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Las cuencas específicamente son la base para el ecodesarrollo de una comunidad y región. Para mantener una cuenca sana se debe tener en cuenta la conservación y uso sustentable de los bosques y de la biodiversidad, mantener los suelos vivos mediante terraceo y el uso de materia orgánica. También debe considerarse mantener el agua lo más arriba posible de la cuenca, de tal manera que el agua se infiltre lentamente. Es decir, el objetivo del manejo del agua y de la cuenca es evitar que se erosione el suelo, se pierda la vegetación original y se vacíe rápidamente. El buen manejo de una cuenca debe lograr el abastecimiento de agua durante todo el año; así, los manantiales estarán vivos la mayor parte del año, dependiendo de la zona climática. Al hacer el ordenamiento territorial hay que considerar las áreas de recarga de las cuencas.
Figura 34. Curvas a nivel en Oxtoyahualco, Gro. GEA
Figura 35. Dimensión espacial en la planificación de cuencas hidrográficas
Analicemos la imagen 35 ¿Cuál es la parte de la cuenca que abarca una comunidad campesina y/o indígena? ¿Cómo hay que organizarse para hacer propuestas y acciones para el buen manejo de la cuenca?
La gestión de cuenca comienza desde la parcela o finca en una ladera:
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Debe haber un manejo adecuado del suelo cultivado en la agricultura, agroforestería y en lo forestal
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El ordenamiento territorial le asignará a cada unidad ambiental de aprovechamiento la mejor forma de proteger el suelo, la vegetación y el agua.
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Cuando haya periodos de sequía
alternados por tiempo de lluvias es deseable que
en cada parcela se retenga el agua y se rellenen
las pequeñas represas con agua. Cada terraza,
por ejemplo, puede estar rematada con una zanja
a nivel y almacenar el agua para humedecer la
siguiente terraza. Las zanjas de las terrazas
pueden rellenar pequeñas represas o “jagüeyes”
(véase Cartilla 5). El agua puede usarse
durante la temporada seca del año. Asimismo,
los suelos nivelados, con mucha materia orgánica
y mantillos de hojas secas, retienen 50% más
de humedad que aquellos suelos expuestos al sol,
al golpeteo directo de la lluvia y terrenos con
inclinación. También las áreas
forestadas retienen e infiltran el agua y la sueltan
poco a poco. La infiltración que más
abajo redundará en manantiales permanentes
comienza con el área forestada. Si es zona
de niebla y sin que haya una precipitación
abierta, un árbol como el pino (Pinus montezumae)
de 15 metros de altura y 10 metros de diámetro
máximo de la copa puede precipitar hasta
57.8 litros de agua por hora. [1]

Figura 36. Rompe olas jagüey bordo de Santa Cruz. GEA
En un área deforestada los escurrimientos de agua que resultan de una tormenta o lluvias prolongadas, adquieren gran velocidad, arrastran los suelos y crean catástrofes como deslizamiento de laderas e inundaciones más abajo. Pero durante el tiempo de sequía no hay agua disponible. La vida de la cuenca, por lo tanto, depende de cómo las comunidades se organicen para manejarla.

Figura 37. Reforestación Trapiche Viejo. GEA
A veces los interesados inmediatos de
que haya una buena captura de agua en las microcuencas,
y subcuencas son las ciudades que se encuentran más
abajo. En varios países se están proponiendo
nuevas relaciones entre los usuarios de abajo y los
cosechadores de agua de la cuenca de arriba. En esta
nueva relación los usuarios pagan por este
servicio ambiental, que proporcionan los cosechadores
de agua mediante sus comités de cuenca. Pero
mientras se da esta negociación benéfica
para ambas partes, el beneficio inmediato, con un
buen manejo de microcuencas por parte de las comunidades,
es para las familias mismas.
[1] Víctor Barradas, “Capacidad
de captación de agua a partir de la niebla”,
en Pinus montezumae Lambert, de la región de
las grandes montañas del estado de Veracruz,
en E. Boege, H. García y P. Gerez, Alternativas
al manejo de laderas, Veracruz, Semarnap y Fundación
Friedrich Ebert, México, 1995.
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