un servicio ambiental al país, a la humanidad y al equilibrio de los diferentes factores de la naturaleza. El desarrollo limpio intenta impulsar proyectos de compensación de carbono entre dos o más países, donde las compañías, de países desarrollados, que generen gases invernadero, paguen una compensación por su avería. Lo anterior se basa en una fuerte lógica económica que postula que con este tipo de instrumentos económicos se logra frenar la emisión de los gases invernadero, principalmente, en los países del Norte. Son grandes las críticas que se pudieran dar a este instrumento regulatorio. Eso de vender y comprar permisos de emisión permitiría comprar el derecho de causar daño en una parte del mundo y curarse en salud argumentando que está enfrentando la avería. En realidad, cualquier acuerdo de esta naturaleza tendría que incluir la responsabilidad primera de los países industrializados de reducir sus propias emisiones de gases invernadero y su estilo de vida consumista que requiere un consumo alto de energía fósil. Con la instrumentación conjunta estamos lejos de encontrar un mecanismo justo y equitativo. ¿Quién paga, por ejemplo, los daños que los grandes huracanes están causando en los países del sur, el control de las nuevas epidemias que surgen por el aumento de la temperatura en ciertas regiones, los estragos de sequías prolongadas? Si el control actual de la emisión de los gases invernadero tiene efecto en 200 años, mientras que todos los países sufren por el cambio climático global, ¿quién paga la deuda ecológica histórica generada en el proceso de industrialización de los países del Norte, incluyendo sus guerras?

Independientemente de la justeza o no de estas relaciones comerciales a nivel ambiental, las convenciones, de las cuales la Organización de las Naciones Unidas es signataria, han fijado cierta plataforma para que las comunidades campesinas negocien alguna retribución por la inversión que están haciendo por no destruir sus bosques, su biodiversidad, sus plantaciones en agroforestería y así proporcionar los servicios ambientales necesarios para la vida en el planeta.

Este novedoso procedimiento sólo se ha impulsado de manera experimental y, a través de estudios iniciales en la comunidad y sus recursos, se analiza para los 30 años venideros la tendencia a la degradación ambiental. Ésta es la línea base sobre la cual se tejen los distintos proyectos de conservación y desarrollo para que dicha degradación no suceda y, al contrario, que aumente la biomasa y se garantice la captura de carbono. Se hace una proyección a 30 años de lo que sucedería sin proyectos especiales (pérdida de masa forestal, suelo y biodiversidad) o lo que cuesta mantener un bosque y el aumento de la captura de carbono con proyectos sustentables. Con ciertas metodologías validadas y reconocidas se calcula la diferencia entre lo que se espera que se pierda en carbono fijado por deforestación y lo que sucedería si los proyectos de conservación y aumento de la masa forestal y materia orgánica del suelo aumentaran. La cifra calculada y validada, y el proyecto avalado por las autoridades ambientales son la base de negociación entre las empresas que quisieran “comprar” este servicio ambiental y las comunidades.[3] El problema es cómo negociar el precio por la tonelada de carbono capturado; ya que varía de país en país, según los acuerdos gubernamentales.

Las comunidades indígenas de Oaxaca y Chiapas, en México, han definido una plataforma para negociar la “implementación conjunta”. Después de un largo proceso de consulta algunas comunidades de Oaxaca[4] obtuvieron los siguientes acuerdos internos.

  • Mantener e incrementar un sistema de áreas silvestres comunales
  • Recuperar la biomasa de bosques que fueron intervenidos en el pasado. Aumentar la superficie arbolada mediante la regeneración de claros forestales y áreas desmontadas adyacentes a los bosques
  • Disminuir la presión sobre los bosques, aumentando el rendimiento y las áreas bajo sistemas agroforestales, de agricultura orgánica (los suelos con mucha materia orgánica retienen gran cantidad de carbono) y sistemas de pequeña irrigación
  • Aumentar el ingreso y el nivel de vida familiar y reducir la presión sobre los terrenos agrícolas, mediante la ampliación de las oportunidades de empleo e ingreso que se generan en la producción primaria: aserraderos, carpinterías con jóvenes, mujeres y hombres, manejo de no maderables, fauna y la transformación de sus derivados
  • Aumentar la eficiencia de las estufas del leña
  • Mejorar el manejo de las áreas de producción de leña
  • Capacitación técnica y administrativa de los (las) jóvenes para el manejo de las empresas comunales.

[1] Por ejemplo, Estados Unidos emite 54,470 millones de toneladas, lo que equivale a 23.9 % del total mundial, y México emite 346 millones de toneladas, lo que equivale a 1.5 % del total.

[2] Tomado de J. Carabias y F. Tudela, “El cambio climático: el problema ambiental del próximo siglo, en Desarrollo Sustentable, año 1, vol. 1, núm. 9, Semarnap, México, 1999.

[3] En un proyecto de esta envergadura participan en México las organizaciones campesinas, la Secretaría de Medio Ambiente Recursos Naturales y Pesca, a través del Instituto Nacional de Ecología, como parte de diseño y evaluación del proyecto, organizaciones no gubernamentales y centros de investigación como ecosur y el Colegio de Posgraduados de Chapingo, que han experimentado distintas metodologías para calcular el incremento en la captura de carbono.

[4] USIJI Project Proposal; Community Silviculture in the Sierra Norte of Oaxaca, semarnap, Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible, Unión de Comunidades Zapoteca-Chinantecas, Union de Comunidades Ixtlán-Etla, 1997.

 
     
 
 


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