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En el ámbito mundial, cada vez más pueblos y comunidades indígenas y rurales están reapropiándose de los bosques y selvas del planeta. Según datos del Banco Mundial, y de organizaciones de la sociedad civil, en 1980 únicamente 10 por ciento de los bosques y selva estaban bajo propiedad, control o administración comunitaria. Dos décadas después esta relación había aumentado a 25 por ciento. Se espera que para el año 2050 la mitad de estas áreas esté en manos de comunidades.
Por otro lado, en la Conferencia de Durban y el Congreso Forestal Mundial fue un tema emergente el hecho de que las comunidades adquieren relevancia crucial en el manejo y protección de estas áreas. En el artículo 8 del Convenio sobre la Diversidad Biológica se establece la necesidad de la conservación in situ como una prioridad, y en el apartado 8j se específica el imperativo de que los gobiernos rescaten, valoren y promuevan los conocimientos, prácticas e innovaciones que utilizan los pueblos indígenas del mundo para la conservación de la biodiversidad.
Otro aspecto digno de tomarse en cuenta son las instituciones locales o comunitarias que regulan el acceso, uso y control de los recursos naturales, que los pueblos y comunidades indígenas ejercen con fundamento en la herencia cultural que sostiene la vida de estos pueblos y comunidades.
La lucha por la libre determinación y autonomía de los pueblos y comunidades ha sido un esfuerzo constante con los cinco continentes y parte de este esfuerzo es la conservación de la Madre Tierra. Recientemente América latina ha protagonizado una de las fases más progresistas de esta lucha, donde a la par de levantamientos sociales y de reivindicación se están forjando modelos de conservación y aprovechamiento sustentable de la biodiversidad.
Sea el presente libro un tributo a nuestro apreciado coautor Porfirio Encino, quien durante su corta existencia forjó una vida al servicio de su gente, sus raíces, y cuya esencia está grabada con letras de oro y ámbar entre los grandes luchadores sociales indígenas. Su existencia ha dejado un importante legado en la lucha constante por la conservación de territorios en manos de sus legítimos propietarios.
En paz descanses hermano, amigo, maestro que en este tu sueño de vivir un espacio armónico entre la naturales y quienes dependen directamente de ella, la vida se fue en un vertiginoso suspiro. Pero tu sueño vive en el corazón de muchos chiapanecos y no chiapanecos que compartimos ese sueño de un Chiapas y un México diferente.
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