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El agua y el suelo son recursos
finitos y críticos, no sólo por su mala
distribución a nivel mundial. Millones de toneladas
de suelo se están perdiendo anualmente en cada
país. Esta pérdida es difícil
de reparar y en específico las comunidades
indígenas reducen dramáticamente su
capital natural. Una de las causas de la pérdida
es el arrastre del suelo descubierto por el agua.
Por ello, el buen manejo del suelo está ligado
a la mejor captación de agua desde las cuencas
altas. Cada vez hay más demanda y menos disponibilidad
por habitante de este recurso. En sólo los
últimos 25 años bajó la disponibilidad
mundial del agua potable en un 30% por habitante.[1]
Las disputas por el agua se intensificarán
en varias partes del mundo y en América Latina.
Para abastecer de agua a las grandes ciudades, o bien
a los distritos de riego, se realiza un proceso de
sobreexplotación del agua fósil mediante
pozos profundos con la consiguiente salinización
de los mantos freáticos, la expropiación
de los manantiales, la desecación de lagunas
y la sobreexplotación de las corrientes de
agua superficiales. Asimismo, las prácticas
agrícolas emanadas de la revolución
verde han contaminado los mantos freáticos,
las lagunas y los ríos. Las aguas servidas
se siguen entregando a los arroyos, ríos, lagunas
y el mar con un alto índice de contaminación
biológica (por ejemplo, bacterias nocivas)
y química.
Las comunidades, junto con las administraciones
regionales y nacionales del agua, deben lograr relaciones
justas y equitativas entre los “productores
de agua y los consumidores” de tal manera que
a los campesinos no les sean expropiadas sus lagunas,
sus ríos y manantiales para abastecer a las
grandes ciudades. Si las comunidades están
haciendo labores de cuidado en sus cuencas, reforestando
y aplicando un manejo adecuado de sus suelos y bosques,
las ciudades y distritos de riego, los usufructuarios
deberían remunerar estos servicios ambientales.
Ecofuentes de trabajo
a partir del manejo del agua. En las
comunidades, forestal indígena, mancomunadas
de Oaxaca, un grupo de mujeres comuneras se organizó
para vender agua purificada embotellada, misma
que proviene de sus manantiales. Se trata de la
generación de ecoempleos y representa un
ingreso adicional al de la madera y no maderables
(hongos) de sus bosques. Igualmente, algunas cabeceras
municipales del estado de Veracruz están
interesadas en pagar por el agua que se captura
en los bosques y selvas bien manejados por comunidades
en las montañas aledañas, por ejemplo
Coatepec, Veracruz.
[1] M. S. Swaminatan, Science in
Response to Basic Human Needs, World Conference on
Science, UNESCO, Chair in Ecotechnology, Chennai,
India, 1999.
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